Ayuno & Oración por la Salvación de Hijos & Familia-Jeremías 24:7

Promesa: 

 Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón.  Jeremías 24:7.

¿Estás ayunando y orando por la salvación de aquellos que deseas ver en el reino de los cielos? ¿Te llena de frustración no ver a tus hijos, familia o amigos progresando en su relación con Dios como anhelas? ¿Te desespera ver pasos en la dirección equivocada? Dios promete obrar en sus corazones (mentes) de modo que conozcan a Jehová y le reconozcan como Señor de sus vidas.

Dios obra de formas que tú y yo no podemos ni siquiera imaginar. Tiene todos los recursos a su disposición y no ha dejado a la deriva a aquellos por quienes oramos por salvación. Que cobre aliento tu corazón y reanude su intercesión en toda hora, con la seguridad de que esta es la voluntad de Dios: SALVAR. Aquel que dio a su Hijo por salvar a la humanidad  caída, promete que ellos (aquellos por quienes estamos orando por salvación) cambiarán de rumbo: “se volverán a mí de todo su corazón”.  O sea, no vendrán por los panes y los peces, vendrán porque el Espíritu Santo habrá tocado su corazón y habrán comprendido su necesidad de salvación. Ya no rechazarán el llamado, sino que correrán a los brazos del único que les puede salvar. ¡Gloria a Dios por cada hermosa promesa de salvación!

Oremos: 

Amoroso Padre celestial, te alabo. Exalto tu bondad y gran amor. En esta hora, humillada ante ti, reconozco que tu especialidad es salvar. Tú amas a mis hijos, familiares y amigos más que yo. Tú diste a tu Hijo para que tengamos salvación. Hoy, confiando en tu promesa, agradezco tu disposición y tu poder para cambiar vidas. Te alabo porque eres fiel . Gracias porque cambiarás el corazón de mis hijos, familia y amigos; y ellos se volverán a ti sinceramente, para hacer tu voluntad. Gracias, gracias, gracias. En el nombre de Jesús, Amén.

COMPARTE ESTA PROMESA, QUE SEA DE BENDICIÓN EN TU FAMILIA Y MUCHAS FAMILIAS.

Esto no es algo casual. Cada semana apartamos este día para orar y ayunar en forma especial por este propósito.

¿Quién? Tú estás invitado. Únete en ayuno y oración por nuestros hijos y familia.

¿Cuándo? Cada viernes, de 1:00 pm hasta sábado, 1:00 pm. O sea, después del almuerzo del viernes, comenzamos el ayuno: evitamos la cena del viernes y el desayuno del sábado. Terminamos a la 1:00 pm el sábado, (a tiempo para disfrutar el almuerzo en familia).

¿Cómo hacerlo?

  • Repasa en silencio la promesa para hoy.
  • Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
  • Si deseas, escribe la promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.
  • Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que concederá a tu familia.

¿Qué más puedo hacer? Comparte esta promesa y esta invitación con otros que desean ver a sus familias en el reino de los cielos. Hagamos un cerco de oración alrededor de nuestras familias. Humillemos nuestras vidas en ferviente oración y ayuno. Dios responderá. Veremos su victoria.

Recuerda: Victoria se escribe con oración.

Dios te bendiga y conceda los pedidos de tu corazón conforme a su promesa y gran misericordia.

COMPARTE y COMENTA: ¿Cómo está Dios obrando en respuesta a tu oración?

Ayuno & Oración por la Salvación de Hijos & Familia-Mateo 7:7-8

Promesa para hoy:

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.  Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá (Mateo 7:7-8).

Llamad, y se os abrirá.

Cristo nos dió una triple promesa. ¿Le creeremos?

Nos invita a pedir porque anhela darnos mucho más de lo que nuestro corazón sabe desear.

Nos invita a buscar porque se deleita en guiarnos hasta hallar la bendición que buscamos con todas las fuerzas de nuestro ser.

Nos invita a llamar a su puerta, y está deseoso de escuchar ese toque que le indica que un hijo suyo ansía su compañía, su ayuda, su comunión, su provisión y su abundante gracia. ¡Su puerta está entreabierta! ¡Solo acércate a su presencia y agradece su benevolencia!

