Este material fue preparado para el tema 10 de la Serie OASIS DE BENDICIÓN: Perdónanos Nuestras Deudas. Puedes verlo aquí: https://youtu.be/gwiuvu2pAbk.
Los discípulos de Cristo esperaban el advenimiento inmediato del reino de su gloria; pero al darles esta oración Jesús les enseñó que el reino no había de establecerse entonces. Habían de orar por su venida como un suceso todavía futuro. Pero esta petición era también una promesa para ellos. Aunque no verían el advenimiento del reino en su tiempo, el hecho de que Jesús les dijera que oraran por él es prueba de que vendrá seguramente cuando Dios quiera.
El Diccionario de la Real Academia Española define “Confianza” así: “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo”. También se identifica la confianza como el “ánimo, el aliento y/o el vigor para obrar”.
Generalmente, confiamos en personas que nos aman y están comprometidos en nuestro bienestar. Asimismo ponemos cierto grado de confianza en aquellos que, aunque desconocidos, tienen como labor y responsabilidad primordial el bienestar de los demás: Personal médico, bomberos, policías y otros servidores públicos.
Además de sus padres, familiares y amigos, los niños y estudiantes, generalmente, confían en sus cuidadores, profesores, instructores, entrenadores, líderes espirituales, etc.
Dios escucha los pedidos por la salvación de cada ser humano que presentamos ante el trono de la gracia.
Promesa para ésta semana:
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”
(1 Juan 5:14-15).
Dios escucha los pedidos por la salvación de cada ser humano que presentamos ante el trono de la gracia. Esta confianza o seguridad de la respuesta divina genera gozo, imperturbabilidad, estabilidad y determinación en nuestra intercesión.
Puntos claves
Confianza-confiamos en Dios porque sabemos que nos ama.
Conforme a su voluntad-Requisito indispensable para que Dios
oiga(acepte y conceda respuesta afirmativa a nuestra petición).
Si sabemos que él nos oye-si estamos al tanto de, si comprendemos y creemos que Dios nos oye,
Sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho–también tenemos la seguridad de la respuesta afirmativa en cuanto a los pedidos presentados al cielo.
Amigo, hoy, Dios nos invita a poner toda nuestra
confianza en Él. Puesto que la voluntad divina es la salvación de cada ser
humano, oremos con la total seguridad de que Dios está obrando en el corazón de
aquellos por quienes oramos. Oremos determinada y constantemente; asimismo necesitamos
estar firmemente anclados en su Palabra, y disfrutar de esa paz que sobrepuja
todo entendimiento mientras esperamos ver la respuesta divina hecha una dulce
realidad.
COMPARTE ESTA
PROMESA, QUE SEA DE BENDICIÓN EN TU FAMILIA Y MUCHAS FAMILIAS.
Esto no es algo
casual. Cada semana apartamos este día para orar y ayunar en forma especial por
este propósito.
¿Quién? Tú estás invitado. Únete en
ayuno y oración por nuestros hijos y familia.
¿Cuándo? Cada viernes, de 1:00
pm hasta sábado, 1:00 pm. O sea, después del almuerzo del viernes, comenzamos
el ayuno: evitamos la cena del viernes y el desayuno del sábado. Terminamos a
la 1:00 pm el sábado, (a tiempo para disfrutar el almuerzo en familia).
¿Cómo hacerlo?
Repasa en silencio la
promesa para hoy.
Aparta varios momentos en
el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide
que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
Si deseas, escribe la
promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.
Al terminar el ayuno para
almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que concederá a
tu familia y a cada familia por quien estamos orando.
¿Qué más puedo hacer? Comparte esta promesa y esta invitación con otros que desean ver a sus familias en el reino de los cielos. Hagamos un cerco de oración alrededor de nuestras familias.
En cualquier ámbito de la
vida, es lindo trabajar cuando podemos ver frutos de nuestro esfuerzo. Pero
trabajar sin lograr algo tangible no es agradable, sino desalentador. La
Palabra de Dios nos relata de una situación similar: Léela. Se encuentra
en Lucas 5:1-11.
Al amanecer, Cristo venía de pasar un rato tranquilo a orillas del lago. La multitud se agolpaba, buscando oír al Maestro. Los discípulos regresaban de una noche de trabajo infructuosa.
