3. intr. Quejarse, dar voces lastimosas pidiendo favor o ayuda.
4. intr. Dicho de algunas cosas inanimadas: Manifestar necesidad de algo.
La tierra clama POR agua.
5. intr. Emitir la palabra con vehemencia o de manera grave y solemne.
Se clama cuando hay dolor, temor, tristeza, aflicción y/o grave y extrema necesidad. La voz de quien clama transmite la emergencia. ¿Es la salvación de tus amados un deseo y pedido opcional, o es una emergencia? ¿Has clamado a Dios por la salvación de tus amados?
Foto por Alina Strong@Unsplash.com
Así nos invita Dios a orar fervorosamente y a buscar su presencia insistentemente.
El contexto de esta invitación divina está en el capítulo anterior. Ver Jeremías, Capítulo 32. Jeremías estaba preso por hablar las palabras de Jehová. El ejército de Nabucodonosor, ya tenía sitiada la ciudad. Dios le dice al profeta que compre la heredad de su primo, Hanameel. Jeremías compró, hizo la transacción totalmente legal.
Tan agobiante era la situación del pueblo escogido que, en diferentes ocasiones, Dios mismo le dijo al profeta Jeremías que no orara por el pueblo rebelde, porque no escucharía su intercesión: Ver Jeremías 7:16 y Jeremías 14:11-12. Es por eso que esta promesa cobra mayor significado.
Jeremías, sufriendo cárcel y todo el mal que él mismo tuvo que declarar sobre su pueblo, estaba perplejo. Entonces, Dios le dijo: “Clama a mí, y yo te responderé…”.
Foto por Rhodi Alers de López
Es importante notar: La promesa de Dios de responder NO significa que la respuesta será la que yo espero o deseo.
Mi responsabilidad está en clamar. Lo demás está en las manos de Dios.
Jeremías 33:3 no se limita a la salvación. Es una poderosa y urgente invitación divina a comprender la gravedad de las situaciones que afrontamos aquí y ahora, a comprender que solo Dios es la solución, para cada emergencia, nuestra o de otros. Es una invitación a presentar a Dios cada caso con su respectiva urgencia, y saber que Dios desea ser nuestro pronto y seguro auxilio, y también nuestro Maestro. Nos responderá y nos mostrará una mejor manera de vivir para su gloria y su honra.
En la decisión de interceder en oración por aquellos que anhelamos ver en el cielo, nos es necesario aferrarnos a las promesas de Dios, quien tiene un deseo mayor que el mismo intercesor humano en la salvación de las personas por quienes oramos.
Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón.
Jeremías 24:7, Reina Valera, 1960
Foto por Micheile Henders @Unsplash,com
La misericordia de Jehová se deja ver asombrosamente en esta promesa y su contexto. Algunos puntos sobresalientes son:
Es Dios quien hace la obra. Sólo el Espíritu de Dios transforma el corazón.
Dios mismo se da a conocer. El conocimiento de Dios es el conocimiento esencial y el único capaz de dar vida a un corazón aniquilado por el pecado.
Esos corazones se dejarán regir por Dios. El orgullo y la suficiencia propia se esfuman con el conocimiento de la verdad que es Cristo.
El anhelo de Dios de guiarlostiernamente se hará, entonces, realidad. La incapacidad y falta de sabiduría humana se reconocen.
No existirá ya un corazón dividido, sino uno cuyo único anhelo es la presencia de Cristo en su ser, la conducción del Espíritu Santo y una relación profunda y significativa con el dador de la vida. ¡Alabado sea Jehová!
Mi Oración
Gracias, Padre celestial, por tu preciosa promesa. En tus manos de amor coloco a mis amados con la seguridad de que conocerá su corazón a Dios.
Y los salvará en aquel día Jehová su Dios como rebaño de su pueblo; porque como piedras de diadema serán enaltecidos en su tierra (Zacarías 9:16).
