
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
Jesús enseña que podemos recibir el perdón de Dios solamente en la medida en que nosotros mismos perdonamos a los demás. El amor de Dios es lo que nos atrae a él. Ese amor no puede afectar nuestros corazones sin despertar amor hacia nuestros hermanos.
Al terminar el Padrenuestro, añadió Jesús: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. El que no perdona suprime el único conducto por el cual puede recibir la misericordia de Dios.
—EGW, 96-97


Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
1 Juan 1:9
¡Qué maravillosa promesa nos da el Padre celestial: que si reconocemos nuestro pecado, lo confesamos arrepentidos, nos perdona y también nos limpia de toda maldad! Nos ofrece su gracia que renueva la vida y purifica el corazón. Admirable, maravilloso e inmerecido amor de Dios, por mí, un ser tan pecador! Es mi anhelo aprender a amar más a mi Salvador, Cristo Jesús, y a valorar su sacrificio y el inmenso amor de mi Padre celestial. ©Rhodi Alers de López, 2021
Este material fue preparado para el tema 10 de la Serie OASIS DE BENDICIÓN: Perdónanos Nuestras Deudas. Puedes verlo aquí: https://youtu.be/gwiuvu2pAbk.
Cuando tratemos de acercarnos a Dios, sugerirá el enemigo: De nada vale que ores; ¿acaso no hiciste esa maldad? ¿Acaso no has pecado contra Dios y contra tu propia conciencia? Pero podemos decir al enemigo que “la sangre de Jesucristo… nos limpia de todo pecado”. Cuando sentimos que hemos pecado y no podemos orar, ése es el momento de orar. Podemos estar avergonzados y profundamente humillados, pero debemos orar y creer. “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”. El perdón, la reconciliación con Dios, no nos llegan como recompensa de nuestras obras, ni se otorgan por méritos de hombres pecaminosos, sino que son una dádiva que se nos concede a causa de la justicia inmaculada de Cristo.
EGW-DMJ 98

Este material va de la mano con la serie OASIS DE BENDICIÓN, TEMA 10-“Perdónanos Nuestras Deudas”. Puedes verlo aquí.

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
Mateo 6:34
La Palabra divina nos invita a enfocarnos en el día presente, que es lo único que tenemos. Puesto que mañana no nos está garantizado, ¿por qué gastar energía y salud al llenarnos de ansiedad anticipada? Cada momento es precioso. Cada día tiene su encanto, valor y utilidad. Aprovechemos el hoy. Dejemos el mañana donde corresponde: en manos de Dios, y nuestras vidas testificarán, sin palabras del amor y del tierno cuidado del Padre celestial. ©Rhodi Alers de López, 2021

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Mateo 6:33
Cuando el Reino de Dios es nuestro principal interés, no tenemos nada que temer, pues la promesa es: “Todas estas cosas os serán añadidas”. Podemos tener la seguridad de que nos será dado, porque Dios da en abundancia las riquezas de su gracia. ©Rhodi Alers de López, 2021
Los discípulos de Cristo esperaban el advenimiento inmediato del reino de su gloria; pero al darles esta oración Jesús les enseñó que el reino no había de establecerse entonces. Habían de orar por su venida como un suceso todavía futuro. Pero esta petición era también una promesa para ellos. Aunque no verían el advenimiento del reino en su tiempo, el hecho de que Jesús les dijera que oraran por él es prueba de que vendrá seguramente cuando Dios quiera.
EGW, DMJ 92.

Es algo maravilloso que podamos orar eficazmente; que seres mortales indignos y sujetos a yerro posean la facultad de presentar sus peticiones a Dios. ¿Qué facultad más elevada podría desear el hombre que la de estar unido con el Dios infinito? El hombre débil y pecaminoso tiene el privilegio de hablar a su Hacedor. Podemos pronunciar palabras que alcancen el trono del Monarca del universo. Podemos hablar con Jesús mientras andamos por el camino, y él dice: “Estoy a tu diestra”.
EGW, MJ 176

Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen.
Salmo 103:13

¡Oh, cuanto anhela Dios escuchar tu voz en oración! No importa cuál sea tu caso, ni cuál sea tu condición, Él desea que te acerques al trono de la gracia, porque en su amor y su compasión te invita a compartir sin reservas lo que vives, lo que necesitas, lo que sientes, y lo que le agradeces. ¿Correrás a comunicarte hoy con tu compasivo Padre celestial? © Rhodi Alers de López, 2021
Levantaos e id a vuestro Padre. El os saldrá al encuentro muy lejos. Si dais, arrepentidos, un solo paso hacia él, se apresurará a rodearos con sus brazos de amor infinito. Su oído está abierto al clamor del alma contrita. El conoce el primer esfuerzo del corazón para llegar a él. Nunca se ofrece una oración, aun balbuceada, nunca se derrama una lágrima, aun en secreto, nunca se acaricia un deseo sincero, por débil que sea, de llegar a Dios, sin que el Espíritu de Dios vaya a su encuentro. Aun antes de que la oración sea pronunciada, o el anhelo del corazón sea dado a conocer, la gracia de Cristo sale al encuentro de la gracia que está obrando en el alma humana.
EGW, PVGM, 162