Foto por Peek A Boo@Unsplash.com
Pedro había estado pensando en Juan el Bautista, ahora encarcelado. Seguir a Cristo era todo un reto, pues los líderes religiosos se oponían a él. Ahora, ni siquiera el trabajo de pesca en el cual era un experto, le aportaba provecho alguno. Su corazón guardaba un remolino de pensamientos y sentimientos, cansancio, dudas, desilusión, anhelos, y la necesidad de provisión era tangible, pues de la pesca provenía su sustento y el de su familia. También pesaba sobre él que sus compañeros de labor estaban seriamente afectados por su fracaso…
Cristo, en la barca, pidió a Pedro que apartarse la barca de la orilla, y desde allí se dirigió a la multitud ansiosa y hambrienta de palabras de vida. Terminada su labor, pidió a Pedro que bogase mar adentro y echase las redes para pescar. Esto y más pudo cruzar la mente de cualquiera de los discípulos:
Foto por Cassiano Psomas @Unsplash.com
—¿En serio?
—¿De día?
—Maestro, ¿Te olvidas de que no es el mejor momento?
Una declaración de FE:
Agotado y con las manos vacías, Pedro resolvió creerle a Cristo.
“Respondiendo Simón, le dijo al Maestro: toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red” (Lucas 5:5).
Lecciones entretejidas en redes
Foto por David Clode@Unsplah.com
Lo que siguió fue una maravillosa manifestación del poder divino
que dio a los discípulos la seguridad de que quien estaba delante de ellos:
Es el Hijo de Dios.
Conoce los anhelos de su corazón.
Tiene poder para obrar en las situaciones más adversas.
Es capaz de suplir TODAS sus necesidades.
Escucha y concede el humilde clamor de su corazón.
Les ama profundamente.
Tiene en vista el momento más apropiado para derramar su bendición.
¡En la vida de quienes siguen sus instrucciones, Cristo tiene la última palabra!
Foto por Pietro Caspani @Unsplash.com
Promesa para esta semana:
“Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (Lucas 5:10, u.p.).
Tal vez estás cansado, frustrado y desalentado. Quizá estás viendo tus más caros sueños esfumarse cual niebla a la luz del sol. En vez de ver algún progreso espiritual en la vida de aquellos por quienes estás orando, pareciera que cada vez están más renuentes, menos interesados, más ofuscados en otras cosas…
La fe se ejerce antes de ver la respuesta.
Como Pedro, tú y yo necesitamos obrar por amor a Cristo y por fe en la Palabra de Dios. Necesitamos actuar, no porque ya hayamos visto algún indicio positivo, sino en obediencia a su llamado, en respuesta a su orden y en total sumisión a su Palabra.
¡Cristo tiene la última palabra!
Así como la red no salió del agua vacía, la Palabra de Dios tampoco retorna vacía. Cristo dijo a Pedro, y a todos sus discípulos a través de todas las edades: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”. Personalmente, escojo creerle a Cristo. Escojo continuar orando hasta ver mi red llena y desbordante de la manifestación del poder de Dios obrando en respuesta a nuestra sumisión y obediencia.
Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis; (Amós 5: 4).
El pueblo de Israel se había apartado de Dios, tras los ídolos de las naciones paganas. En vez de darles a ellos un ejemplo del culto al único y verdadero Dios, se habían prostituido en la forma más baja, al punto de hacer pasar a sus hijos por el fuego. En su misericordia, Dios llamó a Israel: “Buscadme y viviréis”.
Hoy, su llamado es el mismo: Búscame para que vivas tú y tu casa.
No habrá un reavivamiento mientras no busquemos a Dios. No habrá una reforma mientras continuemos nuestra vida de la manera acostumbrada. No hay vida significativa aquí, ni habrá vida eterna si no buscamos al Dios CREADOR, si no tenemos una verdadera relación con el Autor y Consumador de nuestra fe.
Éxito duradero
El éxito terrenal se esfuma por la enfermedad. La plata, la fama, los logros, no nos aseguran la vida. Solo en buscar a Dios está la garantía de vida eterna.
Nuestra vida, familia, nuestro mundo no mejorarán hasta que tú y yo hagamos un alto en la carrera desenfrenada de la vida y nos detengamos a buscar a Dios en quietud, en oración y en el estudio reverente y consistente de su Palabra.
