Cuanto más estudiamos la Palabra de Dios, es más evidente la maravillosa obra de la gracia divina. Así lo describe el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo:
4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Efesios 2:4-7
El amor de Dios nos dio vida juntamente con Cristo, cuando estábamos muertos en pecados. ¡Nos dio vida, después de la muerte! Además de la nueva oportunidad de vida, nos dio el honor de sentarnos con Cristo en los lugares celestiales, a la diestra de Dios (Ver Colosenses 3:1).
Nos concedió tan inmenso honor para mostrar de ahí en adelante las abundantes riquezas de du gracia en su bondad para con nosotros, todo a través de Cristo Jesús.
¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo! (Efesios 1:3).

La oración nos lleva directamente y confiadamente al trono de la gracia. Por medio de ella recibimos todas las bendiciones espirituales que Dios tiene para sus hijos. Además, la oración intercesora nos une a Cristo en su obra de intercesión en el Santuario celestial. Desde los lugares celestiales cada creyente afecta lo que sucede en el ámbito físico y espiritual aquí en la Tierra. En los lugares celestiales luchamos la batalla espiritual, y colaboramos con Dios para que su voluntad se efectúe en la Tierra.
No dejes de interceder. Reconoce y valora el privilegio concedido de intervenir en los asuntos de este mundo en formas que ninguna herramienta humana puede lograr. La oración mueve la mano de Dios a cumplir su perfecta voluntad en la vida de quienes tú y yo anhelamos ver en el cielo. ¿Cuándo fue la última vez que anduviste en los lugares celestiales?
Amoroso Padre Celestial:
Nuestra mente afectada por el pecado no siempre reconoce tan sin igual privilegio. Perdónanos. Suplico que en la vida de mis amados y amigos, y en toda la lista que te hemos presentado para salvación, muestres “en los siglos venideros las abundantes riquezas de tu gracia en tu bondad para con ellos en Cristo Jesús.” Que juntos podamos adorarte por la eternidad. Desde ahora lo agradezco. En el nombre de Jesús, Amén. ©Rhodi Alers de López, 2021-05-22

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