¿Has visto una corona sin piedras preciosas? La belleza de las coronas o diademas no se encuentra solo en su fina elaboración y delicados detalles; está en sus piedras preciosas. Cada una añade a su hermosura y significado. Cada una añade calidad, valor y esplendor a la diadema.
Cada persona que llegue a Cristo será una gema en su corona. Cada uno que se rinda a Cristo gracias a la ferviente oración intercesora será también representado por una preciosa piedra en la corona del Cordero de Dios.
Foto por Church of the king @Unsplash.com
No es por casualidad que Cristo se sacrificó por ti, por mí y cada ser humano, sino para salvarnos. Somos valiosos para él. Tan valiosos que nos representará individualmente en su corona por una piedra preciosa. En aquel glorioso día, cada uno de los salvados pondrá su corona a los pies del Salvador y cantará el himno dando honra y gloria al Cordero de Dios que fue inmolado por su salvación.
No dejes de orar ni de interceder por quienes anhelas ver en el cielo. Pronto, muy pronto llegará el día de ver nuestras súplicas hechas una hermosa realidad.
Al pie del Monte de los Olivos, en el huerto de Getsemaní Jesús oró por sus discípulos. Antes de ser arrestado, suplicó por aquellos a quienes amó desde antes de la fundación del mundo. Sería la última vez que sus labios elevarían al Padre su ferviente oración desde ese lugar tantas veces honrado con la presencia del Creador. En esa hora crucial el divino suplicante entregó a su Padre el reporte de su obra, que pronto concluiría, implorando con fervor también por ti y por mí.
Cuarenta días después de su resurrección, desde la cumbre del Monte de los Olivos, ascendió el Salvador resucitado, al cielo, envuelto en una nube de ángeles resplandecientes. Dos de ellos, les reiteraron a sus discípulos, que así como subió al cielo, en carne y hueso, y rodeado de nubes de ángeles, volvería para buscar a su pueblo. (Ver Hechos 1:9-11).
Tras cualquier larga ausencia de su hogar, nosotros quisiéramos abrazar a nuestros amados y disfrutar nuevamente la alegría de su compañía. Pero el Salvador no permitió las alabanzas del coro celestial sin antes entrar ante el Padre y presentar cara a cara su más caro pedido:
Antes que la adoración… Intercesión
Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo…”
Juan 17:24, pp
¿No es este acaso tu ferviente pedido también?
Tras la intercesión… recibe adoración.
¡Tal es su amor, y su corazón de Intercesor! Su sacrificio fue acepto y su oración se registró en el corazón del Padre. Su propio corazón, solo ahora satisfecho, acepta la adoración y el merecido homenaje de su familia celestial. (Ver Deseado de todas las Gentes, cap. 87).
Las
civilizaciones antiguas castigaban cruelmente los delitos. Se utilizaba la vergüenza
pública para amedrentar a posibles futuros criminales. A algunos se les hizo
desfilar por las calles con la cabeza y manos en el cepo. A los criminales más
odiados se les crucificaba en un madero, y se les dejaba expuestos, a la intemperie,
donde morían lentamente. En diversos imperios se castigaba la traición colocando
la cabeza del traidor en una estaca en algún lugar público. Antiguamente, la
entrada del puente de Londres exhibió cabezas de traidores.
Roma
excluía a sus ciudadanos del cruel castigo
de la crucifixión, pero este método era muy usado para exhibir a los peores delincuentes.
Así murió Cristo, en una cruz, objeto de vergüenza, de burla e impiedad, y rodeado
por empedernidos criminales.
Expuesto y vencido
Entonces fué cuando la culpabilidad de Satanás se destacó en toda su desnudez. Había dado a conocer su verdadero carácter de mentiroso y asesino… Los falsos cargos de Satanás contra el carácter del gobierno divino aparecieron en su verdadera luz. {Conflicto Inminente, cap. 1}
EGW-El Conflicto Inminente
Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”
(Colosenses 2:15)
Simultáneamente, y en el mismo madero, se exhibieron el inmensurable amor de Cristo y el infernal odio de Satanás. La sumisión hasta la muerte de cruz del Creador de la vida, aseguró su victoria, y exhibió la arrogancia y la derrota del que tenía el imperio de la muerte.