Clamemos, entonces, con la total seguridad de que Dios está más deseoso de responder que lo que nuestro corazón alcanza a comprender.

Te invito a orar:

Padre celestial, te alabo por tu misericordia e infinita bondad. En tu grande amor, has dejado para mí una triple promesa, mostrando el más caro anhelo de tu corazón, que es bendecir a cada hijo tuyo. Tú eres mi respuesta. Tú eres mi provisión. En ti se hacen realidad los más caros sueños del corazón que busca incesantemente tu rica gracia. A tu puerta halla misericordia el menesteroso. Gracias porque tú amas a mis hijos más que este pobre corazón. En ti halla paz mi ser, porque tú eres fiel. Aquellos que me diste, los pongo en tus manos, porque allí estarán seguros. Tu mano los guiará, tu gracia les alcanzará. Gracias, Señor, por tu amante respuesta. En el nombre de Jesús, Amén.

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  • Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
  • Si deseas, escribe la promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.
  • Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que concederá a tu familia.

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Ayuno & Oración por la Salvación de Nuestros Hijos & Familia-Jeremías 30:20

Promesa para hoy: 

“Y serán sus hijos como antes, y su congregación delante de mí será confirmada; y castigaré a todos sus opresores” (Jeremías 30:20).

¿Han cambiado de interés tus hijos? Ora. ¿Se han apartado del camino de Jehová? Ora. ¿Te preguntas por qué no están de vuelta ya? Ora. ¿Te asusta el pensar que el tiempo de gracia se acaba y no ves en ellos muestras de interés en su vida espiritual? Ora más. Ora, ayuna y lee la Palabra de Dios. No oraremos en vano.

¿Qué te dice Dios en su Palabra? Sin duda te invita a ti también a un cambio de actitud: sus promesas deben llevarte de la duda a la fe. Deben éstas elevarte del desaliento a la agradecida esperanza . Deben ellas llevarte a una renovada confianza en el único que puede salvar.

Esos hijos que una vez se deleitaron en el conocimiento del Dios verdadero volverán a ser fieles adoradores de Jehová. Volverán a regocijarse en la Palabra viva y se postrarán en reverencia al Señor que los rescató de su vana manera de vivir.

¡Creo en tu promesa, Señor!

Sea nuestra oración: Padre bueno, Padre de misericordia, en tu presencia estoy leyendo Tu Palabra que es más dulce que la miel. Creo en tu promesa. Mis hijos serán como antes. Te servirán con alegría. Cámbiame. Lléname de ti, para que mi descendencia vea a un Cristo vivo, capaz de transformar. Hoy te alabo por tu fidelidad y, por fe, celebro tu victoria en mi propia vida y tu victoria en la vida de mis amados. Gracias por el sacrificio de Cristo en nuestro favor. A Él sea la gloria y la honra por siempre. En el nombre de Jesús, Amén.

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  • Si deseas, escribe la promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.
  • Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que concederá a tu familia.

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Ayuno y Oración por la Salvación de Nuestros Hijos y Familia-Lucas 19:10

Promesa para hoy:

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

Lectura sugerida: Lucas 19:1-10.

La historia de Zaqueo es muy conocida. Era judío y traidor a la vista de sus compatriotas. Su posición como recaudador de impuestos, sinónimo de injusticia y extorsión, lo hacía despreciable. Sin embargo, su corazón era susceptible a la influencia divina. Subió al sicómoro procurando ver a Cristo, porque sus palabras habían impactado su ser.

  1. ¿Habrá alguno que se reconozca de baja estatura espiritual y quien esté procurando ver a Jesús entre nosotros?
  2. ¿Despliega mi vida una actitud como la de Cristo, o es una de crítica, como la de los dirigentes religiosos de entonces?

Zaqueo ya estaba haciendo restitución; no obstante, las sospechas y actitudes de su pueblo no le alentaban.

