
Para progresar en la vida espiritual, tenemos que pasar mucho tiempo en oración. Cuando el mensaje de verdad se proclamó por primera vez, ¡cuánto se oraba! ¡Cuán a menudo se oía en las cámaras, en el establo, en el huerto o en la arboleda la voz intercesora! A menudo pasábamos horas enteras en oración, dos o tres juntos reclamando la promesa; con frecuencia se escuchaba el sonido del llantol y luego la voz de agradecimiento y el canto de alabanza.
Testimonios para la Iglesia, t. 5, p. 151

Amén la oración es nuestra fortaleza es nuestra conexión directa con nuestro padre celestial que nos llena de todo lo que falta
Así es. GRACIAS a Dios por el privilegio de la oración. Dios te bendiga, Aracelis.