Un padre trajo su hijo endemoniado a Cristo, y al no verlo, le pidió a los discípulos ayuda, pero estos, nada pudieron hacer por él. Entonces llegó Cristo; y el padre, tras contar la grave situación de su hijo, exclamó “…pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos” (Marcos 9:22). “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23).
Nuestros fracasos no se deben a la falta de poder de Dios, sino a nuestra propia falta de fe, que nos lleva a obrar por nuestra propia cuenta e impide la bendición del cielo. No hay nada que Dios no esté dispuesto a hacer para que obtengamos la victoria. Con Cristo, lo puso todo a nuestra disposición.
La fe es fruto del Espíritu en nuestra vida. Hagamos de la Palabra de Dios nuestro mayor tesoro. Como el padre suplicante, pidamos al Señor: “…Creo; ayuda mi incredulidad.” (Ver Marcos 9:24).
Entonces, veremos la respuesta a nuestras súplicas. Si tan solo tenemos una fe que es capaz de someterse a Dios cueste lo que cueste, nada nos será imposible, pues la fe hace posible lo imposible.

©Rhodi Alers de López

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