¿Alguna vez pensaste en cómo llegar a ser “sicómoro” que ponga a otros en un lugar estratégico de dónde puedan ver a Cristo? Nuestra influencia necesita ser así, como aquel sicómoro.

Nunca estamos en posición de juzgar. Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Hoy, agradece su misericordia para contigo, y elige ser de aliento e inspiración para todo aquel que, como tú y yo, necesita la gracia divina.

Oremos: Amante Padre celestial: Gracias por enviar a tu Hijo a buscarme. Dame tu gracia para que yo nunca sea tropiezo para aquellos que están siendo guiados a ti por el Espíritu Santo. Gracias por que me enseñarás a amar y alentar a aquellos que están en mi círculo de influencia, para que también Tú poses en sus casas. Gracias por el sacrificio de Jesús en mi favor y en favor de mi familia. Gracias por la Salvación que ya estás obrando en cada uno. En el nombre de Jesús, Amén.

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  • Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que concederá a tu familia.

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Ayuno & Oración por la Salvación de Nuestros Hijos & Familia-Isaías 59:19

Promesa para hoy: 

Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol su gloria; porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él (Isaías 59:19).

Es posible que hayas ayunado y orado por largo tiempo por tu familia. O tal vez, apenas decidiste comenzar a colaborar con Dios en este aspecto. No desmayes. El enemigo pone pensamientos de derrota y de desánimo en quienes buscan la bendición de Dios para sí mismos o para otros.

La promesa divina es segura. Cuando el enemigo traiga nubes de duda, relámpagos frustración y aguaceros de desánimo, el Espíritu de Jehová levantará bandera en defensa nuestra.

La pluma inspirada escribió:

 Cuando Dios nos concede su protección y nos dice: “Sois colaboradores conmigo”, estamos seguros aún en medio de los mayores peligros. Cuando Satanás trata de engañar a los hijos de la fe, el Señor levanta bandera contra el enemigo en favor de los que están trabajando concienzudamente en armonía con él. La bandera que levanta es su ley. Los que obran con justicia tienen siempre un Amigo a su disposición para ayudarles. En todo momento de necesidad, dificultad y perplejidad, está cerca de ellos. Cuando están tentados, se presenta como su Defensor para decir: “Os voy a guiar. Os voy a librar de la perplejidad y voy a ser un escudo para vosotros contra la maledicencia”. EGW-Cada Dia Con Dios, p. 197.3

Cuando con fe y humildad seguimos el consejo de Cristo y ayunamos y oramos por quienes deseamos ver en el cielo, el enemigo está vencido. Sus insinuaciones y maldiciones son anuladas por el Espíritu de Dios. Hemos de ver la respuesta a nuestra súplica. Cree hoy y sigue creyendo. Cristo te dará la victoria.

Oremos:

Padre celestial, gracias porque estás interesado en la salvación de cada miembro de mi familia. Aumenta mi fe y fortaléceme en mi propósito de ser un instrumento de bendición en sus vidas. Gracias porque tu Santo Espíritu me recuerda tus promesas, para que mi fe no vacile. Gracias por la obra que harás
en mi vida y en mi familia. En el precioso nombre de Jesús, Amén.  

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¿Cómo hacerlo?

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  • Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que concederá a tu familia.

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Ayuno & Oración por la Salvación de Nuestros Hijos y Familia-Isaías 29:22-24

Promesa para hoy: Isaías 29:22-24

22 Por tanto, Jehová, que redimió a Abraham, dice así a la casa de Jacob: No será ahora avergonzado Jacob, ni su rostro se pondrá pálido; 

23 porque verá a sus hijos, obra de mis manos en medio de ellos, que santificarán mi nombre; y santificarán al Santo de Jacob, y temerán al Dios de Israel. 

24 Y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.

 

No te canses de orar y ayunar por la salvación de tu familia. El mismo Dios que libró a Abraham de muchas situaciones, lo sacó de una tierra de idólatras y lo guió a la Tierra Prometida, prometió obrar en la vida de su descendencia. Esta descendencia fue causa de vergüenza en reiteradas ocasiones: continuamente se volvieron idólatras, por costumbre no aceptaban a los profetas enviados por Dios para amonestarles y rechazaron abierta e insistentemente al Mesías prometido. A pesar de su propia terquedad, Jehová promete que Jacob no será avergonzado. Él obrará en medio de ellos y conocerán a Dios, respetarán con reverente temor a Jehová y santificarán al Creador.

