Sin la misericordia divina la vida sería un insoportable tormento. Vivir sin esperanza es existir. Conocer a Dios y gustar su amor y misericordia nos da razón para seguir adelante a pesar de los desafíos. “Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán”, (Salmo 63:3), declaró el salmista, bajo la inspiración del Espíritu Santo. ¿Dónde estaríamos sin tal misericordia?
Alabemos a Dios, no solamente en cánticos, sino sometiéndonos a su cuidado y a la dirección del Espíritu Santo. Permitamos que toda nuestra vida sea sin igual alabanza a aquel que nos rodea de su gracia y misericordia. Alabemos a Dios con nuestra actitud, con nuestros pensamientos, con nuestros hechos y conducta. Alabémosle con cánticos respaldados por una vida que testifica sin palabras de su obra y misericordia en nuestro favor. Porque solo así aceptará Dios nuestra alabanza. Amén.
©Rhodi Alers de López 2018

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