Vive en Victoria
¡Cancelado quedó, de una vez por todas, el plan del enemigo! Las huestes del mal no tienen poder sobre la vida de quienes aman a Dios y se aferran con fe a su gracia transformadora. Cristo vive, y porque Él vive, tú puedes vivir en victoria. Cada nombre por quien intercedemos está escrito, con sangre carmesí en el corazón de Cristo; cada lágrima derramada fue recogida en su redoma. o
Cicatrices de Victoria
Por nuestras faltas y por su gracia, Cristo llevará por siempre en sus manos y costado las cicatrices de su victoria. Lleven nuestras rodillas y corazón también las huellas del rudo combate contra las huestes del mal. La victoria de Cristo aseguró nuestra victoria, y porque Cristo hoy intercede, nosotros también disfrutamos el privilegio de la intercesión. Muy pronto, sino desmayamos, seremos testigo de su victoria en la vida de aquellos, por quien, con incansable amor, oramos.
Esta palabra significa afortunado, feliz, dichoso y bendecido por Dios. Se refiere a una alegría que no es fácil de arrancar. Es una bendición especial, reservada para los escogidos de Dios.
“Bienaventuradotú, oh Israel. ¿Quién como tú, Pueblo salvo por Jehová, Escudo de tu socorro, Y espada de tu triunfo? Así que tus enemigos serán humillados, Y tú hollarás sobre sus alturas”
Deuteronomio 33:29 RV 1960
Esta primer bienaventuranza nos recuerda que Jehová nos salvó, que Él es nuestra protección y quien hace realidad el anhelado triunfo.
Enemigos
Un enemigo se camufla para sorprendernos, no se identifica como tal: puede ser visible o invisible; pueden ser personas, situaciones, frustraciones, enfermedades, obstáculos, carencias, desafíos, malos hábitos y aún situaciones del pasado que hoy afectan tu vida y/o te mantienen atado, impidiendo alcanzar el éxito o propósito que Dios declaró para tu vida.
Foto por Brady Leavell@Unsplash.com
Dios es tu Escudo y la espada de tu socorro
Nunca olvides: Dios es real. Él te llama bienaventurado. Hoy, tú puedes ser feliz en medio de las circunstancias adversas. Cualquiera sea tu enemigo o desafío, entrégalo a Jehová. Su Palabra confirma que tus enemigos serán humillados bajo tus pies. Esto no significa que tú has de maltratar a alguien que esté en desacuerdo contigo, sino que quien a la vista de Dios se levante contra el propósito divino para tu vida, se convierte en enemigo de Dios; y, porque Dios es tu protección, éstos enemigos no tienen poder sobre ti; tú tendrás victoria sobre cada uno de tus enemigos porque Jehová ya te salvó. Él te dio poder, autoridad sobre ellos. ¿Lo crees? Vívelo. Hoy recibe la bendición que viene de ser parte de su pueblo. Dios NO te chasqueará.
OREMOS: Amante Dios y Padre celestial, agradezco la inigualable bendición que significa ser parte de tu pueblo. Gracias por ser el Escudo de mi socorro y la espada de mi triunfo. Gracias por tu victoria sobre cada uno de mis enemigos. Ayúdame a depender de ti para que viva esa victoria desde aquí hasta la eternidad. En el nombre de Jesús, Amén.
El Diccionario de la Real Academia Española define “Confianza” así: “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo”. También se identifica la confianza como el “ánimo, el aliento y/o el vigor para obrar”.
Generalmente, confiamos en personas que nos aman y están comprometidos en nuestro bienestar. Asimismo ponemos cierto grado de confianza en aquellos que, aunque desconocidos, tienen como labor y responsabilidad primordial el bienestar de los demás: Personal médico, bomberos, policías y otros servidores públicos.
Además de sus padres, familiares y amigos, los niños y estudiantes, generalmente, confían en sus cuidadores, profesores, instructores, entrenadores, líderes espirituales, etc.
