Gracias, Padre celestial, por la gran misericordia que has mostrado con este pecador. No merezco tu bondad, pero te alabo por la bendición de ver un nuevo día.
“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. 24 Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré ” (Lamentaciones 3:22-24).
Tu fidelidad me conmueve, tu bondad es sin precedentes. ¿Quién sino tú mostraría tanto amor hacia un miserable pecador? Hoy ante tu trono, agradezco el sacrificio de Jesús, quien dio su vida por mí para darme vida nueva. Gracias por la salvación que obró allí en mi favor.
El mismo Dios que viste a la flor de una
belleza sin igual cuida de cada hijo suyo. Con ternura y amor provee para sus
necesidades. También prometió su Espíritu Santo para bendecirnos con su
compañía cada día, cada momento, en toda circunstancia y lugar.
¿Has sido vivificado por las gracias del Espíritu?
El corazón que alaba a Dios genuinamente no es uno libre
de desafíos,
sino uno que ha sido vivificado por las gracias del
Espíritu. Por eso de su ser emana esa fragancia de amor divino que se eleva en
notas de alabanza, gratitud y regocijo, fruto de la creciente fe en su Hacedor.
Hoy, eleva a Dios tu alabanza. Permite que
tu vida testifique de un Dios vivo, compasivo y fiel.
“Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4).
¿Puedes tú decir que te deleitas en Jehová? ¿Es para ti un placer profundo o un “trabajo” sacar tiempo para estudiar, orar, adorar y pasar tiempo en su presencia? ¿Cuán fácil se te hace servirle y seguir sus consejos? ¿Lo ves como una pesada carga o como un inmerecido privilegio? ¿Cómo identifica Dios tu relación con él?
Solo gracias tengo para darte hoy que
termina un año.
¿Qué más podría yo decirte por las
innumerables veces que me has perdonado?
Gracias,
Señor amado, gracias por haberme amado.
Gracias
por tantas veces que mi clamor has escuchado.
Gracias
por permitirme hasta aquí haber llegado. No lo merezco. Solo agradezco.
Gracias
por ese abrazo con que me abrigas cada día,
Gracias
por dar a Jesús, y por tu Palabra, segura guía.
Gracias
por mi familia, la que me acepta, me cuida, me ama.
Gracias
por darme aquí el privilegio de servirte.
Gracias
por las pruebas y aún los vientos de tormenta, porque nunca me abandonaste a mi
propia y oscura suerte.
Gracias
por los tropiezos que en el camino hallé. Me llevaron un peldaño más cerca de
Emanuel.
Gracias
por las heridas que en la batalla adquirí, pues tú las sanaste todas y me
hiciste muy feliz.
Gracias
por tu cuidado y tu amorosa protección, que me guardaron del maligno en toda
ruda tentación.
Gracias
por las lágrimas que me tocó derramar, pues por ellas limpiaste mis ojos con el
colirio celestial.
Gracias
por cada amigo, por cada hermano, por cada niño que a mi vida has traído. De todos quiero aprender solo lo bueno, lo
puro y lo virtuoso; y que mi ejemplo no sea tropiezo, sino de compañerismo con
quien es el Camino, la Verdad, y la Vida.
Gracias
por los pedidos que aun no me has contestado. Tus planes son más altos; tu
tiempo, ventajoso.
Gracias
por los reveses, las circunstancias amargas, pues ahí te oigo decir: “Hija, bástate
mi gracia”.
Gracias
por la provisión de tu Espíritu Santo, pues nunca en esta senda me dejaste caminar
sola.
Gracias
por el dolor que a mi puerta ha tocado. Me haces saber que en ti solo está el
verdadero gozo.
Gracias por las privaciones que a veces experimenté. Tú solo eres mi verdadero Jehová Jireh.
Gracias
por el dolor, la penuria, la aflicción. Tú tornaste mi llanto en una nueva y
hermosa canción.
Gracias por la persecución, las burlas y el escarnio; me hacen valorar tu vituperio al tomar mi lugar.
Gracias
por la maldad que gusté de tantos que fingen
que te aman. Me llevas a comprender que no hay amor real, si no viene de
Jehová.
Tan solo: “GRACIAS”, puedo decirte por permitirme a mí terminar este año con sus risas, con sus retos y su lección. Los días buenos fueron de gracia; los días tristes, de instrucción; pero en ninguno se apartaron de mí tu magna gracia y tu bendición.
Todo quedó atrás, los retos, llantos y desafíos, las ofensas y las heridas, los dolores, mis desaciertos. Todo quedó atrás. Perdoné porque fui perdonada. Cristo limpió mi culpa. Todo quedó atrás.
Solo Cristo está al frente. Él es mi única esperanza. Él es mi roca, Él es mi fuerte. En Él confío, con Él camino hacia un futuro de bendición, aunque ande el valle de sombra de muerte.
Gracias,
amado Cristo. Gracias, mil gracias, por tanta bondad. Quiero contigo emprender
camino este año nuevo, de aquí y ahora a la eternidad.
“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”- (Salmo 40:1).
Testimonio
El salmista nos da un breve, pero poderoso testimonio de la victoria que Dios obró tras su oración urgente.
La desesperación no resuelve nada
¿Has estado en un lugar cenagoso? ¿Es un lugar donde te puedas sentar a esperar en calma? No. Es un lugar incómodo, de peligro, un lugar lleno de lodo, un lugar sucio, que te dificulta la acción. Es una situación que pesa sobre ti y que agota las fuerzas físicas y también las energías mentales y espirituales. David no temió confesar que su situación fue desesperante.
