El 24 de enero del 2018 es una fecha que, como nación, no debemos olvidar; y no por una loable razón. Debemos recordarla por la implacable sentencia que la juez Rosemarie Aquilina, en Lansing, Michigan, dictó al más prolífico depredador sexual, Larry Nassar: de 45 a 175 años de prisión.
El ex médico de la selección femenina olímpica estadounidense está inculpado de abuso sexual a más de 160 niñas y jovencitas, el escándalo de mayor escala de su índole en el deporte.
Un horrendo crimen
Por décadas este reconocido especialista se valió de su posición de persona de confianza para tener acceso a niñas y adolescentes. Hizo de ellas un santuario a su depravación, abusando de ellas, con la excusa de aplicarles lo que cínicamente denominó “tratamiento médico”; incluso, a veces, con sus progenitores bajo el mismo techo.
El Código del Silencio
En la Universidad Estatal de Michigan y otras renombradas instituciones perpetró sus crímenes impunemente el empedernido violador. En 1994 se reportaron incidentes que quedaron sin investigación escrupulosa que detuviera su perversidad. ¿Cómo logró continuar su plan infernal hasta Septiembre de 2016? ¿Será posible que nadie hubiera notado algo inusual? ¿Tiene algún cómplice? ¿Por qué se le permitió libre acceso a sus víctimas para continuar fracturando vidas?
La Cultura del Silencio
No debe sorprendernos… Desde antaño los poderosos encubren sus crímenes. El abuso se calla a costa del sufriente. El pecado del silencio aumenta el dolor de cada víctima. Muchos son los crímenes que proliferan así. El abuso sexual florece en el silencio y toma auge en la irresponsabilidad y la indiferencia de aquellos que están encargados de velar por el bien de los demás. Sucede a luz del día lo mismo que bajo el manto de la oscuridad. Ni las instituciones más renombradas ni las organizaciones religiosas están exentas de ese flagelo de la sociedad. Líderes, dirigentes y compañeros de jornada podrían estar envueltos en “secretos” tan sombríos como el de Nasser. Ninguna agencia, ni lugar de empleo, ninguna institución educativa, ningún centro cívico, organización religiosa ni grupo de creyentes estará seguro mientras haya entre ellos un depredador sexual resguardado y empoderado por el liderazgo. Peor aún, ningún niño o niña estará protegido mientras se continúe cultivando el pecado del silencio.
A Dios Le Importa
A Dios le importa el dolor de cada víctima. Le importa cada criatura hecha añicos por el silencio de quienes supieron algo y callaron. Le importa el sufrimiento que pudo evitarse. A Dios le importan los sueños esfumados y la angustia que un crimen tal acarrea a su víctima. Le importa cada vida cegada por la incapacidad de sobrellevar la carga de vergüenza y devastación. Dios, el juez justo, llamará a cuenta a cada uno que pudo hacer algo para detener el crimen y no lo hizo.
Tú puedes hacer una diferencia positiva:
1. PREGUNTA: Es hora de preguntarnos individual y colectivamente: “¿Soy yo culpable del pecado del silencio? ¿De qué forma puedo estar ayudando, empoderando y encubriendo la maldad?”
2. ¡NO CALLES, REPORTA, ROMPE EL SILENCIO!: Si ves, escuchas o notas algo sospechoso, habla. Independientemente de quién o quiénes estén implicados, no calles. Recuerda las palabras de Dios a Pablo: “No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal,…” (Hechos 18:9, 10). Reporta a las autoridades hasta que te escuchen.
“Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días” (Salmos 7:11).
Sé tú la voz al indefenso quien no tiene voz. No seas hallado tú culpable ni partícipe del pecado del silencio.
COMENTA: ¿Has reportado algún caso al liderazgo de alguna empresa, organización o institución? ¿Te prestaron atención?