Como hijos, al decir “padre”, sin duda, se mezclan en nuestros corazones un ramillete de emociones, por los recuerdos que, cual torrente, inundan nuestro ser. Su fragancia es dulce y, quizás, amarga a la vez. ¡Cuántos hay que quisieran retroceder el tiempo y comenzar otra vez! Pero sólo se es padre y se es hijo en la vida una sola vez.
Conocí a un hombre de porte sereno y soñador. Recuerdo su espíritu alegre, cariñoso y juguetón. Me parece oírle en las mañanas al leer algún pasaje de su libro favorito, la Biblia. En las tardes llegaba al hogar… y todo era alegría y felicidad. ¡Cuánto cariño prodigaba a su familia! Me parece oírle al preguntarnos por las tareas escolares y las aventuras de nuestro día. Su taza de “Postumcito” con “pancito” no le faltaba al anochecer.
Con orgullo y satisfacción se interesaba en ayudar a su amada en las interminables tareas del hogar y se esmeraba por tratarla como la reina de su corazón. Se sentía dichoso de poder proveer para los suyos y mostraba con sus tiernos detalles lo que sentía en su corazón.

Era amable y paciente, pero recto y justo en la disciplina. Amaba a Dios y le servía con devoción. Fue un hombre trabajador, que supo “contar sus días” para ser de bendición a cada miembro de su familia.
Un cuadro sin terminar
De pronto, el cuadro quedó incompleto, sin más detalles, sin más que hacer… se fue una tarde muy fría, cual día que acaba para no más volver.
Y agradezco al cielo siempre por darme la bendición de ver rasgos en mi padre que me enseñaron de Dios y su amor.
Ese cuadro, estoy segura, al fin se completará cuando vuelva nuestro Salvador en busca de sus hijos para llevarlos a su hogar.
Hoy exhorto a cada padre a cumplir con devoción la tarea tan sublime de llevar sus hijos a Dios. Tu cuadro puede no ser perfecto, pero no debes olvidar que el Pintor y divino Arquitecto de tu hogar es Cristo Jesús. Con su ayuda tu cuadro, sin duda, será algo digno de admirar.
Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da-(Éxodo 20:12).
A cada hijo exhorto a honrar a su padre sin tardar como nos instruye nuestro Padre Celestial.
¡No dilates padre… no dilates hijo! Nunca sabes si un día ese cuadro se interrumpirá.
¡Que Dios bendiga a cada padre en su sagrada labor y que ayude a cada hijo a honrar a su padre obedeciendo la Palabra de Dios!
Nota: “Postumcito” se refiere a una bebida instantánea caliente hecha de trigo tostado. Se llama POSTUM.
©Rhodi Alers de López, 2003

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