Promesa:
He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír;
Isaías 59:1
El tiempo en que vivimos presenta desafíos nunca antes imaginados. La maldad crece exponencialmente. La salud se ve constantemente amenazada. La coerción está a la orden del día. La sociedad se impone a toda velocidad con su agenda sin Dios a “conducir” a la humanidad. Los medios informativos ya no son lo que aparentan. Los líderes prometen, pero se comprometen; y no con Dios. A los obreros de toda rama se les priva del sustento si deciden a favor de su conciencia. Aumentan las prohibiciones, y hasta a los padres se les restringe de dar a sus hijos la crianza que el cielo aprueba. Los jóvenes buscan sentido a la vida y forjar su propia senda, yendo tras “héroes y heroínas” corrompidos, porque se inclinan ante el maligno que les ofrece fama y brillo.
Los padres que reconocen su responsabilidad divina tiemblan ante la noción de hijos que parecen hipnotizados con las atracciones del día a día sin Dios. La maldad, el engaño, el dolor y el terror dominan el panorama, y los padres de familia se preguntan: ¿A dónde terminarán los nuestros? ¿Será que el cielo está obsoleto en la mente y en la memoria de (inclusive) nuestra extirpe?
Padre, madre, y tú, hermano y amigo intercesor:
¿Qué caro anhelo guarda tu corazón? Llévalo hoy a Dios en oración. La mano de Jehová no se ha acortado. Todavía obra a favor de la humanidad. Su oído escucha y no debes cesar en tu intercesión hasta ver la salvación de cada uno en tu lista hecha santa realidad.

Dios es fiel. Él premiará la fe y sincera confianza en su Palabra de quien se humilla en su presencia. Clama con insistencia. Únete con otros en tan amoroso ruego. Si con humilde y ferviente persistencia imploras, escuchará, obrará y contestará tu ruego, que es también la plegaria de Cristo. No te rindas, Dios sigue obrando y salvando.
Oremos:
Padre celestial, humillado en tu presencia reconozco que no puedo sin tu ayuda ver mi anhelo de salvación para mis hijos, familiares y amigos hecho realidad. Ruego que tu Espíritu les inquiete. Sálvalos, Padre. En ti confío y espero. A ti te agradezco, y a Jesús, en cuyo nombre lo suplico, Amén. ©Rhodi Alers de López, 2021

Amén. Gloria a Dios. Que sea de bendición.
Gloria a Dios, que sea de bendición.