
Promesa para ésta hora
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
Génesis 3:15
Al comienzo de la historia de la humanidad, el día que el pecado entró a la Tierra, Cristo llegó al jardín del Edén en busca de la atemorizada pareja. Con amor les llamó para que reconocieran su condición, su necesidad, y que su “escondite” nada les resolvía.
Habló con la pareja. Cristo no minimizó lo sucedido, sino que enseguida puso en acción el plan de salvación. También se dirigió a la serpiente y le dejó saber que su astuto plan tenía un plan de contraataque que es infalible. Le hizo saber a la serpiente engañadora quién tendría la última palabra en el conflicto entre el bien y el mal.
En Génesis 3:15 Cristo establece que se sufrirán heridas en ambos bandos, pero será la serpiente quien recibirá la herida mortal.
Hoy también quien más necesita de Cristo se esconde tras diversas responsabilidades, placeres, reputación, amistades, etc. Cuando pienses que no ves todavía la respuesta a tu intercesión por la salvación de otros, recuerda que unos y otros seremos afectados en la lucha entre el bien y el mal. No te desalientes por las aparentes bajas. La herida del bando de Cristo es en el calcañar, pero la serpiente recibirá herida de muerte. Cristo ya aseguró tu victoria y la mía. Aseguró que la lucha no será en vano. Por eso, lucha en oración en plena confianza, porque victoria se escribe con oración.
Oremos,
Amante Padre celestial, creemos en tu promesa. Hoy te alabamos porque la serpiente tiene sentencia de muerte, pero quienes hemos creído en tu Palabra tenemos promesa de victoria. Te entregamos nuestras familias, amigos, vecinos y listas de quienes deseamos ver en el cielo. Porque Cristo murió por ellos, sabemos que tú les amas más y tienes el poder de salvar. Gracias por tu promesa y la victoria. En el nombre de Jesús, Amén. © Rhodi Alers de López, Enero 2022

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