A todo el que siente el cansancio que produce el dolor y la ansiedad, a todo el que desea algo mejor para su vida, a todo el que reconoce su necesidad, Dios le está hablando. Con amor pone en su corazón ese deseo que solo su gracia puede suplir.
Nos invita:
“Venid a mí todos los que estáis trabajado y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).
Porque Dios conoce el fin desde el principio, Cristo proveyó un espacio en el tiempo, separó un día especial cada semana, para que cada ser humano sea restaurado. En sábado, a través de la comunión ininterrumpida con el Creador recibimos la bendición que trae paz y descanso, la bendición de su presencia que sana, escuchamos su voz que reanima, y disfrutamos su amor que restaura.
¿Aceptarás su invitación?
No importa qué o quién causó tu herida, no importa cuán profunda es tu herida, no importa cuánto tiempo llevas sufriendo, hoy, Cristo te invita a su presencia. ¿Le darás la oportunidad de obrar en tu vida la sanidad y el descanso que solo Él puede dar?
A Dios le importa.
Acepta su invitación, lleva tus cargas, ansiedades y todo lo que te causa dolor o te lastima. Entrégale tus luchas y tu dolor. Permite que Cristo pase su bálsamo de sanidad sobre tu vida y recibe su paz.
Dios te bendiga y restaure. Feliz sábado.

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