Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho (Santiago 5:16).
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Hay una obra de gran importancia que no puede descuidarse sin consecuencias eternas: Ayudar a restaurar la armonía y la paz en la familia.
Necesitamos ser humildes y reconocer que tú y yo nos equivocamos en múltiples ocasiones. Cuando padres y madres tienen el valor para reconocer sus faltas frente a sus hijos; y con sinceridad piden perdón a Dios y a su familia, se abre la puerta para la obra del Espíritu Santo en el corazón de cada miembro de la familia. Ellos esperan ver en sus padres que la obra de Cristo es real en sus vidas.
Cada falta no confesada es una barrera para su relación con Cristo.
Si más padres y madres tuvieran el valor de humillarse ante Dios y reconocer sus errores en el trato con sus hijos, veríamos más hijos pródigos regresar a la casa del Padre.
Si no se ha hecho antes, el viernes, antes de la puesta del sol, debemos arreglar cualquier diferencia o malentendido.
¿Qué debo confesar ante mis hijos y familia? Toda actitud, hecho u omisión que afecte negativamente su vida. Considera las siguientes preguntas.
- ¿Dí mal ejemplo en palabras, acciones, o actitudes?
- ¿Juzgué incorrectamente? ¿Creí a sus palabras?
- ¿Me faltó valor para hablar en el momento apropiado o hablé en el momento inapropiado?
- ¿Discipliné o castigué injustamente?
- ¿Dije palabras que no edificaron su vida?
- ¿En algún momento rechacé su afecto?
- ¿Actué con favoritismo?
Pero solo el Espíritu Santo puede revelar la condición exacta de nuestro corazón y qué necesitamos confesar ante nuestros hijos y familia. Pidamos a Dios que nos revele lo que necesitamos confesarles. El reconocimiento de nuestra culpa debe llevarnos a pedir perdón a Dios y a las personas afectadas. Dios nos da valor para confesarlo y también la capacidad de pedir perdón en oración con aquellos que lastimamos. El cielo se regocija con cada oportunidad de tocar corazones con la gracia perdonadora y restauradora de Dios. Permitamos al Espíritu Santo obrar grandes victorias en nuestra familia a través de la obediencia al consejo divino.
Mi oración: Querido Padre celestial, gracias por la invitación que me haces de reconocer mis faltas ante tí y ante aquellos a quienes he lastimado. Gracias por la gracia que me concedes para pedir tu perdón y su perdón. Gracias porque tú sanas las heridas y porque tú obras grandes victorias en respuesta a la oración. En el nombre de Jesús, Amén.
COMPARTE ESTA PROMESA, QUE SEA DE BENDICIÓN EN TU FAMILIA Y MUCHAS FAMILIAS.
Esto no es algo casual. Cada semana apartamos este día para orar y ayunar en forma especial por este propósito.
¿Quién? Tú estás invitado. Únete en ayuno y oración por nuestros hijos y familia.
¿Cuándo? Cada viernes, de 1:00 pm hasta sábado, 1:00 pm. O sea, después del almuerzo del viernes, comenzamos el ayuno: evitamos la cena del viernes y el desayuno del sábado. Terminamos a la 1:00 pm el sábado, (a tiempo para disfrutar el almuerzo en familia).
¿Cómo hacerlo?
- Repasa en silencio la promesa para hoy.
- Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
- Si deseas, escribe la promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.
- Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que concederá a tu familia.
¿Qué más puedo hacer? Comparte esta promesa y esta invitación con otros que desean ver a sus familias en el reino de los cielos. Hagamos un cerco de oración alrededor de nuestras familias. Humillemos nuestras vidas en ferviente oración y ayuno. Dios responderá. Veremos su victoria.
Recuerda: Victoria se escribe con oración.
Dios te bendiga y conceda los pedidos de tu corazón conforme a su promesa y gran misericordia.
©Rhodi Alers de López
COMPARTE y COMENTA: ¿Cómo está Dios obrando en respuesta a tu oración? Nos encantaría saber de ti.


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