He aquí, HERENCIA de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Salmos 127:3
Nuestra base bíblica afirma que los hijos son un legado divino, de gran estima y valor.
La herencia, según el diccionario de la RAE, se conoce como:
Bienes y obligaciones que al morir alguien, se transmiten a sus herederos;
El carácter que los hijos reciben de los padres;
Rasgos científicos, morales e ideológicos que se transmiten de generación a generación, etc.
Se dice que los hijos son nuestra mayor riqueza. ¿Conoces por qué? ¿Cuál fue el propósito divino al conceder al ser humano el privilegio de la paternidad y la maternidad?
En un hogar sin hijos, es más probable encontrar habitantes egocéntricos, centrados en sí mismos. Con la llegada de hijos, generalmente, el enfoque cambia para atender a sus múltiples necesidades, portando con ello una insospechada bendición.
Dios, en su gran sabiduría, concede hijos al ser humano como un bien, un tesoro de máximo valor. Cada bebé porta la semilla de las virtudes celestiales. Los concede como una bendición que si se valora y cuida debidamente, será un instrumento que estimulará a desechar los rasgos pecaminosos, y a desarrollar en nosotros los atributos de origen celestial.
La fragilidad, la vulnerabilidad de un bebé y su total dependencia de los adultos, provoca desarrollar en nosotros ternura, amor, compasión, protección y mayor responsabilidad. Tratar con los niños induce a desarrollar paciencia, tolerancia, comprensión, bondad, y otras virtudes.
Su dulzura inspira a eliminar la tosquedad, la rudeza. Su facilidad de perdonar nos mueve a desechar el rencor y apremia a procurar la armonía y la unificación de las partes envueltas en cualquier malentendido.
Su inocencia nos mueve a ser íntegros. Su descomunal capacidad de amar incondicionalmente es una pequeña extensión del corazón de Dios.
“Los hijos son confiados a sus padres como un cometido precioso, que Dios requerirá un día de sus manos. Debemos dedicar a su preparación más tiempo, cuidado y oración. Necesitan que les demos más instrucción de la clase apropiada….” {HC 143.1}
En otras palabras, la herencia de Jehová, se nos entrega con propósito educativo y redentor: ayudarnos a los padres a desarrollar un carácter como el de Cristo, a la vez que dependemos de Dios para ayudar a desarrollar en ellos un carácter que los prepare para ser bendición aquí y a ser ciudadanos del reino de Dios.
Por eso, su desarrollo y bienestar debe acercarnos confiadamente al trono de la gracia; su desafío y lucha debe llevarnos a la constante oración; su debilidad o equivocación, a la intercesión; sus sueños y anhelos, a la presencia de Dios, y sus logros y victorias a la alabanza y gloria del nombre que es sobre todo nombre: Cristo Jesús. Nuestros propios desaciertos,faltas e ineficacia deben humillarnos ante el Padre celestial, quien desea perdonarnos y capacitarnos para tan trascendental tarea. También allí nos enseña el Padre celestial a pedir perdón a nuestros hijos, la herencia que Dios puso en nuestras manos. ¿Habrá un padre, una madre que no necesite de este celestial recurso? Alabo a Dios por la provisión celestial.
Mi Oración:
Amante Padre celestial, gracias por la herencia que pusiste en mis manos. Reconozco que tu plan es perfecto. ¡Cuánto me amas! Lo veo en la herencia colocada en mis manos. Son incontables mis errores, mis lágrimas y clamores. Perdóname, te ruego. Solo tú eres mi esperanza para que los días que me queden aprecie aun más la herencia. Señor, yo quiero lo que tú quieras para mis hijos. Busco lo que tú buscas para ellos.
1 Corintios 13, el capítulo del amor, nos habla de la importancia y la eternidad del amor: Nos hace ver lo vano que son nuestros esfuerzos y logros, si carecemos de amor:
“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. 4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. 9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”
¿Has visto a alguien sacrificarse por quien ama? Es admirable lo que hace una persona que ama a otra para mantener vivo el amor. Ningún desafío es tan grande que no pueda ser conquistado en nombre del amor. Ni la distancia logra extinguirlo, si es puro y verdadero amor.
La distancia nunca ha sido y NO es razón para que mengüe el amor. Para muchos es simplemente una excusa, que pone de manifiesto su verdadera falta de interés. El verdadero amor NO DEJA DE SER. Los desafíos de la distancia solo deben motivarnos a ser creativos para mantenernos cerca, muy cerca en el corazón. ¿Ya dejaste saber HOY a quienes amas, que los amas?
¿Te ha tocado estar lejos de aquél o aquellos a quienes amas de todo corazón? Ya sea pareja, hijos, hermanos, familiares, amigos o hermanos en la fe, en algún momento hemos necesitado distanciarnos físicamente.
En cuanto a mí, a Dios clamaré; Y Jehová me salvará. 17 Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz (Salmo 55:16-17).
David, el salmista está viviendo una situación que le causa un profundo dolor. Traicionado, perseguido, abandonado, se torna a Dios pidiendo auxilio, suplicando que intervenga y trastorne los planes malvados de sus enemigos: personas que antes, eran de su confianza. Expresa su frustración, su indignidad, su dolor, y su angustia. También expresa su propósito definido: Clamar tarde, mañana y a mediodía. Afirma su total seguridad de que Dios oirá su voz.
