Una inmensa multitud alegre y llena de grandes expectativas respecto a Cristo seguía al Maestro cuando salió de Capernaum.
Pronto se encontraron con una multitud lóbrega y apesadumbrada. No había sino dolor, angustia y desolación en el rostro de una pobre mujer viuda, que paso a paso, se acercaba a la que sería la tumba de su único hijo.
La compañía de la multitud no le proveía el consuelo que su vida necesitaba. Lo más caro que tenía yacía inerte. Con la muerte de su único hijo fallecieron sus más caras esperanzas.
NO LLORES
La voz del dador de la vida interrumpió decidida y atrevidamente los lamentos. Le pidió dejar de llorar a la desconsolada mujer. Enseguida se dirigió al cuerpo inerte y le habló. En ese momento volvió a la vida el joven muerto.
A ti madre, Cristo te indica hoy, “No llores”. Lleva tu pedido al dador de la vida con la seguridad de que Él tiene hoy el mismo poder para levantar de la muerte espiritual a tus hijos. Nada se compara a su amor por tus hijos. Cree, ora, alaba y exalta su poder y misericordia. Dios sigue hoy sanando enfermos y resucitando a aquellos por quienes clamamos.No ceses de orar hasta ver tu milagro hecho realidad.
MI ORACIÓN
Oh, Señor, infunde tu salvífico aliento a mis hijos y familia. Obra en ellos tu milagro de amor y sanidad. Restaura tu gracia en sus vidas para que te sirvan desde aquí a la eternidad. Gracias por tu poder y tu deseo de salvar. En el precioso nombre de Jesús, Amén
COMPARTE con otros padres y madres está reflexión. Dios te bendiga.
(C) Rhodi Alers de López, 2018


Favor notar: Me reservo el derecho de eliminar comentarios que sean ofensivos o irrelevantes.