Promesa para esta semana
“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”- (Salmo 40:1).
Testimonio
El salmista nos da un breve, pero poderoso testimonio de la victoria que Dios obró tras su oración urgente.
La desesperación no resuelve nada
¿Has estado en un lugar cenagoso? ¿Es un lugar donde te puedas sentar a esperar en calma? No. Es un lugar incómodo, de peligro, un lugar lleno de lodo, un lugar sucio, que te dificulta la acción. Es una situación que pesa sobre ti y que agota las fuerzas físicas y también las energías mentales y espirituales. David no temió confesar que su situación fue desesperante.
La oración cambia las cosas
“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos” (Salmo 40:2).
David relata lo que Dios hizo por él en respuesta a su clamor: Dios lo hizo sacar del pozo de la desesperación. O sea, ahora, en vez de limitación, estrechez de pensamiento y (des-esperar) falta de esperanza, recordar las promesas de Dios trajo calma en medio de la adversidad.
La clave: “Paz-Ciencia”
La peña es sólida. Representa firmeza, estabilidad. Cada promesa divina nos es dada para que vivamos seguros y confiados en Dios. La oración y la meditación en las promesas divinas nos enseñan lo que personalmente he denominado “PazCiencia”: y lo defino como “la ciencia de la paz en medio de la prueba”. Eso cambia todo el panorama sombrío e infunde esperanza. Nos permite descansar confiadamente, con la seguridad de que Dios es fiel, que sigue al control y proveerá la solución. ¿Qué ven los demás en tu vida? ¿Ven desesperación, o ven firme confianza en Dios?
La consecuencia es alabanza
“Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová” (Salmo 40:3).
¿Da tu testimonio deseos de conocer y servir a tu Dios, o niega tu proceder el poder de Jehová? ¿Vives una vida de alabanza al único Dios verdadero?

Invitación a la acción:
Hoy te invito a orar y dejar que Dios tome control y a disfrutar la “PazCiencia“. Verás esos fulgores de victoria que te inspirarán a cantar un cántico nuevo a Dios.
Mi oración:
Amante Padre celestial, te doy gracias y alabo tu nombre porque ya puedo vislumbrar, por fe, los fulgores de tu victoria en la vida de mis amados. Gracias por escuchar cada clamor. Gracias porque, en la cruz, Cristo derrotó al enemigo. Gracias porque Jesús murió por mí y por mi familia, pero resucitó victorioso. Te alabo por la obra del Espíritu Santo y la liberación que estás obrando en la vida de mis amados. Gracias por tu fidelidad. Mientras llega la mañana gloriosa, seguiré clamando, esperando y agradeciendo tu obra redentora. ¡Pronto veré el albor de la mañana gloriosa! Lo creo, lo declaro y lo agradezco en el precioso nombre de Jesús, Amén. © Rhodi Alers de López.
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