En la decisión de interceder en oración por aquellos que anhelamos ver en el cielo, nos es necesario aferrarnos a las promesas de Dios, quien tiene un deseo mayor que el mismo intercesor humano en la salvación de las personas por quienes oramos.
Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón.
Jeremías 24:7, Reina Valera, 1960

La misericordia de Jehová se deja ver asombrosamente en esta promesa y su contexto. Algunos puntos sobresalientes son:
- Es Dios quien hace la obra. Sólo el Espíritu de Dios transforma el corazón.
- Dios mismo se da a conocer. El conocimiento de Dios es el conocimiento esencial y el único capaz de dar vida a un corazón aniquilado por el pecado.
- Esos corazones se dejarán regir por Dios. El orgullo y la suficiencia propia se esfuman con el conocimiento de la verdad que es Cristo.
- El anhelo de Dios de guiarlos tiernamente se hará, entonces, realidad. La incapacidad y falta de sabiduría humana se reconocen.
- No existirá ya un corazón dividido, sino uno cuyo único anhelo es la presencia de Cristo en su ser, la conducción del Espíritu Santo y una relación profunda y significativa con el dador de la vida. ¡Alabado sea Jehová!
Mi Oración
Gracias, Padre celestial, por tu preciosa promesa. En tus manos de amor coloco a mis amados con la seguridad de que conocerá su corazón a Dios.
Mientras oro, dame luz para que mi propia vida sea un fanal que los conduzca a ti. Obra en el corazón de cada uno en nuestras listas, y de cada uno que alrededor del mundo estamos clamando por salvación de nuestras familias. Gracias por la salvación que tu Santo Espíritu está obrando en cada corazón. En el precioso nombre de Jesús, Amén. ©Rhodi Alers de López, 2021

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