Dios escucha los pedidos por la salvación de cada ser humano que presentamos ante el trono de la gracia.
Promesa para ésta semana:
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”
(1 Juan 5:14-15).
Dios escucha los pedidos por la salvación de cada ser humano que presentamos ante el trono de la gracia. Esta confianza o seguridad de la respuesta divina genera gozo, imperturbabilidad, estabilidad y determinación en nuestra intercesión.
Puntos claves
Confianza-confiamos en Dios porque sabemos que nos ama.
Conforme a su voluntad-Requisito indispensable para que Dios
oiga(acepte y conceda respuesta afirmativa a nuestra petición).
Si sabemos que él nos oye-si estamos al tanto de, si comprendemos y creemos que Dios nos oye,
Sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho–también tenemos la seguridad de la respuesta afirmativa en cuanto a los pedidos presentados al cielo.
Amigo, hoy, Dios nos invita a poner toda nuestra
confianza en Él. Puesto que la voluntad divina es la salvación de cada ser
humano, oremos con la total seguridad de que Dios está obrando en el corazón de
aquellos por quienes oramos. Oremos determinada y constantemente; asimismo necesitamos
estar firmemente anclados en su Palabra, y disfrutar de esa paz que sobrepuja
todo entendimiento mientras esperamos ver la respuesta divina hecha una dulce
realidad.
COMPARTE ESTA
PROMESA, QUE SEA DE BENDICIÓN EN TU FAMILIA Y MUCHAS FAMILIAS.
Esto no es algo
casual. Cada semana apartamos este día para orar y ayunar en forma especial por
este propósito.
¿Quién? Tú estás invitado. Únete en
ayuno y oración por nuestros hijos y familia.
¿Cuándo? Cada viernes, de 1:00
pm hasta sábado, 1:00 pm. O sea, después del almuerzo del viernes, comenzamos
el ayuno: evitamos la cena del viernes y el desayuno del sábado. Terminamos a
la 1:00 pm el sábado, (a tiempo para disfrutar el almuerzo en familia).
¿Cómo hacerlo?
Repasa en silencio la
promesa para hoy.
Aparta varios momentos en
el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide
que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
Si deseas, escribe la
promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.
Al terminar el ayuno para
almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que concederá a
tu familia y a cada familia por quien estamos orando.
¿Qué más puedo hacer? Comparte esta promesa y esta invitación con otros que desean ver a sus familias en el reino de los cielos. Hagamos un cerco de oración alrededor de nuestras familias.
El bienestar y prosperidad de los hijos es alegría y añade vida a los días de sus progenitores. No es de extrañar que a este Ministerio de Oración llegan continuamente pedidos por los hijos y cada desafío que afrontan. Pero con mayor frecuencia los pedidos son por un hijo que le ha dado la espalda a la vida: Hijos que han tomado decisiones dejando atrás lo más importante, su vida espiritual. se han aventurado por sendas prohibidas, llenas de aventuras que dejan estragos en sus vidas y llenan de dolor a sus padres.
Aventuras que aprisionan
La epístola a Filemón cuenta sobre Onésimo, un esclavo que un día le dio la espalda a la vida que hasta entonces conocía. Sus aventuras lo llevaron a la prisión, donde Pablo estaba preso por predicar el Evangelio. Allí Onésimo conoció a Cristo.
Foto por Mantas Hesthaven@Unsplash.com
Intercesión misericordiosa
Al salir, Pablo lo envió con una carta a su dueño, Filemón, creyente, amigo de Pablo, para que lo aceptara y le perdonara su deuda… Por si Filemón decidía cobrar la deuda pendiente, Pablo mismo ofreció pagarla.
Para Dios no hay imposibles
“Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre” (Fiemón 1:15).
Poco imaginaba Filemón dónde había parado su esclavo fugitivo. No obstante su mal proceder, Dios usó la prisión como lugar de encuentro con Onésimo. Dios no aprueba las malas decisiones, ni evita sus consecuencias; pero usa cualquier medio, circunstancia y lugar para alcanzar el corazón.
