La repetición de expresiones prescritas y formales mientras el corazón no siente la necesidad de Dios, es comparable con las “vanas repeticiones” de los gentiles.
Todas las palabras floridas que tengamos a nuestra disposición no equivalen a un solo deseo santo. La oración que brota del corazón ferviente, que expresa con sencillez las necesidades del alma así como pediríamos un favor a un amigo terrenal esperando que lo hará, ésa es la oración de fe. Dios no quiere nuestras frases de simple ceremonia; pero el clamor inaudible de quien se siente quebrantado por la convicción de sus pecados y su debilidad llega al oído del Padre misericordioso.
Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo. No es que se necesite esto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirlo. La oración no baja a Dios a nosotros, antes bien nos eleva a él.
La palabra “todo” incluye cada pormenor de mi vida: desde la oración hasta mis intimidades. Si veo un programa de TV, si voy de compras, a trabajar, a una fiesta, o a recrearme, si escucho música, si uso la red mundial de comunicaciones, si hablo por teléfono, si leo, si me pongo tal pieza de ropa, si me acicalo, si hablo, si participo de esta actividad, si le permito esto a quienes están bajo mi autoridad (hijos, empleados, feligreses, etc.), debo preguntarme:
“¿A quién agrado con esto: a Dios, a alguna otra persona o a mí mismo?
¿Lo hago para que piensen bien de mí o para que vean a Cristo en mí?
¿Consumo esto o aquello para llamar la atención, para satisfacer mis deseos no santificados o para cuidar el templo del Espíritu Santo?
¿Ven otros a Cristo en mí, o busco llamar la atención con mi comportamiento, vestimenta, palabras, gestos, decisiones, etc.?
¿Trabajo para ganarme el sustento (eso es bíblico) o procuro ser instrumento de Dios al desempeñar mi labor?
¿Acepto y desempeño una responsabilidad en el liderazgo de la iglesia para exaltar a Dios y ayudar a mis hermanos a obedecer Su Palabra, o tengo mi propia agenda?
¿Uso los talentos que Dios me concedió para obtener beneficio personal o para exaltar a Cristo y motivar a otros a una mejor relación con él”?
¿Orar para gloria de Dios?
¿Es posible no glorificar a Dios al orar? ¡Sí, muy fácil! (Ver. Lucas 18:9-14). Al orar, ¿quién da y quién acata instrucciones? Cristo nos enseñó a traer humildemente a Dios nuestros pedidos y ansiedades sin olvidar que orar es un sagrado privilegio que Dios concede a sus hijos; y debemos procurar aprender esta ciencia. Es la forma de comunicarnos, en confianza y respeto, con Dios para conocerlo, para someternos a su dirección y a la santificadora presencia del Espíritu Santo, y para agradecerle su gran misericordia para con nosotros, seres pecadores. Dios conoce las intenciones del corazón. Al presentar nuestras peticiones a Dios, necesitamos hacerlo dentro del marco de su divina voluntad. Orar con otra motivación nos impide recibir la bendición y obtener la victoria reservada para nosotros.
Orar para la gloria de Dios nos permite vivir en victoria
En la decisión de interceder en oración por aquellos que anhelamos ver en el cielo, nos es necesario aferrarnos a las promesas de Dios, quien tiene un deseo mayor que el mismo intercesor humano en la salvación de las personas por quienes oramos.
Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón.
Jeremías 24:7, Reina Valera, 1960
Foto por Micheile Henders @Unsplash,com
La misericordia de Jehová se deja ver asombrosamente en esta promesa y su contexto. Algunos puntos sobresalientes son:
Es Dios quien hace la obra. Sólo el Espíritu de Dios transforma el corazón.
Dios mismo se da a conocer. El conocimiento de Dios es el conocimiento esencial y el único capaz de dar vida a un corazón aniquilado por el pecado.
Esos corazones se dejarán regir por Dios. El orgullo y la suficiencia propia se esfuman con el conocimiento de la verdad que es Cristo.
El anhelo de Dios de guiarlostiernamente se hará, entonces, realidad. La incapacidad y falta de sabiduría humana se reconocen.
