“Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío,para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:16-18).
Pablo relató a Agripa su encuentro con Cristo mientras iba rumbo a Damasco. Él y los que con él estaban habían caído en tierra cuando a mediodía vio una luz del cielo que sobrepasa el resplandor del sol, la cual le rodeó a él y a los que con él estaban. Éstas son sus palabras:
14 Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 15 Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.
Una orden divina
Entonces, el Señor le dio una orden, que hoy nos extiende a ti y a mí:
“Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:16-18).
Cada uno que ha tenido un encuentro con Cristo es llamado a testificar de ese encuentro con el Salvador. ¿Cómo fue ese encuentro? ¿Cómo estaba tu vida? ¿Qué cadenas te ataban? ¿Qué actitudes equivocadas te mostró el Salvador? ¿Qué te dijo? ¿Cómo ha cambiado tu vida? ¿De qué te ha librado Dios?
¡Levántate, y ponte sobre tus pies!
Nuestra misión es compartir los hermosos capítulos de lo que Dios ha hecho en nosotros y por nosotros personalmente. Nuestra familia necesita conocer la verdad de lo que Cristo hizo y está haciendo en nuestra vida. No temamos contarle cuán equivocados estábamos o cuán bajo habíamos caído.
Cuando íbamos rumbo a otro camino para destrucción, Cristo sacó tiempo para alumbrarnos, llamarnos por nombre, hablarnos y darnos una misión.
El secreto del éxito
Ahí está el secreto. Nuestro encuentro con Cristo no puede permanecer en secreto. Seamos vulnerables. Dejemos a los demás saber que también nos equivocamos, que también dimos pasos que necesitaron corrección. ¡Sí! Tú y yo, estábamos perdidos y Él nos halló. Nos detuvo, nos hizo caer del caballo de ideas equivocadas, de propósitos torcidos, de motivos dudosos.
No se trata de ti ni de mí
Cristo llama. Cristo corrige. Cristo transforma. Cristo guía. Cristo da sentido a nuestra vida. Él puso en nosotros el amor por nuestra familia y aquellos que están a nuestro alrededor. Él les ama más. Él nos llamó a testificar de lo que ÉL HIZO y lo que aun está haciendo en nosotros, por nosotros, a través de nosotros y a pesar de nosotros mismos.
¿Dice mi vida que tuve un encuentro con Cristo?
Mi oración: Padre celestial, me faltan palabras para agradecer tu amor por mí. Gracias por sacar tiempo para mostrarme cuánto necesito tu gracia en mi vida. Gracias por amarme, llamarme, darme una misión y capacitarme para ello. Ayúdame a seguir tu plan y tu instrucción de testificar. Permite que mi vida sea un testimonio de tu poder transformador. Concédeme compartir con los míos y los demás lo que tú has hecho y estás haciendo. Gracias por lo que has hecho y también por lo que harás en mí y en ellos en respuesta a mi obediencia a tu mandato. En el nombre de Jesús, Amén.
COMPARTE ESTA PROMESA, QUE SEA DE BENDICIÓN EN TU FAMILIA Y MUCHAS FAMILIAS.
Esto no es algo casual. Cada semana apartamos este día para orar y ayunar en forma especial por este propósito.
¿Quién? Tú estás invitado. Únete en ayuno y oración por nuestros hijos y familia.
¿Cuándo? Cada viernes, de 1:00 pm hasta sábado, 1:00 pm. O sea, después del almuerzo del viernes, comenzamos el ayuno: evitamos la cena del viernes y el desayuno del sábado. Terminamos a la 1:00 pm el sábado, (a tiempo para disfrutar el almuerzo en familia).
¿Cómo hacerlo?
- Repasa en silencio la promesa para hoy.
- Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
- Si deseas, escribe la promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.
- Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que concederá a tu familia.
¿Qué más puedo hacer? Comparte esta promesa y esta invitación con otros que desean ver a sus familias en el reino de los cielos.


Amén! Alabado sea Dios por su amor!
Gloria al Señor por el llamado que nos hace y la oportunidad de ejercerlo.