El Dios infinito, dijo Jesús, os da el privilegio de acercaros a él y llamarlo Padre. Comprended todo lo que implica esto. Ningún padre de este mundo ha llamado jamás a un hijo errante con el fervor con el cual nuestro Creador suplica al transgresor. Ningún amante interés humano siguió al impenitente con tantas tiernas invitaciones. Mora Dios en cada hogar; oye cada palabra que se pronuncia, escucha toda oración que se eleva, siente los pesares y los desengaños de cada alma, ve el trato que recibe cada padre, madre, hermana, amigo y vecino. Cuida de nuestras necesidades, y para satisfacerlas, su amor y misericordia fluyen continuamente.
La repetición de expresiones prescritas y formales mientras el corazón no siente la necesidad de Dios, es comparable con las “vanas repeticiones” de los gentiles.
Todas las palabras floridas que tengamos a nuestra disposición no equivalen a un solo deseo santo. La oración que brota del corazón ferviente, que expresa con sencillez las necesidades del alma así como pediríamos un favor a un amigo terrenal esperando que lo hará, ésa es la oración de fe. Dios no quiere nuestras frases de simple ceremonia; pero el clamor inaudible de quien se siente quebrantado por la convicción de sus pecados y su debilidad llega al oído del Padre misericordioso.
Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo. No es que se necesite esto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirlo. La oración no baja a Dios a nosotros, antes bien nos eleva a él.
La oración es una necesidad porque es la vida del alma. La oración en familia, la oración en público, tienen su lugar, pero es la comunión secreta con Dios la que sostiene la vida del alma”
¿Qué materiales usarías tú para envolver un regalo (sin papel de regalo)?
Comenta y déjame saber tus ideas. Lo importante es utilizar lo que se tenga a mano, de forma creativa y con buen gusto, siempre teniendo en cuenta a la persona que recibirá el regalo, y sus gustos. ¿Te atreves a salir de la rutina?
Cada mañana consagraos a Dios con vuestros hijos. No contéis con los meses ni los años; no os pertenecen. Solo el día presente es vuestro. Durante sus horas trabajad por el Maestro, como si fuese vuestro último día en la tierra. Presentad todos vuestros planes a Dios, a fin de que él os ayude a ejecutarlos o abandonarlos según indique su Providencia. Aceptad los planes de Dios en lugar de los vuestros, aun cuando esta aceptación exija que renunciéis a proyectos por largo tiempo acariciados. Así vuestra vida será siempre más y más amoldada conforme al ejemplo divino, y “la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:7). —EGW…
La oración es la llaveen la mano de la fe para abrir el almacén del cielo, en donde están atesorados los recursos infinitos de la Omnipotencia. Sin oración incesante y vigilancia diligente, corremos el riesgo de volvernos indiferentes y de desviarnos del sendero recto. —EGW, Camino a Cristo, 94.
En la decisión de interceder en oración por aquellos que anhelamos ver en el cielo, nos es necesario aferrarnos a las promesas de Dios, quien tiene un deseo mayor que el mismo intercesor humano en la salvación de las personas por quienes oramos.
Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón.
Jeremías 24:7, Reina Valera, 1960
Foto por Micheile Henders @Unsplash,com
La misericordia de Jehová se deja ver asombrosamente en esta promesa y su contexto. Algunos puntos sobresalientes son:
Es Dios quien hace la obra. Sólo el Espíritu de Dios transforma el corazón.
Dios mismo se da a conocer. El conocimiento de Dios es el conocimiento esencial y el único capaz de dar vida a un corazón aniquilado por el pecado.
Esos corazones se dejarán regir por Dios. El orgullo y la suficiencia propia se esfuman con el conocimiento de la verdad que es Cristo.
El anhelo de Dios de guiarlostiernamente se hará, entonces, realidad. La incapacidad y falta de sabiduría humana se reconocen.
No existirá ya un corazón dividido, sino uno cuyo único anhelo es la presencia de Cristo en su ser, la conducción del Espíritu Santo y una relación profunda y significativa con el dador de la vida. ¡Alabado sea Jehová!
Mi Oración
Gracias, Padre celestial, por tu preciosa promesa. En tus manos de amor coloco a mis amados con la seguridad de que conocerá su corazón a Dios.