PROMESA PARA ESTA SEMANA: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”.
Jeremías 33:3
¿Qué es clamar? Según el diccionario de la Real Academia Española:
Del lat. clamāre.
1. tr. exigir (‖ pedir imperiosamente). Clamar venganza, justicia.
2. tr. desus. llamar.
3. intr. Quejarse, dar voces lastimosas pidiendo favor o ayuda.
4. intr. Dicho de algunas cosas inanimadas: Manifestar necesidad de algo.
La tierra clama POR agua.
5. intr. Emitir la palabra con vehemencia o de manera grave y solemne.
Se clama cuando hay dolor, temor, tristeza, aflicción y/o grave y extrema necesidad. La voz de quien clama transmite la emergencia. ¿Es la salvación de tus amados un deseo y pedido opcional, o es una emergencia? ¿Has clamado a Dios por la salvación de tus amados?

Así nos invita Dios a orar fervorosamente y a buscar su presencia insistentemente.
El contexto de esta invitación divina está en el capítulo anterior. Ver Jeremías, Capítulo 32. Jeremías estaba preso por hablar las palabras de Jehová. El ejército de Nabucodonosor, ya tenía sitiada la ciudad. Dios le dice al profeta que compre la heredad de su primo, Hanameel. Jeremías compró, hizo la transacción totalmente legal.
Tan agobiante era la situación del pueblo escogido que, en diferentes ocasiones, Dios mismo le dijo al profeta Jeremías que no orara por el pueblo rebelde, porque no escucharía su intercesión: Ver Jeremías 7:16 y Jeremías 14:11-12. Es por eso que esta promesa cobra mayor significado.
Jeremías, sufriendo cárcel y todo el mal que él mismo tuvo que declarar sobre su pueblo, estaba perplejo. Entonces, Dios le dijo: “Clama a mí, y yo te responderé…”.

Es importante notar: La promesa de Dios de responder NO significa que la respuesta será la que yo espero o deseo.
Mi responsabilidad está en clamar. Lo demás está en las manos de Dios.
Jeremías 33:3 no se limita a la salvación. Es una poderosa y urgente invitación divina a comprender la gravedad de las situaciones que afrontamos aquí y ahora, a comprender que solo Dios es la solución, para cada emergencia, nuestra o de otros. Es una invitación a presentar a Dios cada caso con su respectiva urgencia, y saber que Dios desea ser nuestro pronto y seguro auxilio, y también nuestro Maestro. Nos responderá y nos mostrará una mejor manera de vivir para su gloria y su honra.
Mi Oración
Oh, Señor, Padre bueno, ten misericordia de nuestros hijos y amados que deseo ver en el cielo. ¡Toca sus corazones y pon en ellos el deseo de tener una conexión ininterrumpida con el cielo. Inquiétalos. Tráelos a los pies de la cruz, te suplico. No los dejes. Toca los corazones de todos los amados alrededor del mundo por quienes se está clamando por salvación y pon en ellos el temor reverente de Jehová, para que te sirvan con integridad, sin tardar más. El tiempo se acaba, no te tardes, Jehová. Ven presto y sálvalos de ellos mismos y del pecado. Gracias por lo que has hecho y lo que harás. En el nombre de Jesús, Amén. © Rhodi Alers de López, 2018

Amén, amén y amén. Oh, Dios amado, transforma sus corazones para la eternidad. 🙏🙏🙏
Amén. Que así sea, para la gloria de Dios.