De seguro ya identificaste tu gran problema:
El jefe exigente…
La maestra difícil…
El hijo descarriado…
El vecino imposible…
El horario inapropiado…
El sueldo mezquino…
La madre estricta…
El “hermano” orgulloso…
La enfermedad que no cede…
El deseo o necesidad de…
Tu campo visual
Si pudieras medir el tamaño de tu problema, ¿cuán grande dirías que es? ¡Sí! Es grande y despiadado. Te robó la paz, te dañó el día y perturbó tu sueño. Tienes razón: es inmenso. Abarca todo tu campo visual.
Volando a 40,000 pies de altura, se ve más amplio el panorama y, cada cosa, diminuta. Pero… ¿cuánto más alto está Dios? Su campo visual abarca todo el universo. Entonces… ¿Cómo ve Dios tu problema?
¿Estás cerca o lejos?
La frustración crece si descuidamos la comunión con el Padre celestial. Nuestra fe se fortalece en su presencia. Cuanto más nos acercamos a Dios más rápidamente empequeñecen nuestros desafíos, mejor admiramos la grandeza divina y tenemos una mayor perspectiva de su inmensurable poder.
Dios llegará en el momento oportuno de acuerdo al propósito divino, en el tiempo que mejor encaje en el rompecabezas de nuestra vida. Nosotros solo vemos una pieza, pero Dios ve el panorama completo. Al final, si no desmayamos, veremos cómo Dios coloca cada pieza en su lugar. Admiraremos su hermosa obra y glorificaremos su nombre.
Desafío para ti y para mí
¿Cómo está tu fe hoy? No te preocupes tanto de cuán grande ves tu problema. Preocúpate de cuán grande ves a Dios y vivirás en victoria.
© Rhodi Alers de López 2018


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