Esta descendencia (los extraviados de espíritu) que parece no querer nada que ver con Dios ni con su Palabra, se dejará guiar y enseñar. Dios les dará mansedumbre. Aun si criticaron o se burlaron de quienes sirven a Dios, por la gracia del Padre celestial, tendrán una actitud diferente que propiciará el aprendizaje de la verdadera sabiduría y un temor reverente les llevará a aprender la doctrina de salvación.

Esta promesa es preciosa y válida hoy aquí. Ora su contenido con fe y humildad, pero con agradecimiento. Dios es fiel.

Isaías 29:22-24

Oremos:
Padre celestial, alabo tu nombre y agradezco este rayo de luz que trae esperanza a tantos corazones que claman por la salvación de su familia. No nos mires a nosotros, imperfectos y débiles pecadores. Mira a Jesús quien murió para salvarnos. Permite que por su gracia, nuestra familia santifique al Dios de Jacob y teman al Santo de Israel. Perdona a los de espíritu rebelde y obra en ellos para que humillados al pie de la cruz aprendan  la verdadera sabiduría y conozcan a Cristo, el único a través del cual tenemos salvación. En el precioso nombre de Jesús, suplico y agradezco, Amén.

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¿Cómo hacerlo?

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  • Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
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Ayuno & Oración por la Salvación de nuestros hijos y familia-Juan 16:7-8

Promesa para hoy: 

Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Juan 16:7,8.

Después de la ascension de Cristo, Dios envió al Espíritu Santo. Como Dios y representante de Cristo aquí en la Tierra, el Espíritu tiene una tarea especializada.

  1. Convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.  Solo conocemos nuestra necesidad a través de la obra del Espíritu Santo. Él alumbra nuestra oscuridad, revela nuestro pecado, la necesidad de un arrepentimiento, y de creer en Jesús. El Espíritu Santo nos coloca frente a la norma de justicia divina, la ley, los 10 mandamientos que expresan el caracter divino. El mismo Espíritu Santo nos alerta: Llegará el día del juicio. Cada ser humano decide si desea dar al Espíritu Santo la oportunidad de re-crear en él el carácter de Cristo. Llegará el día cuando todos los que se sometieron a su influencia santificadora serán recompensados con la vida eterna. Pero quienes rechacen su obra serán juzgados, juntamente con el príncipe de este mundo, quien ya ha sido juzgado (ver Juan 16:11).

 Ninguna persona se arrepiente a no ser por la obra del Espíritu Santo que le convence. Si aceptamos su obra, nuestro corazón, nuestra mente, y nuestros propósitos serán moldeados para estar en armonía con el corazón, la mente y los propósitos de Cristo.

“Por el Espíritu es purificado el corazón. Por el Espíritu llega a ser el creyente partícipe de la naturaleza divina. Cristo ha dado su Espíritu como poder divino para vencer todas las tendencias hacia el mal, hereditarias y cultivadas, y para grabar su propio carácter en su iglesia.”El Deseado de Todas las Gentes, 625{MGD 194.2}

Oremos:
Padre celestial, alabo tu nombre y agradezco la obra del Espíritu Santo. Anhelo ver a mi familia en el reino de los cielos. Suplico que tu Santo Espíritu toque sus vidas y les inquiete para que abran su corazón a tu influencia regeneradora. Gracias, porque tú les amas más que yo. Gracias por la victoria que el Espíritu Santo obrará en sus vidas. En el precioso nombre de Jesús, Amen.

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  • Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
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  • Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que concederá a tu familia.

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Ayuno & Oración por la salvación de nuestros hijos y familia-Isaías 29:22-24

PROMESA DE DIOS PARA HOY:  Por tanto, Jehová, que redimió a Abraham, dice así a la casa de Jacob: No será ahora avergonzado Jacob, ni su rostro se pondrá pálido; porque verá a sus hijos, obra de mis manos en medio de ellos, que santificarán mi nombre; y santificarán al Santo de Jacob, y temerán al Dios de Israel. Y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina (Isaías 29:22-24).

