¿Qué motiva a un ser humano pecador a alabar a Dios? Es el reconocimiento de la grandeza divina y la fragilidad humana. Es el contraste entre lo que merecemos como pecadores y lo que Dios nos concede por gracia. ¡El agradecimiento genuino brota del corazón alcanzado por el amor divino porque no puede callar tanta misericordia!
“¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!
Has puesto tu gloria sobre los cielos;” (Sal. 8:1).
El salmista David declara una verdad sólida. El nombre de Jehová es glorioso. Reflexionando en la declaración del salmista inspirado por el Espíritu Santo: “Has puesto tu gloria sobre los cielos”, me pregunté: ¿A qué se refiere el salmista con esta declaración?

Cuando miro hacia arriba en un día claro, puedo ver algunas nubes y el brillo del sol… Si desde un avión miro hacia abajo, probablemente veré nubes, agua, diversidad de terreno, etc.
Independientemente de lo que puedas observar con tus ojos carnales, Dios ha puesto “su gloria” (su carácter) sobre los cielos. Todo lo preparó para que tengamos un ambiente hermoso y protegido en el cual desarrollar nuestra vida y relación con Él, de modo que le conozcamos cada día más, y le alabemos de corazón. Todo está cubierto con su amor. Todo subsiste por su misericordia. ¿Le alabarás como es nuestro privilegio hacerlo?
Señor Jehová: Hoy te entrego mi corazón para que obres en mí el reconocimiento profundo de mi gran deuda de amor para contigo, Creador y Sustentador de mi ser y de todo el universo. Que mi vida, mis decisiones, mis actitudes, mi atuendo y también mis labios te alaben como tú mereces. En el nombre de Jesús, Amén.
©Rhodi Alers de López, 2019

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