
Libro “La Oración”, Cap. 1, p. 9.2
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Oh Jehová, de mañana oirás mi voz. De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.”—Salmos 5:3
¡Cuán grande anhelo sentía el salmista por su señalado encuentro divino! Para David era una prioridad diaria el encuentro matutino con Dios. No era un encuentro por impulso ni de cuando en cuando. Tenía una costumbre diaria, una cita designada para venir delante de Dios y esperar en su presencia.
Nosotros sacamos tiempo para lo que consideramos digno de nuestro tiempo. David reconocía que el tiempo era un don concedido por el cielo. Entendía bien la mayordomía y la practicaba como una regla de vida esencial para su existencia. Por eso, mañana tras mañana comulgaba con Dios en oración.
¿Te extraña la dulce comunión con Dios que vivía David? ¿La anhelas? Una vida de oración efectiva NO se logra sin un compromiso constante y perseverante de apartar TIEMPO PARA ORAR.
¿CÓMO COMENZAR?
- Comienza apartando 10 minutos en la mañana.
- Alaba a Dios por quien él es.
- Dale gracias por ese nuevo día y oportunidad.
- Háblale sobre algo que te preocupe.
- Pide su dirección para lograr el propósito diario de separar tiempo de calidad para hablar con él.
- Agradece su invitación (Hebreos 4:16) y su promesa de escuchar tu oración (Jeremías 33:3).
- Lee una pequeña porción de su Palabra. Hazla tuya. ¿Qué te dice a ti? Pide a Dios que te enseñe cómo vivir éste día lo que aprendiste en su Palabra.
- Ponte a su disposición y agradece su poder para hacer en ti su voluntad éste día.
DECIDE HOY: Una vida de oración efectiva comienza con el decidido compromiso de apartar el primer tiempo del día para hablar con nuestro Padre celestial.
COMPARTE: ¿Qué parte de tu día apartaste para orar? ¿Cuál fue el resultado de tu compromiso de sacar tiempo para orar?
Padre, pon en mí hoy y cada día ese anhelo urgente de comulgar contigo en oración y esperar en tu presencia tu aprobación y la conducción del Espíritu Santo. En el nombre de Jesús, Amén ©Rhodi Alers de López, 2025

Palabra de Dios para hoy:
Veamos Juan 17:9 -Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,
Esta oración fue como un preludio al sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario. Jesús, quien vivió una vida de constante comunicación con el cielo, fue muy intencional en este tiempo de comunión con su Padre celestial. Esta oración muestra el corazón de Cristo, tierno, amoroso, interesado hasta lo sumo en el bienestar de los suyos, asegurándose de que no les faltara nada a quienes tanto amaba.
¿Sabías? La oración intercesora nos acerca a Cristo. De esta oración podemos aprender a orar por nuestros seres amados y otros en nuestro círculo de influencia.
Juan 17:9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,
Amante Padre celestial, gracias por cada uno de aquellos que me has dado. Gracias individual y colectivamente por ellos. Gracias porque deseas salvarles. Gracias porque pones en mí la necesidad de venir ante ti con el clamor en esta hora crucial en que vivimos. Padre ruego por los que me diste. Son mis amados. Mira cuánto te necesitan. Obra para que ninguno falte cuando tú vengas a buscarnos. Gracias porque Jesús murió para salvarlos a ellos también y tú les amas más que nadie. Gracias por escuchar y contestar mi clamor en su favor. En el nombre de Jesús, Amén.
©Rhodi Alers de López, 2025-Agosto 15,
Para eventos especiales, son útiles las Estaciones de Oración. Estas son centros de actividad de oración por un motivo específico, en la que una persona o grupo de personas siguen las instrucciones que da un líder, (o que pueden estar colocadas en cada estación) con el propósito de guiar al participante a experimentar un pasaje bíblico o enseñanza bíblica específica. En realidad una estación de oración es un centro de aprendizaje que beneficia a grandes y chicos, según se haya preparado.
¿Cómo Preparar las Estaciones?
¿Qué lección primordial queremos lograr en esta convocación?
¿Cómo puedo ayudar a que los asistentes oren por los desafíos que afrontamos o las necesidades que tenemos?
Ore al respecto. Abra su Biblia. Dios le indicará qué pasaje utilizar como incentivo (temática) de oración.
Recuerde: Dios desea ese encuentro más que lo que ningún ser humano puede imaginar.
Crear un ambiente acogedor y que invite a la reverente comunión con Dios deja dividendos para la eternidad. El éxito en la preparación depende de que ud. colabore con Dios y se deje guiar por el Espíritu Santo.
No olvide que las grandes victorias se ganan de rodillas, ante Dios.
©Rhodi Alers de López
¿Sabes? Orar por otros nos une a Cristo, el Intercesor por excelencia. Tomar tiempo de nuestra cargada agenda diaria para orar por otros nace del amor genuino; el amor a Dios que nos lleva a amar al prójimo. La oración de intercesión es una oración de amor, aun por quienes solo conoceremos en el cielo.

La oración intercesora redunda en incontables bendiciones para esas personas por quienes se ora. Orar por otros también está acompañado de grandes bendiciones para el intercesor.
Algunas de ellas son:
1. Evita el egocentrismo.
2. Nos hace compasivos.
3. Nos llena del amor de Cristo hacia aquellos por quienes Jesús murió.
Pablo, sintiendo la carga de la extensa misión a él encargada, reconociendo su fragilidad humana, y conociendo las bendiciones que la comunión con Dios trae a sus hijos, instó a los creyentes: Hermanos, orad por nosotros”-1 Tes. 5:25. Hagamos uso del hermoso privilegio de la oración de intercesión y seamos instrumentos de amor y bendición.
Comparte y comenta: ¿Eres un intercesor? ¿Cómo ha impactado tu vida el orar por otros? © Rhodi Alers de López