Le creemos a Jehová. Hacemos nuestra esta promesa. Oramos y clamamos a Dios para que nuestras familias:

  • Santifiquen el nombre de Dios,
  • Santifiquen al Santo de Jacob.
  • Teman al Dios de Israel,
  • Reciban sabiduría,
  • Acepten la instrucción divina.

Queremos verles en el reino de los cielos.
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Una invitación especial para cada viernes.

¿Quién? Tú estás invitado. Únete en ayuno y oración por nuestros hijos y familia.

¿Cuándo? Cada cada viernes, de 1:00 pm hasta el sabado a mediodía. (Viernes después de almuerzo, hasta almorzar el sábado con nuestra familia). O sea, solo evitamos la cena del viernes y el desayuno del sábado.

¿Cómo? Repasa en silencio la promesa para hoy.

Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo.  Pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia. Si deseas, escribe la promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.

¿Qué más puedo hacer? Comparte esta promesa y esta invitación con otros que desean ver a sus familias en el reino de los cielos. Hagamos un cerco de oración alrededor de nuestras familias. Humillemos nuestras vidas en ferviente oración y ayuno. Dios responderá. Veremos su victoria.

Recuerda: Victoria se escribe con oración.

Dios te bendiga y conceda los pedidos de tu corazón conforme a su promesa y gran misericordia.

 

Ayuno & Oración por la salvación de nuestros hijos y familia-Juan 16:7-8

¿Anhelas ver a tu familia en el cielo? ¡Sé parte de este momento especial!

PROMESA: Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16: 7-8).

Hacemos nuestra esta promesa.

Oramos:

Gracias, Padre celestial, por esta promesa que hoy pedimos se cumpla en nuestra familia. No deseamos que ninguno quede fuera de este círculo especial de oración. Obra en mi propio corazón. Obra en nuestros corazones. Obra en el corazón cada uno de aquellos que nos diste. Convéncenos del pecado y permite que lo veamos en su asquerosidad, tal cual es, para que arrepentidos, lo confesemos. Haznos sensibles a tu voz. Ayúdanos a comprender cuánto necesitamos ser revestidos de tu manto de justicia. Permite que ese día cuando los libros se abran en el juicio, nuestros nombres estén en el Libro de la Vida.

Hoy te suplico por mi familia y las familias de cada hermano y hermana que se inclina ante tu presencia pidiendo por la salvación de su familia. Concédenos el gozo de ver a nuestra pequeña grey preparándose para el encuentro con Cristo.

Lo suplico en el nombre de Jesús, nuestro Salvador, Amén.

Una invitación especial para cada viernes.

¿Quién? Tú estás invitado. Únete en ayuno y Oración por nuestros hijos y familia.

¿Cuándo? Cada cada viernes, de 1:00 pm hasta el sabado a mediodía. (Viernes después de almuerzo, hasta almorzar el sábado con nuestra familia). O sea, solo evitamos la cena del viernes y el desayuno del sábado. 

¿Cómo? Repasa en silencio la promesa para hoy. Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo.  Pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia. Si deseas, escribe la promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.

¿Qué más puedo hacer? Comparte esta promesa y esta invitación con otros que desean ver a sus familias en el reino de los cielos. Hagamos un cerco de oración alrededor de nuestras familias. Humillemos nuestras vidas en ferviente oración y ayuno. Dios responderá. Veremos su victoria.

