La HORA DE LA VICTORIA es una hora dedicada al agradecimiento a Dios por sus bondades, a la oración intercesora, y a compartir aliento de la Palabra de Dios.
¿Necesitas oración por ti o por los tuyos? ¿Tienes gratitud por pedidos contestados? ¿Anhelas un encuentro especial con Dios? Llama al 1-609-746-1151. Marca el código 345038#.
IMPORTANTE: Si tienes servicio de AT&T, T-Mobile, o Metro PCS,marca 206-451-6064, entonces, marca el 609-746-1151# y el código 345038#.
¡No te arrepentirás!
HORARIO
Esta es una Línea de Oración que funciona 6 días a la semana, de lunes a sábado, de 5:00-6:00 AM, hora de New York (Eastern Standard Time).
Este material fue preparado para el tema 10 de la Serie OASIS DE BENDICIÓN: Perdónanos Nuestras Deudas. Puedes verlo aquí: https://youtu.be/gwiuvu2pAbk.
Estamos a la orilla del río Jordán, a punto de cruzar a la Canaán celestial.
El anciano Moisés estaba delante del pueblo, para dar sus últimas exhortaciones al pueblo que anduvo errante por 40 años en el desierto. Repasó su trayectoria y las múltiples bondades del cielo para con ellos. Tiernamente, les exhortó a la obediencia y les recordó la grandeza de Jehová y sus obras.
“Mas vuestros ojos han visto todas las grandes obras que Jehová ha hecho. Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seáis fortalecidos, y entréis y poseáis la tierra a la cual pasáis para tomarla” (Deuteronomio 11:7-8).
Recuerda lo que han visto tus ojos de su extraordinario poder:
El rostro es la ventana del corazón. ¿Qué dice tu rostro en los momentos de alabanza a Dios? ¿Cantas con entusiasmo y felicidad?
¿Se alegran tus labios?
Los labios alegres denotan la alegría que embarga el corazón que alaba a Dios de todo corazón. Tal alegría no significa una vida apacible; sino un reconocimiento de la misericordia divina en nuestras luchas y desafíos, a pesar de nuestra propia y total indignidad.
El continuo reconocimiento de la justicia divina y su gracia bienhechora nos inunda de un gozo que no podemos esconder al cantar al único Dios verdadero. Nuestra alegría brota porque es incontenible.
Gracias, Padre celestial, por la gran misericordia que has mostrado con este pecador. No merezco tu bondad, pero te alabo por la bendición de ver un nuevo día.
“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. 24 Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré ” (Lamentaciones 3:22-24).
Tu fidelidad me conmueve, tu bondad es sin precedentes. ¿Quién sino tú mostraría tanto amor hacia un miserable pecador? Hoy ante tu trono, agradezco el sacrificio de Jesús, quien dio su vida por mí para darme vida nueva. Gracias por la salvación que obró allí en mi favor.
El mismo Dios que viste a la flor de una
belleza sin igual cuida de cada hijo suyo. Con ternura y amor provee para sus
necesidades. También prometió su Espíritu Santo para bendecirnos con su
compañía cada día, cada momento, en toda circunstancia y lugar.
¿Has sido vivificado por las gracias del Espíritu?
El corazón que alaba a Dios genuinamente no es uno libre
de desafíos,
sino uno que ha sido vivificado por las gracias del
Espíritu. Por eso de su ser emana esa fragancia de amor divino que se eleva en
notas de alabanza, gratitud y regocijo, fruto de la creciente fe en su Hacedor.
Hoy, eleva a Dios tu alabanza. Permite que
tu vida testifique de un Dios vivo, compasivo y fiel.
Solo gracias tengo para darte hoy que
termina un año.
¿Qué más podría yo decirte por las
innumerables veces que me has perdonado?
Gracias,
Señor amado, gracias por haberme amado.
Gracias
por tantas veces que mi clamor has escuchado.
Gracias
por permitirme hasta aquí haber llegado. No lo merezco. Solo agradezco.
Gracias
por ese abrazo con que me abrigas cada día,
Gracias
por dar a Jesús, y por tu Palabra, segura guía.
Gracias
por mi familia, la que me acepta, me cuida, me ama.
Gracias
por darme aquí el privilegio de servirte.
Gracias
por las pruebas y aún los vientos de tormenta, porque nunca me abandonaste a mi
propia y oscura suerte.
Gracias
por los tropiezos que en el camino hallé. Me llevaron un peldaño más cerca de
Emanuel.
Gracias
por las heridas que en la batalla adquirí, pues tú las sanaste todas y me
hiciste muy feliz.
Gracias
por tu cuidado y tu amorosa protección, que me guardaron del maligno en toda
ruda tentación.
Gracias
por las lágrimas que me tocó derramar, pues por ellas limpiaste mis ojos con el
colirio celestial.
Gracias
por cada amigo, por cada hermano, por cada niño que a mi vida has traído. De todos quiero aprender solo lo bueno, lo
puro y lo virtuoso; y que mi ejemplo no sea tropiezo, sino de compañerismo con
quien es el Camino, la Verdad, y la Vida.
Gracias
por los pedidos que aun no me has contestado. Tus planes son más altos; tu
tiempo, ventajoso.
Gracias
por los reveses, las circunstancias amargas, pues ahí te oigo decir: “Hija, bástate
mi gracia”.
Gracias
por la provisión de tu Espíritu Santo, pues nunca en esta senda me dejaste caminar
sola.
Gracias
por el dolor que a mi puerta ha tocado. Me haces saber que en ti solo está el
verdadero gozo.
Gracias por las privaciones que a veces experimenté. Tú solo eres mi verdadero Jehová Jireh.
Gracias
por el dolor, la penuria, la aflicción. Tú tornaste mi llanto en una nueva y
hermosa canción.
Gracias por la persecución, las burlas y el escarnio; me hacen valorar tu vituperio al tomar mi lugar.
Gracias
por la maldad que gusté de tantos que fingen
que te aman. Me llevas a comprender que no hay amor real, si no viene de
Jehová.
Tan solo: “GRACIAS”, puedo decirte por permitirme a mí terminar este año con sus risas, con sus retos y su lección. Los días buenos fueron de gracia; los días tristes, de instrucción; pero en ninguno se apartaron de mí tu magna gracia y tu bendición.
Todo quedó atrás, los retos, llantos y desafíos, las ofensas y las heridas, los dolores, mis desaciertos. Todo quedó atrás. Perdoné porque fui perdonada. Cristo limpió mi culpa. Todo quedó atrás.
Solo Cristo está al frente. Él es mi única esperanza. Él es mi roca, Él es mi fuerte. En Él confío, con Él camino hacia un futuro de bendición, aunque ande el valle de sombra de muerte.
Gracias,
amado Cristo. Gracias, mil gracias, por tanta bondad. Quiero contigo emprender
camino este año nuevo, de aquí y ahora a la eternidad.