Hay una promesa que bien podría ser una de las más conocidas. Es una promesa que cada padre y madre creyente ha creído y abrazado en su diaria tarea de criar hijos para la eternidad. Es una promesa llena de esperanza, bendición y victoria. ¿Qué más anhela cada padre que ver a sus hijos cada día caminar por el sendero que lleva hasta las mansiones eternas?
Cuando los hijos crecen, toman decisiones muy propias, y no siempre escogen lo que en nuestra experiencia decidiríamos. ¿Has visto un caso tal?
¿Todavía crees?
—¿Por qué, entonces, vemos incontables vidas que una vez caminaron por esa senda y que ahora no la transitan?,—te preguntarás.
Hay preguntas que solo tendrán respuesta en la eternidad.
Promesa para ésta semana: “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.” Isaías 49:15-16
El más caro anhelo
Para una madre o padre que ama a Cristo, el más caro anhelo de su corazón es ver a sus hijos en los caminos de Dios. Para un intercesor, el más entrañable anhelo de su corazón es ver la obra de Dios en la vida de aquel por quien ora.
Más que oro ante Dios
La intercesión nos acerca a Cristo, y acerca a otros a su corazón. Por eso, una madre, un padre que ora por sus hijos es más valioso que el oro ante Dios. Un familiar, o amigo, conocido y aún el desconocido que ora por la salvación de otros es de incomparable valor ante Dios.
Bendita promesa
¿Sabes cuán significativa es la función del intercesor? ¿Qué no hace un buen padre o madre por sus hijos? Cuando nos acercamos al trono de la gracia a través de los meritos de Cristo, para interceder fervientemente por quienes esperamos ver en el cielo, tenemos la más completa seguridad de que Dios está escuchando y obrando la respuesta que él mismo persigue.
Padres, familiares, amigos: Dios valora la intercesión hecha por quienes suspiramos ver salvos. No se olvida de ti como intercesor, ni se olvida de tu plegaria. No olvida los nombres de aquellos por quienes intercedemos con tanto amor. Mayor que el amor de una madre por el hijo de su vientre, es el amor de Dios por ti y por aquellos por quienes sufre tu corazón. En las palmas de las manos te tiene esculpido, papá, familiar, amigo, maestro, estimado intercesor. En las palmas de las manos te tiene esculpida, mamá, tía, abuela, amiga, líder, apreciada intercesora.
Delante de Diosestán siempre tus pedidos. Tu lista puede mostrar el paso de los años de intercesión y espera. Dios tiene una copia de tu lista, y no se ha envejecido. El Padre se está alistando para contestar la oración que el Espíritu Santo te inspiró a hacer a favor de los seres queridos por quienes Cristo murió.
Mateo 11:28-Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Entre agitación, corre y corre, compromisos e itinerarios cargados hasta el cansancio, Cristo nos llama a venir a él para recibir el verdadero descanso que únicamente Él provee.
Aquellos por quienes intercedemos para salvación necesitan urgentemente escuchar la invitación que traerá a sus vidas paz, reposo, estabilidad y la salvación a través de Cristo.
¿Qué incluye esta invitación y promesa?
Provisión esencial-Algunos están tan atareados buscando su sustento, que no se percatan de la misericordiosa y gratuita provisión que la invitación de Cristo ofrece.
Isaías 55:1-A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.
2. Remedio de sanidad-Rodeados de enfermedad, es fácil enfocarse en lo que humanamente nos toca hacer para protegernos, y al mismo tiempo, olvidar que es únicamente Dios quien sana.
Oseas 6:1-Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.
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3. Escuchar la voz de Dios-Con tantas voces, ruidos y anuncios, es fácil perder la noción de la comunicación vital.
Isaías 55:3-Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.
4. Propósito y la preparación para cumplir la labor-Con las infinitas exigencias del diario vivir, cuán fácilmente se pierde la noción de que Dios tiene para cada uno un propósito específico Incontables las vidas ya sucumbieron ante la crisis mundial por no encontrar propósito ni sentido para su vida.