Recuerda: Victoria se escribe con oración. ©Rhodi Alers de López, 2017

Fifth Cry: “Use me”-Additional Reading

To use with URGENT CALL TO FASTING & PRAYER Sept. 22nd, 2017 

Fifth Cry: “Lead me”-Additional reading

To be used with CALL TO FASTING & PRAYER, Sept 22nd, 2017

 

From the book Pastoral Ministry

Trust the Holy Spirit to use every worthy member of the church—Neither Conference officer nor minister has a call from God to indulge distrust of God’s power to use every individual who is considered a worthy member of the church. This cautiousness, so-called, is retarding almost every line of the Lord’s work. God can and will use those who have not had a thorough education in the schools of men. A doubt of His power to do this is manifest unbelief; it is limiting the Omnipotent power of the One with whom nothing is impossible. O for less of this unsanctified, distrustful caution! It leaves so many forces of the church unused; it closes up the way so that the Holy Spirit cannot use men; it keeps in idleness those who are willing and anxious to labor in Christ’s lines; it discourages many from entering the work who would become efficient laborers together with God if they were given a fair chance. Those who would be laborers, who see the great necessity for consecrated workers in the church and in the world, should seek strength in the secret places of prayer. They should go forth to labor, and God will bless them, and make them a blessing to others. Such members would give strength and stability to the church. It is the lack of spiritual exercise that makes church-members so weak and inefficient; but again I would ask, Who is to blame for the state of things that now exists?—The Review and Herald, July 9, 1895. {PaM 153.1}

Every Christian is anointed for the mission of sharing Christ—It is not merely the duty of the minister, but of every member of the church, to represent Christ to the world. They are to catch the rays of light from Jesus, and reflect them upon souls blinded by error and infatuated with false doctrines. They are to hold up the only true standard of righteousness, which is God’s holy law, while the world is holding up a false standard. Satan is seeking to present light for darkness, and darkness for light, the truth for error, and error for the truth. He would extinguish every ray of light shining from the throne of God, and in its place put his darkness. But the sons of God are here, every one of them, for the purpose of irradiating the world. The more light is despised, opposed, and condemned, the greater evidence they have in regard to their work to let their light shine forth to others. They receive their orders from God to guide souls to righteousness, truth, and heaven. The torch of truth must shine to willing as well as unwilling eyes. When Christ ascended on high, the church was to be the agent, or medium, through which light was to be communicated to the world. “Ye are the light of the world.” Every individual Christian is required of God to be a living, shining light in the world. He must wrestle with God in secret prayer; then he will go forth in the spirit of Christ to hold converse with men. Anointed for the mission, he bears with him the atmosphere of paradise. His words will be well-chosen, and his face will reflect the image of his Master. He will be the light of the world, a living epistle known and read by all men.—The Review and Herald, March 8, 1887. {PaM 153.2}

 

From the book: This Day With God

The Lord has men of His appointment whom He will use in His work so long as they allow themselves to be used in accordance with His good pleasure. He can never use any one who is seeking to humble someone else. Humble yourselves, brethren. When you do this, it is possible for holy angels to communicate with you, and place you on vantage ground. Then your experience, instead of being faulty, will be filled with happiness. Seek to relate yourselves in harmony with God’s leadings, and then you will be susceptible to the movings of His Holy Spirit. {TDG 35.6}

The Lord is coming. The end of all things is at hand. There remains but little time in which to develop character.—Manuscript 47, January 27, 1910, “Come Into Line.” {TDG 35.7}

 

From: The Story of Redemption

 Chapter 58—The Loud Cry

I saw angels hurrying to and fro in heaven, descending to the earth, and again ascending to heaven, preparing for the fulfillment of some important event. Then I saw another mighty angel commissioned to descend to the earth, to unite his voice with the third angel, and give power and force to his message. Great power and glory were imparted to the angel, and as he descended, the earth was lightened with his glory. The light which attended this angel penetrated everywhere, as he cried mightily, with a strong voice, “Babylon the great is fallen, is fallen, and is become the habitation of devils, and the hold of every foul spirit, and a cage of every unclean and hateful bird.” Revelation 18:2. {SR 399.1}

The message of the fall of Babylon, as given by the second angel, is repeated, with the additional mention of the corruptions which have been entering the churches since 1844. The work of this angel comes in at the right time to join in the last great work of the third angel’s message as it swells to a loud cry. And the people of God are thus prepared to stand in the hour of temptation, which they are soon to meet. I saw a great light resting upon them, and they united to fearlessly proclaim the third angel’s message. {SR 399.2}

