Muy amados, Dios es fiel y su bondad hacia cada uno de nosotros se manifiesta en la bendición de ver culminar un año más.
Agradezco inmensamente a Dios que has sido parte de esta jornada en nuestro Ministerio y es mi deseo que la bendición divina se manifieste en tu vida y familia a lo largo del año que comienza.
La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella. Proverbios 10:22.
Muchas personas, situaciones, eventos y encuentros pueden de algún modo particular traernos algún tipo de beneficio. No obstante, Proverbios 10:22 nos recuerda que es la bendición de Jehová la que en realidad necesitamos.
Sí, damos gracias a Dios por cada situación, persona, circunstancia, entidad, Ministerio, etc., que fue una bendición en este año que culmina; pero no olvidamos que aún los tales, fueron instrumentos o medios que Dios utilizó para derramar su bendición sobre nuestras vidas y entorno. Inclusive si carecemos de otros recursos y oportunidades, su bendición es suficiente. Es la auténtica y suficiente bendición.
Su bendición nunca traerá a nuestra vida algo contrario a sus planes y propósito para nosotros. En su bendición hay descanso en medio de la agitación diaria de interminables compromisos. En su bendición hay esperanza en medio de la aflicción. En su bendición hay paz aun en medio de los desafíos constantes. En su bendición hay gozo aún en medio de las despedidas. En su bendición hay seguridad de que todo lo que él permite en nuestra vida, es y será parte de su bendición, que alcanza desde aquí hasta la eternidad.
Por eso, amado lector, hoy oro por, y deseo para ti y los tuyos la bendición de Jehová en este nuevo año, mientras vivimos disfrutando su presencia aquí y ahora hasta cuando la noche, la separación y el dolor ya no sean más.
Cuando el hombre se ocupe día tras día sinceramente en vencer los defectos de su carácter estará abrigando a Cristo en el templo de su ser. Entonces, la luz de Jesús estará en él, y bajo los brillantes rayos de la luz del rostro del Salvador, su vida entera se elevará y ennoblecerá.
Para progresar en la vida espiritual, tenemos que pasar mucho tiempo en oración. Cuando el mensaje de verdad se proclamó por primera vez, ¡cuánto se oraba! ¡Cuán a menudo se oía en las cámaras, en el establo, en el huerto o en la arboleda la voz intercesora! A menudo pasábamos horas enteras en oración, dos o tres juntos reclamando la promesa; con frecuencia se escuchaba el sonido del llantol y luego la voz de agradecimiento y el canto de alabanza.
¿Consistirán nuestros ejercicios de devoción en pedir y recibir? ¿Estaremos siempre pensando en nuestras necesidades, y nunca en los beneficios que recibimos? ¿Recibiremos las mercedes del Señor, y nunca le expresaremos nuestra gratitud, nunca le alabaremos por lo que ha hecho por nosotros? No oramos demasiado, pero somos demasiado parsimoniosos en cuanto a dar las gracias.
EGW-2JT 110
Foto por Patri-w5l4ulSSo1Y
“Si la bondad amante de Dios provocase más agradecimiento y alabanza, tendríamos más poder en la oración. Abundaríamos más y más en el amor de Dios, y él nos proporcionaría más dádivas por las cuales alabarle. Vosotros que os quejáis que Dios no oye vuestras oraciones, cambiad el orden actual, y mezclad alabanzas con vuestras peticiones. Cuando consideréis su bondad y misericordia, hallaréis que él tiene en cuenta vuestras necesidades.” EGW-2JT 110
Si hubo tiempo en el que cada casa debiera ser una casa de oración, es ahora. Predominan la incredulidad y el escepticismo. Abunda la inmoralidad. La corrupción penetra hasta el fondo de las almas y la rebelión contra Dios se manifiesta en la vida de los hombres. Cautivas del pecado, las fuerzas morales quedan sometidas a la tiranía de Satanás. Juguete de sus tentaciones, el hombre va donde lo lleva el jefe de la rebelión, a menos que un brazo poderoso lo socorra.
La senda de la sinceridad e integridad no es una senda libre de obstrucción, pero en toda dificultad hemos de ver una invitación a orar. Ningún ser viviente tiene poder que no haya recibido de Dios, y la fuente de donde proviene está abierta para el ser humano más débil. “Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre—dijo Jesús,—esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.”
¿Cuán privada es tu oración privada, apreciado lector? He aquí sabios consejos de la pluma inspirada:
“Es imposible que el alma florezca mientras la oración no es un ejercicio especial de la mente. La oración familiar o pública solamente no es suficiente. La oración secreta es muy importante; en la soledad el alma comparece desnuda ante el ojo escrutador de Dios, y se examina todo motivo. ¡La oración secreta! ¡Cuán preciosa es! ¡El alma en comunión con Dios! La oración secreta solo debe ser oída por Dios. Ningún oído curioso debe enterarse del contenido de esa petición. En la oración secreta el alma está libre de las influencias circundantes, libre de excitación. Con calma, pero con fervor, buscará a Dios…” EGW— Testimonios para la Iglesia, t. 2, p. 172
Lee todo Hechos 16 para ver el contexto de esta promesa que tantas veces se malentiende.
¿Entiendes lo que lees?
¿Ya crees? ¿Estás seguro de que crees? ¿Qué crees? ¿Cuánto crees? ¿En quién crees si es que crees? ¿Cómo sabes que crees? ¿Es ello evidente o necesitas decirlo continuamente?