No existirá ya un corazón dividido, sino uno cuyo único anhelo es la presencia de Cristo en su ser, la conducción del Espíritu Santo y una relación profunda y significativa con el dador de la vida. ¡Alabado sea Jehová!
Mi Oración
Gracias, Padre celestial, por tu preciosa promesa. En tus manos de amor coloco a mis amados con la seguridad de que conocerá su corazón a Dios.
Y los salvará en aquel día Jehová su Dios como rebaño de su pueblo; porque como piedras de diadema serán enaltecidos en su tierra (Zacarías 9:16).
¿Has visto una corona sin piedras preciosas? La belleza de las coronas o diademas no se encuentra solo en su fina elaboración y delicados detalles; está en sus piedras preciosas. Cada una añade a su hermosura y significado. Cada una añade calidad, valor y esplendor a la diadema.
Cada persona que llegue a Cristo será una gema en su corona. Cada uno que se rinda a Cristo gracias a la ferviente oración intercesora será también representado por una preciosa piedra en la corona del Cordero de Dios.
Foto por Church of the king @Unsplash.com
No es por casualidad que Cristo se sacrificó por ti, por mí y cada ser humano, sino para salvarnos. Somos valiosos para él. Tan valiosos que nos representará individualmente en su corona por una piedra preciosa. En aquel glorioso día, cada uno de los salvados pondrá su corona a los pies del Salvador y cantará el himno dando honra y gloria al Cordero de Dios que fue inmolado por su salvación.
No dejes de orar ni de interceder por quienes anhelas ver en el cielo. Pronto, muy pronto llegará el día de ver nuestras súplicas hechas una hermosa realidad.
Las
civilizaciones antiguas castigaban cruelmente los delitos. Se utilizaba la vergüenza
pública para amedrentar a posibles futuros criminales. A algunos se les hizo
desfilar por las calles con la cabeza y manos en el cepo. A los criminales más
odiados se les crucificaba en un madero, y se les dejaba expuestos, a la intemperie,
donde morían lentamente. En diversos imperios se castigaba la traición colocando
la cabeza del traidor en una estaca en algún lugar público. Antiguamente, la
entrada del puente de Londres exhibió cabezas de traidores.
Roma
excluía a sus ciudadanos del cruel castigo
de la crucifixión, pero este método era muy usado para exhibir a los peores delincuentes.
Así murió Cristo, en una cruz, objeto de vergüenza, de burla e impiedad, y rodeado
por empedernidos criminales.
Expuesto y vencido
Entonces fué cuando la culpabilidad de Satanás se destacó en toda su desnudez. Había dado a conocer su verdadero carácter de mentiroso y asesino… Los falsos cargos de Satanás contra el carácter del gobierno divino aparecieron en su verdadera luz. {Conflicto Inminente, cap. 1}
EGW-El Conflicto Inminente
Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”
(Colosenses 2:15)
Simultáneamente, y en el mismo madero, se exhibieron el inmensurable amor de Cristo y el infernal odio de Satanás. La sumisión hasta la muerte de cruz del Creador de la vida, aseguró su victoria, y exhibió la arrogancia y la derrota del que tenía el imperio de la muerte.
Vive en Victoria
¡Cancelado quedó, de una vez por todas, el plan del enemigo! Las huestes del mal no tienen poder sobre la vida de quienes aman a Dios y se aferran con fe a su gracia transformadora. Cristo vive, y porque Él vive, tú puedes vivir en victoria. Cada nombre por quien intercedemos está escrito, con sangre carmesí en el corazón de Cristo; cada lágrima derramada fue recogida en su redoma. o
Cicatrices de Victoria
Por nuestras faltas y por su gracia, Cristo llevará por siempre en sus manos y costado las cicatrices de su victoria. Lleven nuestras rodillas y corazón también las huellas del rudo combate contra las huestes del mal. La victoria de Cristo aseguró nuestra victoria, y porque Cristo hoy intercede, nosotros también disfrutamos el privilegio de la intercesión. Muy pronto, sino desmayamos, seremos testigo de su victoria en la vida de aquellos, por quien, con incansable amor, oramos.
Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que
están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría. (1 Reyes 10:8).