Angels were sent to aid the mighty angel from heaven, and I heard voices which seemed to sound everywhere, “Come out of her, My people, that ye be not partakers of her sins, and that ye receive not of her plagues. For her sins have reached unto heaven, and God hath remembered her iniquities.” Revelation 18:4, 5. This message seemed to be an addition to the third message, joining it as the midnight cry joined the second angel’s message in 1844. The glory of God rested upon the patient, waiting saints, and they fearlessly gave the last solemn warning, proclaiming the fall of Babylon and calling upon God’s people to come out of her, that they might escape her fearful doom. {SR 399.3}

The light that was shed upon the waiting ones penetrated everywhere, and those in the churches who had any light, who had not heard and rejected the three messages, obeyed the call and left the fallen churches. Many had come to years of accountability since these messages had been given, and the light shone upon them, and they were privileged to choose life or death. Some chose life and took their stand with those who were looking for their Lord and keeping all His commandments. The third message was to do its work; all were to be tested upon it, and the precious ones were to be called out from the religious bodies. {SR 400.1}

A compelling power moved the honest, while the manifestation of the power of God brought a fear and restraint upon their unbelieving relatives and friends so that they dared not, neither had they the power to, hinder those who felt the work of the Spirit of God upon them. The last call was carried even to the poor slaves; and the pious among them poured forth their songs of rapturous joy at the prospect of their happy deliverance. [Note.—That there will be slavery at the time of the second advent is made clear by the prophet John in Revelation 6:15, 16, in his vivid description of “every bondman, and every free man” calling for the “mountains and rocks” to fall on them and hide them “from the face of Him that sitteth on the throne.”—Compilers.] Their masters could not check them; fear and astonishment kept them silent. Mighty miracles were wrought, the sick were healed, and signs and wonders followed the believers. God was in the work, and every saint, fearless of consequences, followed the convictions of his own conscience and united with those who were keeping all the commandments of God; and with power they sounded abroad the third message. I saw that this message will close with power and strength far exceeding the midnight cry. {SR 400.2}

Servants of God, endowed with power from on high, with their faces lighted up, and shining with holy consecration, went forth to proclaim the message from heaven. Souls that were scattered all through the religious bodies answered to the call, and the precious were hurried out of the doomed churches, as Lot was hurried out of Sodom before her destruction. God’s people were strengthened by the excellent glory which rested upon them in rich abundance and prepared them to endure the hour of temptation. I heard everywhere a multitude of voices saying, “Here is the patience of the saints: here are they that keep the commandments of God, and the faith of Jesus.” Revelation 14:12. 402 {SR 401.1}

 

Chapter 59—The Close of Probation

I was pointed down to the time when the third angel’s message was closing. The power of God had rested upon His people; they had accomplished their work and were prepared for the trying hour before them. They had received the latter rain, or refreshing from the presence of the Lord, and the living testimony had been revived. The last great warning had sounded everywhere, and it had stirred up and enraged the inhabitants of the earth who would not receive the message. {SR 402.1}

I saw angels hurrying to and fro in heaven. An angel with a writer’s inkhorn by his side returned from the earth and reported to Jesus that his work was done, and the saints were numbered and sealed. Then I saw Jesus, who had been ministering before the ark containing the Ten Commandments, throw down the censer. He raised His hands, and with a loud voice said, “It is done.” And all the angelic host laid off their crowns as Jesus made the solemn declaration, “He that is unjust, let him be unjust still: and he which is filthy, let him be filthy still: and he that is righteous, let him be righteous still: and he that is holy, let him be holy still.” Revelation 22:11. {SR 402.2}

Every case had been decided for life or death. While Jesus had been ministering in the sanctuary, the judgment had been going on for the righteous dead, and then for the righteous living. Christ had received His kingdom, having made the atonement for His people and blotted out their sins. The subjects of the kingdom were made up. The marriage of the Lamb was consummated. And the kingdom, and the greatness of the kingdom under the whole heaven, was given to Jesus and the heirs of salvation, and Jesus was to reign as King of kings and Lord of lords. {SR 402.3}

