Todo… para la gloria de Dios

“Si pues coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”-

1 Corintios 10:31

La palabra “todo” incluye cada pormenor de mi vida: desde la oración hasta mis intimidades. Si veo un programa de TV, si voy de compras, a trabajar, a una fiesta, o a recrearme, si escucho música, si uso la red mundial de comunicaciones, si hablo por teléfono, si leo, si me pongo tal pieza de ropa, si me acicalo, si hablo, si participo de esta actividad, si le permito esto a quienes están bajo mi autoridad (hijos, empleados, feligreses, etc.), debo preguntarme:

  • “¿A quién agrado con esto: a Dios, a alguna otra persona o a mí mismo?
  • ¿Lo hago para que piensen bien de mí o para que vean a Cristo en mí?
  • ¿Consumo esto o aquello para llamar la atención, para satisfacer mis deseos no santificados o para cuidar el templo del Espíritu Santo?
  • ¿Ven otros a Cristo en mí, o busco llamar la atención con mi comportamiento, vestimenta, palabras,  gestos, decisiones, etc.?
  • ¿Trabajo para ganarme el sustento (eso es bíblico) o procuro ser instrumento de Dios al desempeñar mi labor?
  • ¿Acepto y desempeño una responsabilidad en el liderazgo de la iglesia para exaltar a Dios y ayudar a mis hermanos a obedecer Su Palabra, o tengo mi propia agenda?
  • ¿Uso los talentos que Dios me concedió para obtener beneficio personal o para exaltar a Cristo y motivar a otros a una mejor relación con él”?

¿Orar para gloria de Dios?

¿Es posible no glorificar a Dios al orar? ¡Sí, muy fácil! (Ver. Lucas 18:9-14). Al orar, ¿quién da y quién acata instrucciones? Cristo nos enseñó a traer humildemente a Dios nuestros pedidos y ansiedades sin olvidar que orar es un sagrado privilegio que Dios concede a sus hijos; y debemos procurar aprender esta ciencia. Es la forma de comunicarnos, en confianza y respeto, con Dios para conocerlo, para someternos a su dirección y a la santificadora presencia del Espíritu Santo, y para agradecerle su gran misericordia para con nosotros, seres pecadores. Dios conoce las intenciones del corazón. Al presentar nuestras peticiones a Dios, necesitamos hacerlo dentro del marco de su divina voluntad. Orar con otra motivación nos impide recibir la bendición y obtener la victoria reservada para nosotros.

Orar para la gloria de Dios nos permite vivir en victoria

Si nos chasqueamos porque no vemos la respuesta de Dios, ¿será posible que estemos fallando en nuestra forma, motivo y/o perspectiva al orar? Todas las promesas de Dios son nuestras en la medida en que las aceptamos por fe y, viviendo en obediencia a Dios, suplicamos que nos conceda su bendición de la manera y en el momento que él sabe que nos conviene. Una vida de completa sumisión a Dios no conoce derrota, pues en cada tropiezo y aparente tardanza o inconveniente, discierne el propósito divino. Oremos para la gloria de Dios. Glorifiquemos al Señor al orar, no solo de palabras, pero con un corazón completamente entregado a su voluntad, y viviremos gozosos y en victoria. ©Rhodi Alers de López, 2011

Autora, conferencista internacional, canta-autora, fundadora de "Guerreros de Oración Escuadrón de la Victoria" & "A Dios Le Importa tu dolor"

Favor notar: Me reservo el derecho de eliminar comentarios que sean ofensivos o irrelevantes.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *