del cuerpo, del alma y del corazón;
Tú que, por amor, te has hermanado
con el solitario, el sufriente y el angustiado,
Tú que comprendes cada caso
de abuso, violencia y maltrato;
sé propicio al triste y despojado
de estima y de sueños forjados.
Que tu presencia lleve aliento
a los que sufren en silencio.
Da sanidad a quien solo en ti
recuperará la alegría de vivir.
Socorre a grandes y aun chicos
que divagan por el mundo sin sentido:
Cancela en ellos el plan del enemigo.
Dales hoy tu bálsamo divino.
Obra en sus dañados agresores
que dispensan sus propios temores.
Sana sus traumas y ocultas heridas
que ya son hediondas llagas podridas.
Oh, Señor, ten misericordia
de esos cuerpos ya casi sin vida…
Ambos: víctima y victimario
precisan tu paz y dulce amparo.
Dales hoy fuerza, guía y luz
que los lleve a los brazos de Jesús.
Que, humillados en tu presencia,
reciban sanidad y nueva vivencia.
Porque suplico y agradezco reverente
en el único nombre por siempre potente,
En el nombre de Jesús, Amén.
© Rhodi Alers de López 2018


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