Mateo 4:19-Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
¿Hemos personalmente venido a Cristo para que nos dé el verdadero descanso? ¿Pueden ver familiares, amigos y vecinos el resultado de nuestro descanso en Cristo? El mundo perece sin descanso físico, ni espiritual. Nuestros amados también necesitan ese verdadero descanso. No podemos dejar de interceder por ellos. Tampoco podemos olvidar que ellos serán atraídos más por nuestro silente testimonio y ejemplo, que por nuestras palabras.
He aquí, HERENCIA de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Salmos 127:3
Nuestra base bíblica afirma que los hijos son un legado divino, de gran estima y valor.
La herencia, según el diccionario de la RAE, se conoce como:
Bienes y obligaciones que al morir alguien, se transmiten a sus herederos;
El carácter que los hijos reciben de los padres;
Rasgos científicos, morales e ideológicos que se transmiten de generación a generación, etc.
Se dice que los hijos son nuestra mayor riqueza. ¿Conoces por qué? ¿Cuál fue el propósito divino al conceder al ser humano el privilegio de la paternidad y la maternidad?
En un hogar sin hijos, es más probable encontrar habitantes egocéntricos, centrados en sí mismos. Con la llegada de hijos, generalmente, el enfoque cambia para atender a sus múltiples necesidades, portando con ello una insospechada bendición.
Dios, en su gran sabiduría, concede hijos al ser humano como un bien, un tesoro de máximo valor. Cada bebé porta la semilla de las virtudes celestiales. Los concede como una bendición que si se valora y cuida debidamente, será un instrumento que estimulará a desechar los rasgos pecaminosos, y a desarrollar en nosotros los atributos de origen celestial.
La fragilidad, la vulnerabilidad de un bebé y su total dependencia de los adultos, provoca desarrollar en nosotros ternura, amor, compasión, protección y mayor responsabilidad. Tratar con los niños induce a desarrollar paciencia, tolerancia, comprensión, bondad, y otras virtudes.
Su dulzura inspira a eliminar la tosquedad, la rudeza. Su facilidad de perdonar nos mueve a desechar el rencor y apremia a procurar la armonía y la unificación de las partes envueltas en cualquier malentendido.
Su inocencia nos mueve a ser íntegros. Su descomunal capacidad de amar incondicionalmente es una pequeña extensión del corazón de Dios.
“Los hijos son confiados a sus padres como un cometido precioso, que Dios requerirá un día de sus manos. Debemos dedicar a su preparación más tiempo, cuidado y oración. Necesitan que les demos más instrucción de la clase apropiada….” {HC 143.1}
En otras palabras, la herencia de Jehová, se nos entrega con propósito educativo y redentor: ayudarnos a los padres a desarrollar un carácter como el de Cristo, a la vez que dependemos de Dios para ayudar a desarrollar en ellos un carácter que los prepare para ser bendición aquí y a ser ciudadanos del reino de Dios.
Por eso, su desarrollo y bienestar debe acercarnos confiadamente al trono de la gracia; su desafío y lucha debe llevarnos a la constante oración; su debilidad o equivocación, a la intercesión; sus sueños y anhelos, a la presencia de Dios, y sus logros y victorias a la alabanza y gloria del nombre que es sobre todo nombre: Cristo Jesús. Nuestros propios desaciertos,faltas e ineficacia deben humillarnos ante el Padre celestial, quien desea perdonarnos y capacitarnos para tan trascendental tarea. También allí nos enseña el Padre celestial a pedir perdón a nuestros hijos, la herencia que Dios puso en nuestras manos. ¿Habrá un padre, una madre que no necesite de este celestial recurso? Alabo a Dios por la provisión celestial.
