
Las noticias del día son desgarradoras:
- Guerras y amenazas
- Terremotos
- Sequías
- Fuegos
- Huracanes
- Inundaciones
- Racismo
- Violencia extrema
La inmoralidad sin cuartel, la corrupción de los gobiernos, el desasosiego en el Reino Unido tras la muerte de la Reina Isabel II, la insaciable avaricia de los ricos, los escándalos sexuales y falta de integridad de los llamados “líderes religiosos” son alarmantes. El panorama familiar, el panorama político y también el religioso son muestras de un mundo en turbulencia excesiva. Los desastres naturales y su devastación son el pálido reflejo de la devastación espiritual que plaga nuestro planeta.
¿Te sorprende?
En Mateo 24 y en Lucas 21 Cristo predijo las señales de su venida. Y advirtió:
Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.
Lucas 21:28
No habrá escapatoria humana
El hambre provocada, pobreza extrema impuesta, enfermedades y plagas de ingeniería humana, el ecumenismo y la competencia religiosa, la carrera por conquistar el espacio y la opresión de los adinerados sobre los menos privilegiados son parte del intento fallido del hombre por encontrar escapatoria ante la crisis que se avecina. Mas todo intento que no proviene de Dios fallará.
Tras el paso de una tormenta, vemos que innumerables vidas sufren las consecuencias por no haber escuchado las advertencias de moverse a territorio alto. Pero viene una tormenta espiritual de proporciones inigualables. ¿Atenderemos a las advertencias divinas? ¿Dónde estamos parados? ¿En qué o en quién confiamos?
Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo, Salmos 61:2
Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Salmos 18:2
Nuestra salvación viene únicamente de Jehová. Por eso, al ver las señales de la mayor tormenta que experimentará el planeta Tierra desplegarse ante nuestros ojos, alcemos nuestras cabezas. Cristo está a las puertas. ¿Estamos listos? ¿Están listos nuestros familiares, amigos y conocidos?
Oremos:
Oh, Señor, Gracias porque pronto vienes a buscar a tu pueblo. Suplico por tantos que sufren la devastación de las turbulencias políticas, desastres naturales y huracanes espirituales. Llena nuestras vidas de tu Santo Espíritu, toca los corazones de familia, amigos y conocidos, que alcen su mirada y vean que Cristo ya viene, y que lo acepten como Salvador personal antes que sea muy tarde. Gracias por ser nuestro Salvador y alto refugio. ©Rhodi Alers de López, 2022