NO ESTAMOS EXENTOS DE FRUSTRACIÓN.En nuestra decisión de orar por la salvación de nuestros amados, vivimos momentos de gran dolor y frustración. ¡Cuántas veces encontramos que son los de mayor confianza quienes sirvieron o están sirviendo de tropiezo para la salvación de nuestros amados! Nuestra reacción debe ser clamar al cielo.
Foto por Rhodi Alers de López@Unsplash.com
TU DECISIÓN PUEDE CAMBIAR DESTINOS. Nuestra decisión debe ser tan firme como la expresada por David: Continuar intercediendo con la seguridad de que Dios obrará en respuesta al clamor de un corazón que gime junto al de Cristo por la salvación de aquellos muy cerca a nuestro corazón. Dios se encargará de nuestros enemigos y de todo el que se opone al propósito divino para nosotros o los nuestros. Oremos sin cesar hasta ver la respuesta divina hecha realidad.
El libro de Oseas es un retrato de la humanidad que huye de Dios en contraste con la incansable obra de amor y redención del cielo.
-Contrasta el adulterio del pueblo escogido, con la fidelidad divina.
-Muestra la recurrente apostasía de Israel en contraste con el obstinado amor de Dios.
-Contrapone el interés divino con el desinterés humano.
-Opone la indignación divina y la total despreocupación del pueblo a quien él suspira por salvar a cualquier precio.
Esta es la firme y amorosa propuesta divina:
Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia.20 Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová. Oseas 2:19-20.
¿Te has preguntado cómo soporta Dios tanto desaire? ¿Por qué insiste en salvar si hay tan notable falta de interés?
Maravillosa promesa:
Quien conoce el fin desde el principio anuncia lo que debe darle esperanza al corazón más desilusionado:
Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días Oseas 3:5.
En el fin
No importa cuán lejos se hayan ido, ni cuán bajo hayan caído aquellos por quienes oramos para que tengan un encuentro con Cristo, no cesemos de orar. La promesa y declaración divina muestra claramente que la obra del Espíritu Santo no quedará sin fruto. En el fin de los días veremos su cumplimiento. Volverán a transitar el camino que lleva al hogar de su Padre celestial.
Foto por Rhodi Lopez @Unsplash.com
Tres verbos de victoria:
Volverán– llegará el día en que retornarán.
2. Buscarán-Tomarán la iniciativa.
3. Temerán-Responderán al llamado divino y se llenará el cielo de notas de alabanza y gran celebración porque los que estaban enajenados de Dios han reconocido su necesidad y echado su suerte con Dios para salvación.
En un tiempo repleto de desafíos, dolor, enfermedad, violencia, traición, persecución, intolerancia, muerte e incertidumbre, la Palabra de Dios sigue siendo una luz que brilla potente en la oscuridad. Su luz alumbra, guía, llena de esperanza, da fortaleza, ilumina con sus consejos y brinda paz a cada uno que confía en su Autor, el único Dios verdadero: Jehová de los ejércitos.
La exposición de tus palabras alumbra; Hace entender a los simples.
Salmo 119:130
Foto por Rhodi López @ Unsplash.com
Pero hay miles de promesas en la Palabra de Dios. ¿Cuál promesa ha sido relevante en tu vida? COMPARTE: ¿Cual promesa te ha sido de bendición en alguna circunstancia difícil? Comenta sobre tu promesa y cómo ha bendecido tu vida. El compartir ayuda a cada lector a reflexionar, a ver las promesas con un nuevo brillo. Estoy segura de que será bendición para ti recordar y compartir una promesa y las circunstancias en que te ha sido de bendición.
Desde ahora, gracias por ser, por este medio, un instrumento de bendición para cada lector que lea los comentarios.
Doy gracias a Dios por sus promesas que son un constante recordativo de su interés por nosotros, débiles criaturas.
El derramamiento del Espíritu en los días de los apóstoles fue el comienzo de la lluvia temprana, y gloriosos fueron los resultados. Hasta el fin del tiempo, la presencia del Espíritu ha de morar con la verdadera iglesia. {RP 319.2} Pero cerca del fin de la siega de la tierra, se promete una concesión especial de gracia espiritual, para preparar a la iglesia para la venida del Hijo del Hombre. Este derramamiento del Espíritu se compara con la caída de la lluvia tardía; y los cristianos han de elevar sus peticiones al Señor de la mies “en la estación tardía” en procura de este poder adicional. En respuesta, “Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante”. Zacarías 10:1. “Hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía”. Joel 2:23. [RP, 319]
Oh, ¡cuanto anhela Dios que en toda emergencia y situación urgente elevemos a él nuestra voz, en sincero clamor! Gracia y paz nos dará en respuesta a la oración. Su respuesta nos bendecirá y glorificará al Padre celestial..
Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
El médico divino está presente en la pieza del enfermo; oye toda palabra de las oraciones a él elevadas con la sencillez de la verdadera fe. Sus discípulos de hoy han de orar por los enfermos tanto como los discípulos de antaño. Y habrá restablecimientos; porque “la oración de fe salvará al enfermo.”1
En la Palabra de Dios tenemos instrucciones relativas a la oración especial para el restablecimiento de los enfermos. Pero el ofrecer tal oración es un acto muy solemne, que no debe emprenderse sin cuidadosa consideración. En muchos casos de oración por el restablecimiento de los enfermos, lo que se llama fe no es sino presunción.