Mientras estudiemos con anhelo urgente de conocer su voluntad, oremos que el Espíritu Santo ponga en nosotros el deseo ferviente de obedecerla diligentemente, pues nada reemplaza la obediencia sincera, sin la cual estaremos despojados del Espíritu Santo.
Por el camino de la vida andan tantos por quienes se elevan las súplicas para que tengan un encuentro con Dios. Saulo iba en su camino, seguro, decidido, su mente fija en el blanco propuesto. (Lee sel recuento bíblico aquí.)
Repentino resplandor
Rumbo a la conquista de sus pérfidos propósitos, le rodeó Cristo con el resplandor de su presencia. La voz que dio al universo existencia, lo detuvo, y lo retuvo. Cuando la luz divina resplandece en el alma, la oscuridad se esfuma y solo Cristo brilla.
Foto por Joshua Woroniecki @unsplash.com
Tiempo señalado
Insiste y persiste en tu intercesión. Dios ha oído tu clamor. En el calendario divino ya está el encuentro señalado que detendrá en su camino a quien persigue sueños vanos. Cristo usará el momento y método impensado para llamarlo al Camino, y llevarle a feliz destino.
¿Recuerdas aquella vez que te dolía el estómago de hambre? ¿Estuviste con la garganta seca de sed?
¿Alguna vez experimentaste tan intenso deseo de Dios que sentiste que si no lo obtenías pronto morirías? Quien siente hambre y sed de justicia se reconoce pecador y aborrece su pecaminosidad. Anhela ardientemente reflejar el carácter de Cristo, que es amor, y obedecer sus mandamientos, que son justos y buenos (Ver Romanos 7:12).
Bienaventurados los que tienen hambre y
sed de justicia, porque ellos serán saciados (Mateo 5:6).
El
hambre y la sed profundas movilizan a buscar con urgencia el alimento que
mitigue su apremiante necesidad. Cuando
el alma siente hambre y sed de Dios es porque el Espíritu Santo la ha
inquietado; y Cristo, el pan de vida, está tocando a la puerta del corazón, para
abrir ante él las abundantes riquezas de su Palabra.
La Palabra
de Dios es la fuente de vida, y si la anhelamos, el Espíritu Santo hará la obra
que se propone hacer: colocar el alma hambrienta en comunión con Cristo, para
que el Salvador sacie su necesidad a medida que éste pasa tiempo en comunión con la fuente
inagotable de vida.
“La justicia de Dios está personificada
en Cristo. Al recibirlo, recibimos la justicia”.
“No se obtiene la justicia por
conflictos penosos, ni por rudo trabajo, ni aun por dones o sacrificios; es
concedida gratuitamente al alma que tiene hambre y sed de recibirla” (DMJ, 20-21).
“El corazón que probó el amor de Cristo,
anhela, incesantemente beber de él con más abundancia, y mientras lo impartimos a otros lo
recibiremos en medida más rica y copiosa.” DMJ, 22.
Una mujer viuda, creyente, estaba en serios problemas. Explicó al profeta su caso: El acreedor llegó para llevarse dos hijos como esclavos.
Lo que no tenía
Ella no tenía esposo, ni recursos, ni sustento; no tenía familia cercana que le ayudara, excepto sus hijos. Cuando peor estamos, aparece una prueba mayor: El acreedor no espera por nadie, no acepta explicaciones, ni se inmuta ante el dolor ajeno, puesto que él mismo es el causante. El enemigo viene a destruir, a quitar lo que Dios te dio, el gozo, la paz, la salud y tu familia…
El esposo era siervo de Dios
El sacerdocio espiritual se ejerció debidamente. Un hombre temeroso de Dios es ejemplo y bendición a su familia. La madre enseñó a sus hijos el temor de Jehová. No obstante, la tragedia invadió su hogar. Dejó dolor, soledad, escasez, necesidad y gran incertidumbre. La perspectiva de perder dos hijos era más de lo que su oído podía escuchar o su alma soportar. Entonces… clamó. El profeta, solícito atendió su clamor.
Lo que tú y yo tenemos en casa le importa a Dios.
Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite (2 Reyes 4:2).
— ¿Qué tienes en casa?
— Tu sierva ninguna cosa tiene en casa sino una vasija de aceite.
¿Se llevó el acreedor tu gozo, tu paz, tus sueños, tu salud o tu familia?
Hoy, Cristo nos invita a reflexionar en algo de suma importancia. Su pregunta es: ¿Qué tienes en tu casa?