Una Historia de Amor… para ti que eres PADRE
El amor no es un cuento de hadas. “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Es un principio y una forma de vida: conlleva acción. (Ver Juan 3:16.)

Él era un apuesto joven, todo un caballero, estudiante ministerial. Ella era una encantadora muchacha quien, sin buscarlo, cautivó su corazón. Sonaron las campanas de boda. Se llenó su hogar de hijos, trabajos, desafíos, privaciones y desvelos. Él siguió siendo un caballero. Ella siguió siendo su reina, su amada. Se lo hacía saber, ya fuera ayudando voluntariamente en los quehaceres, atendiendo los niños un rato para darle a ella descanso, colocando los muebles de modo diferente, trayendo algún detalle sin otro motivo que por amor, y de maneras creativas.
Lo más importante
“La cosa más importante que un padre puede hacer por sus hijos es amar a su madre”, dijo el Reverendo Theodore Hesburgh. No se equivocó. La Biblia indica claramente que el amor se demuestra en hechos, no en palabras: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:18). Este es nuestro llamado y desafío diario mientras vivamos.

Él enseñó amor
El amor no es para un día ni un momento especial. Es una historia que se escribe día a día, a través de toda una vida. Ella nunca tuvo dudas de su amor, pues él no lo retuvo para un momento ni día especial. En palabras y en acciones siempre la trató con delicadeza, ternura, respeto y mucho amor. Cuando se equivocó, tuvo el valor de pedir perdón. En su tono de voz y en su mirada, en su forma de relacionarse con ella y con nosotros, él enseñó amor.
Aun en su forma de disciplinarme, demostró que conocía a Dios. Y gracias a Dios por ello, pues aunque su presencia fue cortada repentina y prematuramente de nuestro lado, su amor a Dios, a mi madre y a su familia sigue siendo para mí ejemplo digno de imitar.
Cuando Cristo venga, podré decirle: “Gracias, papi”
Si desde muy niña entregué mi corazón a Cristo fue porque lo conocí a través de mi padre. Aunque mi madre jugó un papel heroico en mi vida, mi relación con Dios fue moldeada más intensamente por el ejemplo de mi padre, tanto, que acostumbro dirigirme a Dios en oración: “Amante Padre celestial”.
Llamado divino a todo padre
Padre, ¿anhelas ver a tus hijos en el cielo? Independientemente de sus edades, tienes la divinamente asignada responsabilidad de modelar ante ellos el carácter de Dios. ¿Conoces a Dios? Si aún no lo conoces, búscalo en oración. Invítalo a tu corazón.
Si le conoces pero reconoces que necesitas su ayuda para lograrlo, Dios está tan cerca como una sincera oración. Dios ama a tus hijos más que tú. Cristo murió por ellos y por ti. ¿Acaso no te dará el valor que necesitas para pedir perdón, enmendar lo que sea necesario y caminar en victoria hacia la patria celestial con tu familia?
Para toda madre que cría sola, no desmayes, Dios está a tu lado en tu anhelo por la salvación de tus hijos. A los pies del Maestro hallarás sabiduría y fuerza para la apremiante tarea.
Oremos:
Amante Padre celestial, gracias por ser nuestro Padre. Necesitamos tu ayuda para ver nuestra familia en el reino de los cielos. Haz en mí, y en cada padre y madre, tu obra transformadora, para que seamos bendición en la vida de nuestros hijos y familia, y que juntos, podamos entrar por las puertas de la patria celestial. Bendice a cada familia que ora y lucha por la salvación de su familia. En el nombre de Jesús, Amén.

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