Mi Oración:
Amante Padre celestial, gracias por la herencia que pusiste en mis manos. Reconozco que tu plan es perfecto. ¡Cuánto me amas! Lo veo en la herencia colocada en mis manos. Son incontables mis errores, mis lágrimas y clamores. Perdóname, te ruego. Solo tú eres mi esperanza para que los días que me queden aprecie aun más la herencia. Señor, yo quiero lo que tú quieras para mis hijos. Busco lo que tú buscas para ellos.
Cuanto más estudiamos la Palabra de Dios, es más evidente la maravillosa obra de la gracia divina. Así lo describe el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo:
4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
El amor de Dios nos dio vida juntamente con Cristo, cuando estábamos muertos en pecados. ¡Nos dio vida, después de la muerte! Además de la nueva oportunidad de vida, nos dio el honor de sentarnos con Cristo en los lugares celestiales, a la diestra de Dios (Ver Colosenses 3:1).
Nos concedió tan inmenso honor para mostrar de ahí en adelante las abundantes riquezas de du gracia en su bondad para con nosotros, todo a través de Cristo Jesús.
¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo! (Efesios 1:3).
Foto por Rhodi Alers de López
La oración nos lleva directamente y confiadamente al trono de la gracia. Por medio de ella recibimos todas las bendiciones espirituales que Dios tiene para sus hijos. Además, la oración intercesora nos une a Cristo en su obra de intercesión en el Santuario celestial. Desde los lugares celestiales cada creyente afecta lo que sucede en el ámbito físico y espiritual aquí en la Tierra. En los lugares celestiales luchamos la batalla espiritual, y colaboramos con Dios para que su voluntad se efectúe en la Tierra.
No dejes de interceder. Reconoce y valora el privilegio concedido de intervenir en los asuntos de este mundo en formas que ninguna herramienta humana puede lograr. La oración mueve la mano de Dios a cumplir su perfecta voluntad en la vida de quienes tú y yo anhelamos ver en el cielo. ¿Cuándo fue la última vez que anduviste en los lugares celestiales?
El libro de Oseas es un retrato de la humanidad que huye de Dios en contraste con la incansable obra de amor y redención del cielo.
-Contrasta el adulterio del pueblo escogido, con la fidelidad divina.
-Muestra la recurrente apostasía de Israel en contraste con el obstinado amor de Dios.
-Contrapone el interés divino con el desinterés humano.
-Opone la indignación divina y la total despreocupación del pueblo a quien él suspira por salvar a cualquier precio.
Esta es la firme y amorosa propuesta divina:
Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia.20 Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová. Oseas 2:19-20.
¿Te has preguntado cómo soporta Dios tanto desaire? ¿Por qué insiste en salvar si hay tan notable falta de interés?
Maravillosa promesa:
Quien conoce el fin desde el principio anuncia lo que debe darle esperanza al corazón más desilusionado:
Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días Oseas 3:5.
En el fin
No importa cuán lejos se hayan ido, ni cuán bajo hayan caído aquellos por quienes oramos para que tengan un encuentro con Cristo, no cesemos de orar. La promesa y declaración divina muestra claramente que la obra del Espíritu Santo no quedará sin fruto. En el fin de los días veremos su cumplimiento. Volverán a transitar el camino que lleva al hogar de su Padre celestial.
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Tres verbos de victoria:
Volverán– llegará el día en que retornarán.
2. Buscarán-Tomarán la iniciativa.
3. Temerán-Responderán al llamado divino y se llenará el cielo de notas de alabanza y gran celebración porque los que estaban enajenados de Dios han reconocido su necesidad y echado su suerte con Dios para salvación.
El médico divino está presente en la pieza del enfermo; oye toda palabra de las oraciones a él elevadas con la sencillez de la verdadera fe. Sus discípulos de hoy han de orar por los enfermos tanto como los discípulos de antaño. Y habrá restablecimientos; porque “la oración de fe salvará al enfermo.”1
En la Palabra de Dios tenemos instrucciones relativas a la oración especial para el restablecimiento de los enfermos. Pero el ofrecer tal oración es un acto muy solemne, que no debe emprenderse sin cuidadosa consideración. En muchos casos de oración por el restablecimiento de los enfermos, lo que se llama fe no es sino presunción.