Creer=Sumisión deleitosa.
Enoc dialogaba cada detalle con Cristo:
— ¿Prefieres que vista hoy mi atuendo azul o el gris?
— ¡Me encanta como te luce el azul!
— ¿Qué quisieras que prepare de almuerzo?
— ¡Una ensalada verde!
— ¿A dónde te gustaría que fuéramos a recrearnos hoy?
—¡Hoy caminaremos por la orilla del río! Quiero mostrarte algo.
— ¡Lo que tú digas, Señor Jesús! Tu deseo es mi deseo.
Noemí, una mujer entrada en edad, ya viuda, perdió también a sus dos hijos. No le quedaba nada material que alegrara sus días. Decidió regresar a su tierra en Belén, de donde saliera llena de esperanzas y anhelos. Únicamente la acompañaría su mejor amigo, Cristo Jesús. Nadie podría quitarle su compañía ni el gozo de su comunión.
Despidió a sus nueras para que regresaran al hogar de sus padres en Moab, sin esperar nada a cambio. Pero era hora de que el cielo le dejara ver las consecuencias de ella haber creído en el único Dios verdadero. La joven viuda Rut confirmó su firme decisión con las palabras que toda madre piadosa y toda suegra fiel anhela oír: “…Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rut 1:17, úp).
¿Como vivía Noemí y qué vieron sus nueras en ella? Noemí creía independientemente de sus circunstancias. Tenía una relación viva e individual con Cristo. El gozo de su presencia permeaba cada detalle y momento de su vida. Fue así que Rut se percató de que lo más valioso era decidir por el Dios en quien su suegra creía. Fue tan grande la atracción que escogió identificarse con su pueblo y hacer suya la misma fe y creencia en Dios.
Todos los presos escuchaban a Pablo y Silas. No eran quejidos lastimeros lo que salía de su calabozo. Cantaban a voz en cuello a pesar de sus heridas y cadenas, pues su corazón era libre para adorar al Dios en quien creían y al cual predicaban con denuedo en el calabozo y fuera de él. Dios aceptó su alabanza y la evidencia de su fe. Cristo se hizo presente en la prisión. La tierra tembló. ¡Las cadenas se quebrantaron, porque nada ni nadie puede mantener encadenado a quien tiene su confianza puesta en Dios! Nadie continúa “preso” en su presencia, a no ser por decisión propia.
Creer=liderazgo espiritual productivo
El carcelero hace la pregunta más importante de su vida
— ¿Qué debo hacer para ser salvo?
— “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa”, —respondieron los siervos del Dios vivo.
Su familia, tras escuchar del milagro en la cárcel, echó su suerte con Cristo y también aceptó el evangelio. Ahora, toda la familia comparte en adoración al único Dios que tiene poder; el verdadero Dios. Al creer en Cristo Jesús te conviertes en líder espiritual cuya influencia debe guiar a otros en tu familia y entorno a aceptar a Cristo como Salvador personal.
Cada viernes, después del almuerzo, (1:00 pm) nos disponemos a comenzar un ayuno con el propósito de tener una mente más clara para comprender el mensaje de Dios y sus instrucciones respecto al propósito de ver a nuestras familias venir a Cristo. Podemos ingerir alimentos sencillos o crudo, o frutas, según sea necesario. No cenamos el viernes ni desayunamos sábado. Terminamos el sábado 1:00 pm para almorzar todos juntos en familia.
¿Qué hay en un bebé que inspira ternura, y hace brotar el deseo de protección? ¿Será su incuestionable fragilidad, y su completa dependencia del adulto?
Más de un padre ha sido impactado positivamente por la llegada de un bebé al seno de su familia. En incontables hombres que se convierten en padres se ve un nuevo propósito, un impresionante interés en ser el héroe de su hijo. Dios creó al ser humano a semejanza suya, capaz de amar. La paternidad despierta en muchos los atributos divinos que lo capacitarán para la noble tarea de proteger de todo cuanto pueda dañarle en cualquier ámbito, de proveer lo necesario para su bienestar físico, mental, ambiental y también espiritual.
Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.
Génesis 4:26
invocar Del lat. invocāre significa llamar formalmente por nombre y solicitar ayuda.
Nuestro texto se remonta al principio, a Génesis, y nos indica que hubo un momento decisivo en la vida de Set que cambió su rutina de vida y sus costumbres. Ese cambio surgió como consecuencia de convertirse en padre. Entonces comenzó a llamar a Dios por su propio nombre, y a solicitar su asistencia.
Desde allí en adelante, se registra que los hombres comenzaron a orar al Dios verdadero. Reconocieron que necesitaban ayuda de su Padre celestial para cumplir con la tarea divinamente asignada. Notaron su fragilidad y la futilidad de sus esfuerzos en criar hijos sin la dirección divina. Se detuvieron en sus vanos desvelos y decidieron depender de la conducción del Creador del universo, para cumplir su llamado.
Padre, madre, Dios se interesa en el bienestar de tu familia. Cuando veas la magnitud de tu responsabilidad paterna y reconozcas que necesitas ayuda divina, llégate a su presencia con la convicción de que Dios está más interesado que tú mismo en su bienestar temporal; pero mucho más en su bienestar eterno. Él con gusto oye y obrará para salvación.