Solo gracias tengo para darte hoy que termina un año.
¿Qué más podría yo decirte por las innumerables veces que me has perdonado?
Gracias, Señor amado, gracias por haberme amado.
Gracias por tantas veces que mi clamor has escuchado.
Gracias por permitirme hasta aquí haber llegado. No lo merezco. Solo agradezco.
Gracias por ese abrazo con que me abrigas cada día,
Gracias por dar a Jesús, y por tu Palabra, segura guía.
Gracias por mi familia, la que me acepta, me cuida, me ama.
Gracias por darme aquí el privilegio de servirte.
Gracias por las pruebas y aún los vientos de tormenta, porque nunca me abandonaste a mi propia y oscura suerte.
Gracias por los tropiezos que en el camino hallé. Me llevaron un peldaño más cerca de Emanuel.
Gracias por las heridas que en la batalla adquirí, pues tú las sanaste todas y me hiciste muy feliz.
Gracias por tu cuidado y tu amorosa protección, que me guardaron del maligno en toda ruda tentación.
Gracias por las lágrimas que me tocó derramar, pues por ellas limpiaste mis ojos con el colirio celestial.

Gracias por cada amigo, por cada hermano, por cada niño que a mi vida has traído. De todos quiero aprender solo lo bueno, lo puro y lo virtuoso; y que mi ejemplo no sea tropiezo, sino de compañerismo con quien es el Camino, la Verdad, y la Vida.
Gracias por los pedidos que aun no me has contestado. Tus planes son más altos; tu tiempo, ventajoso.
Gracias por los reveses, las circunstancias amargas, pues ahí te oigo decir: “Hija, bástate mi gracia”.
Gracias por la provisión de tu Espíritu Santo, pues nunca en esta senda me dejaste caminar sola.
Gracias por el dolor que a mi puerta ha tocado. Me haces saber que en ti solo está el verdadero gozo.
Gracias por las privaciones que a veces experimenté. Tú solo eres mi verdadero Jehová Jireh.
Gracias por el dolor, la penuria, la aflicción. Tú tornaste mi llanto en una nueva y hermosa canción.
Gracias por la persecución, las burlas y el escarnio; me hacen valorar tu vituperio al tomar mi lugar.
Gracias por la maldad que gusté de tantos que fingen que te aman. Me llevas a comprender que no hay amor real, si no viene de Jehová.
Tan solo: “GRACIAS”, puedo decirte por permitirme a mí terminar este año con sus risas, con sus retos y su lección. Los días buenos fueron de gracia; los días tristes, de instrucción; pero en ninguno se apartaron de mí tu magna gracia y tu bendición.
Todo quedó atrás, los retos, llantos y desafíos, las ofensas y las heridas, los dolores, mis desaciertos. Todo quedó atrás. Perdoné porque fui perdonada. Cristo limpió mi culpa. Todo quedó atrás.
Solo Cristo está al frente. Él es mi única esperanza. Él es mi roca, Él es mi fuerte. En Él confío, con Él camino hacia un futuro de bendición, aunque ande el valle de sombra de muerte.
Gracias, amado Cristo. Gracias, mil gracias, por tanta bondad. Quiero contigo emprender camino este año nuevo, de aquí y ahora a la eternidad.
© Rhodi Alers de López, 2019








