
Promesa para ésta semana: “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.” Isaías 49:15-16
El más caro anhelo
Para una madre o padre que ama a Cristo, el más caro anhelo de su corazón es ver a sus hijos en los caminos de Dios. Para un intercesor, el más entrañable anhelo de su corazón es ver la obra de Dios en la vida de aquel por quien ora.
Más que oro ante Dios
La intercesión nos acerca a Cristo, y acerca a otros a su corazón. Por eso, una madre, un padre que ora por sus hijos es más valioso que el oro ante Dios. Un familiar, o amigo, conocido y aún el desconocido que ora por la salvación de otros es de incomparable valor ante Dios.
Bendita promesa
¿Sabes cuán significativa es la función del intercesor? ¿Qué no hace un buen padre o madre por sus hijos? Cuando nos acercamos al trono de la gracia a través de los meritos de Cristo, para interceder fervientemente por quienes esperamos ver en el cielo, tenemos la más completa seguridad de que Dios está escuchando y obrando la respuesta que él mismo persigue.
Padres, familiares, amigos: Dios valora la intercesión hecha por quienes suspiramos ver salvos. No se olvida de ti como intercesor, ni se olvida de tu plegaria. No olvida los nombres de aquellos por quienes intercedemos con tanto amor. Mayor que el amor de una madre por el hijo de su vientre, es el amor de Dios por ti y por aquellos por quienes sufre tu corazón. En las palmas de las manos te tiene esculpido, papá, familiar, amigo, maestro, estimado intercesor. En las palmas de las manos te tiene esculpida, mamá, tía, abuela, amiga, líder, apreciada intercesora.
Delante de Dios están siempre tus pedidos. Tu lista puede mostrar el paso de los años de intercesión y espera. Dios tiene una copia de tu lista, y no se ha envejecido. El Padre se está alistando para contestar la oración que el Espíritu Santo te inspiró a hacer a favor de los seres queridos por quienes Cristo murió.
OREMOS: Gracias, Padre celestial, por tu incesante amor, por el sacrificio de Cristo y por la hermosa seguridad de tu supremo interés en cada nombre que te presentamos. Gracias por lo que has hecho, y lo que harás. En el nombre de Jesús, Amén. ©Rhodi Alers de López, 2021








