Deberíamos aprender ahora a conocer a Dios, poniendo a prueba sus promesas. Los ángeles toman nota de cada oración ferviente y sincera. Sería mejor sacrificar nuestros propios gustos antes que descuidar la comunión con Dios. La mayor pobreza y la más absoluta abnegación, con la aprobación divina, valen más que las riquezas, los honores, las comodidades y amistades sin ella. Debemos darnos tiempo para orar.
—El Conflicto de los Siglos, 680.
Cuando os levantáis por la mañana, ¿sentís vuestra impotencia y vuestra necesidad de fuerza divina? ¿Y dais a conocer humildemente, de todo corazón, vuestras necesidades a vuestro Padre celestial? En tal caso, los ángeles notan vuestras oraciones, y si éstas no han salido de labios fingidores, cuando estéis en peligro de pecar inconscientemente y de ejercer una influencia que induciría a otros a hacer el mal, vuestro ángel custodio estará a vuestro lado, para induciros a seguir una conducta mejor, escoger las palabras que habéis de pronunciar, y para influir en vuestras acciones.{Or06 257.3}
Conocí a una joven pareja que oraba para que Dios le concediera el privilegio de ser padres. La vida continuaba sin la respuesta de la paternidad. Cierto día llegó a su vida una hermosa niña cuya corta edad era incompatible con el sufrimiento que ya había vivido. La acogieron en su seno con la esperanza de brindarle todo lo bueno de la vida y mucho amor. Finalmente llegó el día de la adopción. Papá y mamá desbordaban de alegría. Sus corazones latían apresuradamente durante todo el proceso. Al culminar los detalles legales, obsequiaron a la niña un delicado ramo de flores, que expresaba su amor, su compromiso, la bienvenida formal a su familia y su alegría porque era ella la respuesta a sus ruegos.
Foto por Vitolda Klein@unsplash.com
¿Te agradan las flores?
Fue Cristo quien creó las flores para demostrarnos su amor. Fue Dios quien puso en el ser humano esa admiración por las flores. Pero porque nos ama murió Cristo por ti y por mí y nos concede el privilegio de ser llamados “hijos de Dios”.
Foto por Preston Browning@Unsplash.com
“Dios es amor” está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la naciente hierba. Los hermosos pájaros que con sus preciosos cantos llenan el aire de melodías, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección lo perfuman, los elevados árboles del bosque con su rico follaje de viviente verdor, todos atestiguan el tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y su deseo de hacer felices a sus hijos.
Camino a Cristo, pág. 10
Amor del bueno
Su amor no es trivial ni pasajero. Es amor perdurable y tan inmenso que no bastó con crear un ambiente embellecido por las flores. Por asegurar que podamos vivir eternamente en su presencia, firmó con su sangre en el Calvario el documento legal que le permite ahora llamarnos a ti y a mí “hijos”.
If ye then, being evil, know how to give good gifts unto your children: how much more shall your heavenly Father give the Holy Spirit to them that ask him?
Me hallaba absorta en mi estudio, cuando de pronto, me detuve y miré a mi celular:
—“Mamá falleció hoy…”, —decía la noticia.
No puedo explicar lo que sentí. La nota no se refería a mi madre, sino a otra valiente y esforzada guerrera de oración. Descansó en sábado. Dios cumplió en ella su propósito y dejó un legado digno de imitar. Alabamos a Dios por ello.
A todos nos aconsejó tiernamente, como una buena madre suele hacerlo. Era mi hermana en Cristo, mi amiga, compañera de oración. ¡Cuántas veces estuvimos únicamente las dos en la línea, orando por el propósito divino para el Ministerio, para nuestras vidas, y el de nuestras familias!
¡Por años oró y nos motivó a orar por sus hijas! Dios le concedió el anhelo de su corazón y la alegría de verlas regresar. Volvieron al redil sus ovejas… menos una. Por esa hija nos unimos todos los integrantes en oración constante. Pasaron años de lágrimas y ruegos… La hija, por decisión propia, alejada totalmente del núcleo familiar, endureció su corazón. El consejo divino dice:
“Entre tanto que se dice:
Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación” –Hebreos 3:15.
Esta madre enfermó severamente. Aun así sólo aumentó su deseo y su ruego a Dios para que la oveja descarriada regresara a casa. Con lágrimas y ruegos oramos para que al menos se comunicara con su débil madre. No sucedió. Llegó la hora final. El tiempo se acabó. Su madre descansó en Cristo sin escuchar la voz de su hija, ni recibir noticia suya alguna. Me parte el corazón pensar en cuánto sufrió su tierno corazón de madre. ¿Qué lleva a un hijo a endurecer su corazón de manera tal que rechace la tierna solicitud de su madre? ¿Cómo mira Dios esa actitud? ¡Oh, Señor, ten misericordia e inquieta su corazón, para que se arrepienta y regrese a tus caminos, y a la armonía familiar!
Lo importante es: ¿Dónde estás tú hoy, amigo, amiga? ¿Aceptaste la invitación de Dios para venir a su presencia arrepentido? ¿Acaso no le oyes llamar? La hora final llegará sin antes anunciarse. La gracia de Dios puede terminar en cualquier momento. No permitas que la hora final te encuentre lejos de la presencia de Dios, el Padre. Responde hoy mismo a su llamado.
The Lord bless you and keep you; the Lord make his face to shine upon you and be gracious to you;the Lord lift up his countenance upon you and give you peace- Numbers 6:24-26, ESV.
You did not choose me, but I chose you and appointed you that you should go and bear fruit and that your fruit should abide, so that whatever you ask the Father in my name, he may give it to you. John 15:16
My prayer
Thank you, dear heavenly Father, for loving me so, that you chose me, unworthy as I am. Today, I praise you for such a privilege. I am humbled and thank you, Lord, for having a specific purpose for me: Help me to bear the fruit of the Holy Spirit, and that my fruit will last, so that my prayers get answered, because of Jesus, and for the glory of your name. In Jesus name I pray, Amen.
Thank you, dear heavenly Father, for listening so closely to our hearts even in those difficult moments when we cannot express them out loud. We praise you for your love, your tender care, and your willingness to work in our need. Help us be more like you. In Jesus’ name we pray, Amen.