“Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” –Ruth 1:16, up.
La historia de Elimelec y Rut, de Belén de Judá, es triste pero hermosa. Está cargada de necesidad, incertidumbre, dolor y mucho amor.
Emigraron a Moab en busca de mejor futuro. Por un tiempo, pareció que todo marchaba a su favor. Entonces falleció el patriarca Elimelec. Sus dos hijos se casaron con jóvenes moabitas. Vez tras vez tocó el dolor a la puerta de esta familia, dejando viudas a las tres mujeres.
Noemí, acompañada por Orfa y Rut, emprendieron viaje a Belén, que ahora estaba en mejor condición económica que cuando ella salió de allí. Sin embargo, urgió a sus nueras a volverse a casa de sus padres. Orfa regresó, pero Rut declaró su conversión y propósito de vida: “…¡Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios!”
¿Imaginas cómo era el hogar de esta humilde familia? ¿Qué vio Rut allí que la atrajo a Cristo? ¿Cómo eran los momentos dedicados al estudio de las Escrituras, a la oración y las alabanzas en tierra extraña?
Noemí, viuda, con hijos enfermizos, afrontó colosales desafíos. Mas la dulce fragancia de una vida consagrada a Dios impregna imperceptiblemente a todos en derredor. Este es el mensaje que, sin palabras, atrae a muchos a Cristo y el único que incontables vidas están dispuestas a aceptar.

Noemí no era una mujer amargada ni rezongona. Lo que Rut experimentó en casa de Noemí fue un testimonio vivo de completa dependencia de Dios. Sí, vivió dolor profundo; pero encontró fortaleza en Dios. Sus palabras, acciones, gestos, hábitos y detalles fueron el silente mensaje que tocó el corazón de su joven nuera y lo ató para siempre al corazón del único Dios vivo y verdadero.
Rut escogió permanecer con Noemí por la luz que de su vida irradió aun en medio de la profunda aflicción. Entendió que cuando lo pierdes todo pero tienes a Dios, lo tienes todo.
Oremos:
Amante Padre celestial, gracias por darme el privilegio y sagrado cometido de reflejar tu carácter ante mi familia y los demás. Reconozco que por mi propia fuerza, soy totalmente incapaz de hacerlo. Preciso tu ayuda y la unción del Espíritu Santo para dar un testimonio fiel de ti. Transfórmame y ayúdame a reflejarte dignamente. Toca el corazón de mi familia para salvación. Gracias por el sacrificio de Jesús en nuestro favor. En el nombre de Jesús, Amén.
©Rhodi Alers de López, 2019
NOTA: Este ayuno lo comenzamos viernes, a la 1:00 pm, después del almuerzo y concluimos el sábado a la 1:00 pm, para almorzar con nuestra familia. Cuando ores por los tuyos, recuerda orar por el gran número de hijos y familias por quienes cada uno está orando. GRACIAS por ser parte de este ejército de intercesores.

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