Para usarse con Proclama de Ayuno: 22 de Septiembre, 2017
Material Adicional para Cuarto Clamor: “Guíame”
Del libro: La Educación Cristiana, pág. 471
Capítulo 65—La educación más esencial para los obreros evangélicos
Hay obreros cristianos que no recibieron educación en ningún colegio, porque les era imposible conseguirla; pero Dios ha dado evidencia de que los ha escogido y ordenado, para que vayan y trabajen en su viña. Los ha hechos eficaces colaboradores suyos. Tienen un espíritu susceptible de ser enseñados; sienten que dependen de Dios; y el Espíritu Santo está con ellos para ayudarles en sus flaquezas. Vivifica y vigoriza la mente, dirige los pensamientos y ayuda eficazmente en la presentación de la verdad. {EC 471.1}
Cuando el obrero se halla delante de la gente para impartir las palabras de vida, se oye en su voz el eco de la voz de Cristo. Es evidente que anda con Dios, que ha estado con Jesús y ha aprendido de él. Ha introducido la verdad en el santuario íntimo del alma; es para él una realidad viviente; y presenta la verdad con demostración del Espíritu y poder. La gente oye la grata proclama; Dios habla a su corazón por el hombre consagrado a su servicio. {EC 471.2}
Cuando el obrero ensalza a Jesús por el Espíritu, se vuelve realmente elocuente. Es fervoroso y sincero, y muy amado de aquellos por quienes trabaja. ¡Qué pecado recaería sobre cualquiera que escuchase a un hombre tal simplemente para criticarle, tomar nota de sus faltas de gramática o su pronunciación incorrecta, y ridiculizar esas faltas! … {EC 471.3}
El orador que no ha tenido educación cabal puede a veces caer en errores de gramática o de pronunciación; tal vez no emplee las expresiones más elocuentes, o las imágenes más bellas; pero si se ha alimentado él mismo del pan de vida, si bebió de la fuente de vida, puede alimentar a las almas hambrientas, y dar agua de vida al sediento. Sus defectos serán perdonados y olvidados. Sus oyentes no sentirán cansancio ni disgusto, sino que agradecerán a Dios por el mensaje de gracia a ellos enviado por su siervo. {EC 471.4}
Del libro: Cristo en su Santuario, pág. 69
Ninguna verdad se enseña en la Biblia con mayor claridad que aquella de que Dios, por medio de su Santo Espíritu, dirige especialmente a sus siervos en la Tierra en los grandes movimientos en pro del adelanto de la obra de salvación. Los hombres son, en manos de Dios, instrumentos de los que él se vale para realizar sus fines de gracia y misericordia. Cada cual tiene su papel que desempeñar; a cada cual le ha sido concedida cierta medida de luz, adaptada a las necesidades de su tiempo y suficiente para permitirle cumplir la obra que Dios le asignó. Pero ningún hombre, por muy honrado del Cielo, alcanzó jamás a entender plenamente el gran plan de la redención, ni siquiera a apreciar perfectamente el propósito divino en la obra para su propia época. Los hombres no entienden por completo lo que Dios quisiera cumplir por medio de la obra que les da para hacer; no comprenden, en todo su alcance, el mensaje que proclaman en su nombre… {CES 69.2}
Del Libro Ministerio Pastoral, pág. 215
Si el ministro está entregado a Dios, el Espíritu Santo habla a través de cada uno de sus discursos y los torna efectivos—Es la eficiencia impartida por el Espíritu Santo la que hace eficaz el ministerio de la palabra. Cuando Cristo habla por medio del predicador, el Espíritu Santo prepara los corazones de los oyentes para recibir la palabra. El Espíritu Santo no es un siervo, sino un poder que dirige. Hace resplandecer la verdad en la mente, y habla en todo discurso cuando el predicador se entrega a la operación divina. El Espíritu es lo que rodea al alma de una atmósfera santa, y habla a los impenitentes palabras de amonestación, para enseñarles a Aquel que quita el pecado del mundo.—Obreros Evangélicos, 162, 163. {MPa 215.1}
Libro Mensajes Selectos, Tomo 3, págs. 344-344
Consejeros inseguros
Los intereses de la causa de Dios no han de encomendarse a hombres que no tienen relación con el cielo. Los que son desleales a Dios no pueden ser consejeros seguros. No tienen la sabiduría que viene de arriba. No debe confiarse en ellos para que pronuncien juicio en asuntos relacionados con la causa de Dios, asuntos de los cuales dependen tan grandes resultados. Si seguimos su juicio, seremos puestos, sin lugar a dudas, en situaciones muy difíciles, y retardaremos la causa de Dios. {3MS 343.3}