As Jesus moved out of the most holy place, I heard the tinkling of the bells upon His garment; and as He left, a cloud of darkness covered the inhabitants of the earth. There was then no mediator between guilty man and an offended God. While Jesus had been standing between God and guilty man, a restraint was upon the people; but when He stepped out from between man and the Father, the restraint was removed and Satan had entire control of the finally impenitent. {SR 403.1}

It was impossible for the plagues to be poured out while Jesus officiated in the sanctuary; but as His work there is finished, and His intercession closes, there is nothing to stay the wrath of God, and it breaks with fury upon the shelterless head of the guilty sinner, who has slighted salvation and hated reproof. In that fearful time, after the close of Jesus’ mediation, the saints were living in the sight of a holy God without an intercessor. Every case was decided, every jewel numbered. Jesus tarried a moment in the outer apartment of the heavenly sanctuary, and the sins which had been confessed while He was in the most holy place were placed upon Satan, the originator of sin, who must suffer their punishment. [Note.—This suffering of Satan is in no sense a vicarious atonement. As indicated in a previous chapter: “As man’s substitute and surety, the iniquity of men was laid upon Christ.” (See p. 225.) But after those who accept Christ’s sacrifice have been redeemed, it is certainly just that Satan, the originator of sin, should suffer the final punishment. As Mrs. White has said elsewhere, “When the work of atonement in the heavenly sanctuary has been completed, then in the presence of God and heavenly angels, and the host of the redeemed, the sins of God’s people will be placed upon Satan; he will be declared guilty of all the evil which he has caused them to commit.”—The Great Controversy, 658.—Compilers.] {SR 403.2}

Too Late! Too Late!

Then I saw Jesus lay off His priestly attire and clothe Himself with His most kingly robes. Upon His head were many crowns, a crown within a crown. Surrounded by the angelic host, He left heaven. The plagues were falling upon the inhabitants of the earth. Some were denouncing God and cursing Him. Others rushed to the people of God and begged to be taught how they might escape His judgments. But the saints had nothing for them. The last tear for sinners had been shed, the last agonizing prayer offered, the last burden borne, the last warning given. The sweet voice of mercy was no more to invite them. When the saints, and all heaven, were interested for their salvation, they had no interest for themselves. Life and death had been set before them. Many desired life, but made no effort to obtain it. They did not choose life, and now there was no atoning blood to cleanse the guilty, no compassionate Saviour to plead for them and cry, “Spare, spare the sinner a little longer.” All heaven had united with Jesus, as they heard the fearful words, “It is done. It is finished.” The plan of salvation had been accomplished, but few had chosen to accept it. And as mercy’s sweet voice died away, fear and horror seized the wicked. With terrible distinctness they heard the words, “Too late! too late!” {SR 404.1}

Those who had not prized God’s Word were hurrying to and fro, wandering from sea to sea, and from the north to the east, to seek the Word of the Lord. Said the angel, “They shall not find it. There is a famine in the land; not a famine of bread, nor a thirst for water, but for hearing the words of the Lord. What would they not give for one word of approval from God! but no, they must hunger and thirst on. Day after day have they slighted salvation, prizing earthly riches and earthly pleasure higher than any heavenly treasure or inducement. They have rejected Jesus and despised His saints. The filthy must remain filthy forever.” {SR 404.2}

Many of the wicked were greatly enraged as they suffered the effects of the plagues. It was a scene of fearful agony. Parents were bitterly reproaching their children, and children their parents, brothers their sisters, and sisters their brothers. Loud, wailing cries were heard in every direction, “It was you who kept me from receiving the truth which would have saved me from this awful hour.” The people turned upon their ministers with bitter hate and reproached them, saying, “You have not warned us. You told us that all the world was to be converted, and cried, Peace, peace, to quiet every fear that was aroused. You have not told us of this hour; and those who warned us of it you declared to be fanatics and evil men, who would ruin us.” But I saw that the ministers did not escape the wrath of God. Their suffering was tenfold greater than that of their people. 406 {SR 405.1}