La reina de Sabá había viajado desde lejos a Jerusalén para conocer al rey Salomón, y comprobar si la fama que había oído sobre él era fidedigna. Tras pasar tiempo en su presencia, oyendo sus palabras, viendo con sus propios ojos la magnitud de sus bienes, no pudo menos que reconocer que el joven rey había sido ricamente favorecido por Dios.
“Al llegar al fin de su visita, la reina había sido cabalmente enseñada por Salomón con respecto a la fuente de su sabiduría y prosperidad, y ella se sintió constreñida, no a ensalzar al agente humano, sino a exclamar: “Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, y te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia”. Tal era la impresión que Dios quería que recibiesen todos los pueblos.”
La Historia de Profetas y Reyes, 48, 49.* {CV 199.5} Conflicto y valor
La respuesta de la reina fue una que agradó a Dios. Salomón había sido para ella un fiel testigo del único Dios verdadero.
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La sabiduría de los destacados hombres de ciencia cuyas mentes se dedican al estudio profundo de los minuciosos detalles de la vida y sus misterios no se compara con la sabiduría dada a Salomón. No ha habido, ni habrá en la Tierra un ser humano más sabio que el joven rey a quien Dios bendijo con bienes, paz, y sabiduría.
La reina de Sabá consideró un alto privilegio para los siervos de Salomón estar continuamente en la presencia de tan favorecido ser humano. Pero tú y yo tenemos el privilegio de estar continuamente en la presencia de Dios, el Rey Creador y Sustentador del universo. A través del estudio de su Palabra, oímos su voz y su sabiduría. ¿Entiendes cuán bienaventurado eres? ¿Cuánta felicidad aporta a tu vida el Estudio de la Palabra de Dios? ¿Rebosa tu corazón y tu vida de alegría genuina por el alto privilegio concedido? ¿Pueden otros ver nuestro gozo por ser siervos del Dios vivo?
Esta palabra significa afortunado, feliz, dichoso y bendecido por Dios. Se refiere a una alegría que no es fácil de arrancar. Es una bendición especial, reservada para los escogidos de Dios.
“Bienaventuradotú, oh Israel. ¿Quién como tú, Pueblo salvo por Jehová, Escudo de tu socorro, Y espada de tu triunfo? Así que tus enemigos serán humillados, Y tú hollarás sobre sus alturas”
Deuteronomio 33:29 RV 1960
Esta primer bienaventuranza nos recuerda que Jehová nos salvó, que Él es nuestra protección y quien hace realidad el anhelado triunfo.
Enemigos
Un enemigo se camufla para sorprendernos, no se identifica como tal: puede ser visible o invisible; pueden ser personas, situaciones, frustraciones, enfermedades, obstáculos, carencias, desafíos, malos hábitos y aún situaciones del pasado que hoy afectan tu vida y/o te mantienen atado, impidiendo alcanzar el éxito o propósito que Dios declaró para tu vida.
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Dios es tu Escudo y la espada de tu socorro
Nunca olvides: Dios es real. Él te llama bienaventurado. Hoy, tú puedes ser feliz en medio de las circunstancias adversas. Cualquiera sea tu enemigo o desafío, entrégalo a Jehová. Su Palabra confirma que tus enemigos serán humillados bajo tus pies. Esto no significa que tú has de maltratar a alguien que esté en desacuerdo contigo, sino que quien a la vista de Dios se levante contra el propósito divino para tu vida, se convierte en enemigo de Dios; y, porque Dios es tu protección, éstos enemigos no tienen poder sobre ti; tú tendrás victoria sobre cada uno de tus enemigos porque Jehová ya te salvó. Él te dio poder, autoridad sobre ellos. ¿Lo crees? Vívelo. Hoy recibe la bendición que viene de ser parte de su pueblo. Dios NO te chasqueará.
OREMOS: Amante Dios y Padre celestial, agradezco la inigualable bendición que significa ser parte de tu pueblo. Gracias por ser el Escudo de mi socorro y la espada de mi triunfo. Gracias por tu victoria sobre cada uno de mis enemigos. Ayúdame a depender de ti para que viva esa victoria desde aquí hasta la eternidad. En el nombre de Jesús, Amén.