Los que no están relacionados con Dios lo están con el enemigo de Dios, y aunque pueden ser honestos en el consejo que dan, ellos mismos pueden estar cegados y engañados. Satanás pone sugestiones en sus mentes y palabras en sus bocas, que son enteramente contrarias a la mente y la voluntad de Dios. Así trabaja por medio de ellos para inducirnos a seguir senderos falsos. El nos desviará, nos enredará y nos arruinará si puede. {3MS 343.4}
Antiguamente era un gran pecado para los hijos de Dios entregarse a los enemigos, y presentar delante de ellos sus perplejidades o su prosperidad. Bajo la economía antigua era un pecado ofrecer sacrificio sobre un altar falso. Era un pecado ofrecer incienso encendido con un fuego extraño. {3MS 344.1}
Estamos en peligro de mezclar lo sagrado con lo común. En nuestros esfuerzos debe usarse el fuego santo de Dios. El verdadero altar es Cristo; el verdadero fuego es el Espíritu Santo; éste es nuestra inspiración. Un hombre es un consejero sabio sólo cuando el Espíritu Santo lo guía y lo dirige. Si abandonamos a Dios y a sus escogidos para ir a altares extraños a buscar respuestas, se nos responderá según nuestras obras. {3MS 344.2}
Manifestemos perfecta confianza en nuestro Dirigente. Busquemos sabiduría de la Fuente de sabiduría. En toda situación que cause perplejidad o prueba, que los hijos de Dios se pongan de acuerdo en cuanto al asunto que desean, y entonces únanse para ofrecer una oración a Dios, y perseveren pidiendo la ayuda que necesitan. Debemos reconocer a Dios en todos nuestros consejos, y cuando le pedimos algo, creamos precisamente la bendición solicitada.—Manuscrito 196, 1898. {3MS 344.3}
Del libro Mensajes Selectos, Tomo 2, pág. 141
Colaboración con los instrumentos divinos
El pueblo que Dios tiene en el mundo es el instrumento humano que debe colaborar con las influencias divinas para la salvación de los hombres. Cristo dice a las almas que se han unido a él: “Sois uno conmigo, ‘colaboradores de Dios”’. 1 Corintios 3:9. Dios es el gran Actor invisible, y el hombre es el humilde instrumento visible, y sólo en colaboración con las inteligencias celestiales puede éste hacer algo bueno. Únicamente cuando la mente es esclarecida por el Espíritu Santo los hombres pueden discernir la influencia divina. Por eso Satanás procura constantemente apartar las mentes de lo divino para dirigirlas hacia lo humano, para que el hombre no coopere con el cielo. Dirige la atención hacia las invenciones humanas, induce al hombre a confiar en el hombre, a apoyarse en la carne, para que su fe no se afirme en Dios. {2MS 140.5}
“La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?” Mateo 6:22, 23. {2MS 141.1}
Y si nuestra luz se convierte en tinieblas, ¿cómo seremos una luz para el mundo? {2MS 141.2}
La tarea de nuestra salvación personal también depende de nuestra colaboración con los instrumentos divinos. Dios nos ha impartido facultades morales y susceptibilidades religiosas. Ha dado a su Hijo como propiciación por nuestros pecados, para que nos reconciliáramos con Dios. Jesús vivió una vida de abnegación y sacrificio, para que pudiésemos seguir su ejemplo. Ha dado el Espíritu Santo para que esté en lugar de Cristo en todo sitio donde se requiera ayuda. Utiliza las inteligencias celestiales para proporcionar poder divino que el hombre pueda combinar con sus esfuerzos. Pero debemos aceptar el don de Dios, debemos arrepentirnos y creer en Cristo. Debemos velar, orar y obedecer los requerimientos de Dios. Debemos practicar la abnegación y el sacrificio personal por amor de Cristo. Debemos crecer en Cristo estando constantemente relacionados con él. Cualquier cosa que aleje la mente de Dios y la haga confiar en el hombre, o que la haga conformarse a la norma humana, nos impedirá colaborar con Dios en la obra de nuestra propia salvación. Esta es la razón por la cual el Señor prohibió que su pueblo formara alianza con los paganos, “para que no sean tropezadero en medio de ti”. Éxodo 34:12. Dijo: “Porque desviará a tu hijo de en pos de mí”. Deuteronomio 7:4. Este mismo principio se aplica a la asociación de los cristianos con los irreligiosos. {2MS 141.3}

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