3. intr. Quejarse, dar voces lastimosas pidiendo favor o ayuda.
4. intr. Dicho de algunas cosas inanimadas: Manifestar necesidad de algo.
La tierra clama POR agua.
5. intr. Emitir la palabra con vehemencia o de manera grave y solemne.
Se clama cuando hay dolor, temor, tristeza, aflicción y/o grave y extrema necesidad. La voz de quien clama transmite la emergencia. ¿Es la salvación de tus amados un deseo y pedido opcional, o es una emergencia? ¿Has clamado a Dios por la salvación de tus amados?
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Así nos invita Dios a orar fervorosamente y a buscar su presencia insistentemente.
El contexto de esta invitación divina está en el capítulo anterior. Ver Jeremías, Capítulo 32. Jeremías estaba preso por hablar las palabras de Jehová. El ejército de Nabucodonosor, ya tenía sitiada la ciudad. Dios le dice al profeta que compre la heredad de su primo, Hanameel. Jeremías compró, hizo la transacción totalmente legal.
Tan agobiante era la situación del pueblo escogido que, en diferentes ocasiones, Dios mismo le dijo al profeta Jeremías que no orara por el pueblo rebelde, porque no escucharía su intercesión: Ver Jeremías 7:16 y Jeremías 14:11-12. Es por eso que esta promesa cobra mayor significado.
Jeremías, sufriendo cárcel y todo el mal que él mismo tuvo que declarar sobre su pueblo, estaba perplejo. Entonces, Dios le dijo: “Clama a mí, y yo te responderé…”.
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Es importante notar: La promesa de Dios de responder NO significa que la respuesta será la que yo espero o deseo.
Mi responsabilidad está en clamar. Lo demás está en las manos de Dios.
Jeremías 33:3 no se limita a la salvación. Es una poderosa y urgente invitación divina a comprender la gravedad de las situaciones que afrontamos aquí y ahora, a comprender que solo Dios es la solución, para cada emergencia, nuestra o de otros. Es una invitación a presentar a Dios cada caso con su respectiva urgencia, y saber que Dios desea ser nuestro pronto y seguro auxilio, y también nuestro Maestro. Nos responderá y nos mostrará una mejor manera de vivir para su gloria y su honra.
En la decisión de interceder en oración por aquellos que anhelamos ver en el cielo, nos es necesario aferrarnos a las promesas de Dios, quien tiene un deseo mayor que el mismo intercesor humano en la salvación de las personas por quienes oramos.
Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón.
Jeremías 24:7, Reina Valera, 1960
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La misericordia de Jehová se deja ver asombrosamente en esta promesa y su contexto. Algunos puntos sobresalientes son:
Es Dios quien hace la obra. Sólo el Espíritu de Dios transforma el corazón.
Dios mismo se da a conocer. El conocimiento de Dios es el conocimiento esencial y el único capaz de dar vida a un corazón aniquilado por el pecado.
Esos corazones se dejarán regir por Dios. El orgullo y la suficiencia propia se esfuman con el conocimiento de la verdad que es Cristo.
El anhelo de Dios de guiarlostiernamente se hará, entonces, realidad. La incapacidad y falta de sabiduría humana se reconocen.
No existirá ya un corazón dividido, sino uno cuyo único anhelo es la presencia de Cristo en su ser, la conducción del Espíritu Santo y una relación profunda y significativa con el dador de la vida. ¡Alabado sea Jehová!
Mi Oración
Gracias, Padre celestial, por tu preciosa promesa. En tus manos de amor coloco a mis amados con la seguridad de que conocerá su corazón a Dios.