Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría. (1 Reyes 10:8).
La reina de Sabá había viajado desde lejos a Jerusalén para conocer al rey Salomón, y comprobar si la fama que había oído sobre él era fidedigna. Tras pasar tiempo en su presencia, oyendo sus palabras, viendo con sus propios ojos la magnitud de sus bienes, no pudo menos que reconocer que el joven rey había sido ricamente favorecido por Dios.
“Al llegar al fin de su visita, la reina había sido cabalmente enseñada por Salomón con respecto a la fuente de su sabiduría y prosperidad, y ella se sintió constreñida, no a ensalzar al agente humano, sino a exclamar: “Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, y te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia”. Tal era la impresión que Dios quería que recibiesen todos los pueblos.”
La Historia de Profetas y Reyes, 48, 49.* {CV 199.5} Conflicto y valor
La respuesta de la reina fue una que agradó a Dios. Salomón había sido para ella un fiel testigo del único Dios verdadero.

La sabiduría de los destacados hombres de ciencia cuyas mentes se dedican al estudio profundo de los minuciosos detalles de la vida y sus misterios no se compara con la sabiduría dada a Salomón. No ha habido, ni habrá en la Tierra un ser humano más sabio que el joven rey a quien Dios bendijo con bienes, paz, y sabiduría.
La reina de Sabá consideró un alto privilegio para los siervos de Salomón estar continuamente en la presencia de tan favorecido ser humano. Pero tú y yo tenemos el privilegio de estar continuamente en la presencia de Dios, el Rey Creador y Sustentador del universo. A través del estudio de su Palabra, oímos su voz y su sabiduría. ¿Entiendes cuán bienaventurado eres? ¿Cuánta felicidad aporta a tu vida el Estudio de la Palabra de Dios? ¿Rebosa tu corazón y tu vida de alegría genuina por el alto privilegio concedido? ¿Pueden otros ver nuestro gozo por ser siervos del Dios vivo?
Bondadoso Padre celestial, ayúdame a ver cuán bienaventurado soy. Gracias por el alto privilegio concedido. Permíteme ser testigo de tu amor y misericordia, que otros lo vean en mi vida y glorifiquen tu nombre. En el nombre de Jesús, Amén. ©Rhodi Alers de López, 2020

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