De espalda a la vida
La carta a Filemón nos da evidencia del persistente amor de Dios y su continua búsqueda del pecador. Esa persona por quien estás orando, prisionero de sus propias decisiones olvida que Dios le ama tanto, que no desistirá. Ese hijo que hoy está de espaldas a la vida eterna, muy pronto estará de espaldas a la vida pasajera, porque habrá tenido un encuentro con Cristo.
En cualquier ámbito de la
vida, es lindo trabajar cuando podemos ver frutos de nuestro esfuerzo. Pero
trabajar sin lograr algo tangible no es agradable, sino desalentador. La
Palabra de Dios nos relata de una situación similar: Léela. Se encuentra
en Lucas 5:1-11.
Al amanecer, Cristo venía de pasar un rato tranquilo a orillas del lago. La multitud se agolpaba, buscando oír al Maestro. Los discípulos regresaban de una noche de trabajo infructuosa.
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Pedro había estado pensando en Juan el Bautista, ahora encarcelado. Seguir a Cristo era todo un reto, pues los líderes religiosos se oponían a él. Ahora, ni siquiera el trabajo de pesca en el cual era un experto, le aportaba provecho alguno. Su corazón guardaba un remolino de pensamientos y sentimientos, cansancio, dudas, desilusión, anhelos, y la necesidad de provisión era tangible, pues de la pesca provenía su sustento y el de su familia. También pesaba sobre él que sus compañeros de labor estaban seriamente afectados por su fracaso…
Cristo, en la barca, pidió a Pedro que apartarse la barca de la orilla, y desde allí se dirigió a la multitud ansiosa y hambrienta de palabras de vida. Terminada su labor, pidió a Pedro que bogase mar adentro y echase las redes para pescar. Esto y más pudo cruzar la mente de cualquiera de los discípulos:
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—¿En serio?
—¿De día?
—Maestro, ¿Te olvidas de que no es el mejor momento?
Una declaración de FE:
Agotado y con las manos vacías, Pedro resolvió creerle a Cristo.
“Respondiendo Simón, le dijo al Maestro: toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red” (Lucas 5:5).
Lecciones entretejidas en redes
Foto por David Clode@Unsplah.com
Lo que siguió fue una maravillosa manifestación del poder divino
que dio a los discípulos la seguridad de que quien estaba delante de ellos:
Es el Hijo de Dios.
Conoce los anhelos de su corazón.
Tiene poder para obrar en las situaciones más adversas.
Es capaz de suplir TODAS sus necesidades.
Escucha y concede el humilde clamor de su corazón.
Les ama profundamente.
Tiene en vista el momento más apropiado para derramar su bendición.
¡En la vida de quienes siguen sus instrucciones, Cristo tiene la última palabra!
Foto por Pietro Caspani @Unsplash.com
Promesa para esta semana:
“Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (Lucas 5:10, u.p.).
Tal vez estás cansado, frustrado y desalentado. Quizá estás viendo tus más caros sueños esfumarse cual niebla a la luz del sol. En vez de ver algún progreso espiritual en la vida de aquellos por quienes estás orando, pareciera que cada vez están más renuentes, menos interesados, más ofuscados en otras cosas…
La fe se ejerce antes de ver la respuesta.
Como Pedro, tú y yo necesitamos obrar por amor a Cristo y por fe en la Palabra de Dios. Necesitamos actuar, no porque ya hayamos visto algún indicio positivo, sino en obediencia a su llamado, en respuesta a su orden y en total sumisión a su Palabra.
¡Cristo tiene la última palabra!
Así como la red no salió del agua vacía, la Palabra de Dios tampoco retorna vacía. Cristo dijo a Pedro, y a todos sus discípulos a través de todas las edades: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”. Personalmente, escojo creerle a Cristo. Escojo continuar orando hasta ver mi red llena y desbordante de la manifestación del poder de Dios obrando en respuesta a nuestra sumisión y obediencia.