Para algunos es fácil decidir, en otros casos, no tanto.
Hay un regalo de carácter urgente y de gran relevancia que está casi extinto en nuestro medio; y por cuya falta muchos mueren en gran agonía, y otros tantos gimen suplicando por una dosis del mismo. Se requiere en los hogares, en el trabajo, en el vecindario y la comunidad. Y no es menos urgente en la familia de la fe. Carece de costo monetario, pero tiene incalculable valor; y es de carácter eterno.
¿Dónde consigo este regalo?
No se consigue en los estantes de los comercios, pues nace en el corazón de quien reconoce su propia fragilidad y gran necesidad del mismo. Ese regalo lo trajo Cristo Jesús aquella noche de la primera Navidad en Belén. Vivió repartiendo su regalo y lo firmó con gruesas gotas carmesí en el Calvario. Ese regalo preciado y casi extinto se denomina “perdón”. Su almacén está abierto 24 horas al día, 7 días a la semana.
¿Quién de nosotros no lo necesita? Sin duda hay alguien cuya existencia será más llevadera si le ofreces el regalo de tu perdón. Y te aseguro que tú también te asegurarás paz mental, física y espiritual al regalar perdón a tu ofensor, aunque el tal no lo haya solicitado, e independientemente de si lo acepta o no. Admito que no siempre es fácil perdonar. ¡Pero testifico que sí es totalmente posible! Y Cristo lo demostró en la cruz.
¿Alguien te ofendió o lastimó con actitudes, hechos o palabras? Únicamente al reconocer lo mucho que Cristo a mí me perdonó se me hace posible perdonar a mi más cruel ofensor. Cristo nos dio perdón inmerecido. Sigamos su ejemplo y hagamos de ésta una verdadera Navidad, ofreciendo perdón a cuantos, de una u otra forma, nos lastimaron.
¿Y… Si todos regaláramos perdón?
Lo cierto es que todos los adornos, los cantos, los dramas, las fiestas y regalos, y aún nuestros servicios de adoración y nuestras ofrendas a Dios carecen de significado y propósito; peor aún: le causan repulsión, si no estamos dispuestos a regalar perdón así como deseamos que Cristo perdone nuestras ofensas (ver Amós 5:21-22, Isaías 1: 13-14). Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas-Marcos 11:26. ¿Te imaginas una familia donde todos regalen perdón? ¿Te imaginas el cuadro de amor en la iglesia donde cada miembro tome la iniciativa y regale perdón a sus hermanos? Estoy segura que ése es el anhelo de Cristo, por cuanto nuestra falta de perdón a los demás limita su propia obra de perdón en nuestro favor.
Feliz Navidad
Demos a Cristo la alegría de regalar perdón a nuestro ofensor. Grande será su gozo al ver que, verdaderamente, Jesús ha nacido en nuestro corazón. Resonarán las notas del coro angélico cantando: “¡Al mundo paz, nació Jesús!… ¡El corazón ya tiene luz, y paz su santa grey!” Y no hay nada mejor que saborear la libertad y dulce victoria que trae el perdón al corazón que muestra humildad y está dispuesto a perdonar, preparándose así para recibir la plenitud del Espíritu Santo. Feliz Navidad a ti y los tuyos.
Tu amiga y hermana, Rhodi




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