“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).
En estos días en que se cierra el año, no sin antes celebrar Navidad, se oyen campanas y villancicos cantar de dicha y felicidad. Si tú tal vez te sintieras triste porque tu sueño aun no es realidad: de ver los tuyos adorar al Niño que nació esa primera Navidad, no temas ni te detengas en tu propósito de implorar por ellos y tantos otros que aun no cantan que Jesucristo es su preciosa Navidad.
El celeste anuncio y divina orden que diera al ángel mucho tiempo ha es para esta preciosa hora una promesa de gran verdad. Jesús no es más un pequeño niño. Es el Salvador de la humanidad. Si tú lo crees implora al Padre que en su nombre dé la libertad a toda vida por quien se ora por un encuentro sin más tardar, y que decida que más no quiere vivir sin Cristo y su plena paz.
Nuestra oración:
Oh, Padre celestial,
Humildemente me postro en tu presencia agradeciendo por Cristo y su salvación: Suplico tu gracia e intervención en las vidas de mis amados y de tantos otros que necesitan el encuentro a los pies de la cruz. Gracias por ser el más fiel amigo y la fortaleza que a mí me das mientras prosigo en esta senda de ayuno y oración por los que has puesto en mi corazón. Gracias porque Jesús salvará a mis amados de sus pecados. Gracias, gracias, gracias. En el nombre de Jesús, Amén.
NOTA: Amigo, amiga, este ayuno lo comenzamos después del almuerzo de cada viernes. Eliminamos la cena del viernes y desayuno del sábado. Concluimos a la 1:00 pm el sábado, para poder almorzar con nuestras familias.
© Rhodi Alers de López 2018


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