
Reflexión de fin de año
Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre (Salmo 30:12).
El fin del año llegó. Miro atrás, y veo numerosas cosas de las cuales me avergüenzo y me arrepiento. Veo también, múltiples razones por las que estoy agradecida. No obstante mis errores, por la maravillosa y multiforme gracia de Dios, hasta aquí me condujo su amor. Sé que, sean pocos o muchos los logros, estar viva es motivo de profundo agradecimiento a mi amante Creador. Sus bondades para conmigo sobrepasan mi entendimiento. ¡Mi corazón y mi alma cantan al Dios vivo por su incomparable amor!
Deseo compartir con mis familiares y amigos, disfrutando su compañía; demostrarles mi aprecio y cariño hoy, pues el mañana no me pertenece. ¿Qué me depara el nuevo año? Sólo Dios conoce cada ínfimo detalle de mi porvenir. Con su auxilio, procuro aprender de mis deslices y sacar provecho de mis buenas decisiones.
Ansío dirección divina y la unción del Espíritu Santo para usar los dones y talentos que el Cielo tuvo a bien confiarme. Por amor y, en gratitud a él, debo acrecentarlos para la gloria de quien me valora tanto, que dio su vida por mí.

Medita y agradece a Dios su bondad.
Señor, pon en mí la disposición para responder con un “heme aquí” cuando me llames a tu servicio. Con los talentos que me confiaste anhelo ser bendición y llevar alegría al alma triste, esperanza al deprimido, paz al angustiado e inspiración a mis compañeros de jornada. “Enséñame… a contar mis días, que traiga al corazón sabiduría”. Fórjame en fuente de bendición para quienes encuentre en mi camino los días que me concedas vivir. Deseo rendirte buenas cuentas, mi Hacedor.
El fin de año se presta para nuevas resoluciones y trazar metas a alcanzar. Mi meta y mi destino eres tú. Permite, Padre, que mi primordial interés sea buscar tu reino y tu justicia, para que nuestra relación profundice y crezca, de modo que ésta hija tuya camine de victoria en victoria con Jesús.
Gracias, Padre justo, por la paciencia que tienes para conmigo. Gracias por los innumerables favores concedidas este año a mí y a mi familia. Cada día que cierra me acerca más al día de victoria final. Moldea mi carácter. Lléname de tu Santo Espíritu y prepárame para ver tu rostro y morar en tu presencia. Te suplico, concédeme sabiduría para hacer decisiones que tú apruebes y que seas siempre el más caro anhelo de mi humilde corazón.