La oración cambia las cosas
“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos” (Salmo 40:2).
David relata lo que Dios hizo por él en respuesta a su clamor: Dios lo hizo sacar del pozo de la desesperación. O sea, ahora, en vez de limitación, estrechez de pensamiento y (des-esperar) falta de esperanza, recordar las promesas de Dios trajo calma en medio de la adversidad.
La clave: “Paz-Ciencia”
La peña es sólida. Representa firmeza, estabilidad. Cada promesa divina nos es dada para que vivamos seguros y confiados en Dios. La oración y la meditación en las promesas divinas nos enseñan lo que personalmente he denominado “PazCiencia”: y lo defino como “la ciencia de la paz en medio de la prueba”. Eso cambia todo el panorama sombrío e infunde esperanza. Nos permite descansar confiadamente, con la seguridad de que Dios es fiel, que sigue al control y proveerá la solución. ¿Qué ven los demás en tu vida? ¿Ven desesperación, o ven firme confianza en Dios?
La consecuencia es alabanza
“Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová” (Salmo 40:3).
¿Da tu testimonio deseos de conocer y servir a tu Dios, o niega tu proceder el poder de Jehová? ¿Vives una vida de alabanza al único Dios verdadero?
Foto por Rhodi Alers de López
Invitación a la acción:
Hoy te invito a orar y dejar que Dios tome control y a disfrutar la “PazCiencia“. Verás esos fulgores de victoria que te inspirarán a cantar un cántico nuevo a Dios.
ÚNETE en ayuno cada viernes después de almuerzo, hasta el almuerzo del Sábado. O sea: Ayuno de viernes, 1:00 pm-sábado, 1:00 pm, para almorzar con nuestras familias.
Tras un día de exhaustiva labor por el reino de Dios, ahora… ¡esto! Lo que parecía un viaje con Cristo en busca de reposo y sosiego, pronto se convirtió en una espantosa tormenta. Jamás pensaron los discípulos que enfrentarían algo así. Habían visto a Cristo hacer milagros. Comprendían, a su modo, que era el Hijo de Dios. Se sentían cómodos y seguros a su lado y sus esperanzas de una pronta liberación de la opresión romana, los animaba en sus adentros.
Con Cristo o sin Cristo en la barca, enfrentaremos tormentas. ¿Prefieres afrontar la tormenta con Cristo, o sin Él?
¿No tienes cuidado que perecemos?
Sus intentos por manejar la barca fueron totalmente infructuosos. Los expertos marineros temieron por sus vidas al punto de olvidar que no estaban solos. Cuando un rayo de luz iluminó a Cristo, se volvieron a su Maestro con reclamos.
2. Cuando en nuestra incapacidad humana, finalmente nos acordamos de Cristo, ¿acaso no le hemos reclamado también? El mismo enemigo nos echa en cara: “¿No estás tú sirviendo a Cristo? Mira como te abandonó. Está durmiendo mientras tú luchas solo por la salvación de tu familia. ¿Cómo te atreves a servirle si… ¡Mira cómo están los tuyos!”
Foto por Rhodi Lopez@unsplash.com
¡Calla, enmudece!
Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza (Marcos 4:39). Su poder no ha menguado. Cualquiera sea la tormenta que estás afrontando, no necesitas luchar solo.
3. Cristo está tan cerca como una oración. La fe en Cristo calmará tu ser, acallará tus dudas y enmudecerá tus temores. Habrá grande bonanza en tu corazón y podrás ser, a tu familia y a otros, instrumento de su paz, que sobrepasa la comprensión de todo entendimiento.
Dios no te abandona en medio de la prueba. *Foto por Angelo Pantazis@unsplash.com
Cuando los desafíos llegan cual río impetuoso, cuando los problemas inundan mi vida, cuando todo es incierto y la prueba quiere nublar mis pensamientos, y ahogar mi fe, levanto mis ojos a ti, oh Jehová, y mi alma te alaba por tu promesa:
“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (Isaías 43:2).
9 Tazas Col Rizada (Kale) previamente meticulosamente lavada y cortada con cuchillo en finísimas tiritas
2 Tazas Quinoa, previamente cocida y sazonada a gusto.
1 Taza cilantro, finamente picado
1 Taza aceitunas rellenas con ajo y jalapeño, finamente picado
1/2 Taza aceitunas rellenas con pimiento rojo, finamente picadas
4 tazas garbanzos, cocidos, sazonados y escurridos (es igual a 1/2 libra de garbanzo seco). Yo los ablando en agua con ajo, sal a gusto y una cucharadita de aceite de maíz. No deben quedar recocidos, sino al dente.
2 Tazas de maíz congelado, previamente cocido con sal a gusto, y escurrido.
2 Tazas de tomates pequeños (cherry), cortados por mitad a lo largo
Él solo extendió los cielos, y anda sobre las olas del mar.
Job 8:9
Amigo, hno. ¿Cómo te sientes cuando tienes dificultades o pruebas? ¿Estás en angustia, estás en incertidumbre? Cuando estás viviendo una tempestad en tu vida, recuerda que en medio de las olas de la tempestad tú puedes clamar a Cristo, porque Él anda sobre las olas del mar. Podemos confiar en Él, pues es un refugio seguro en medio de la tormenta.
El testimonio de muchos que han confiado en Dios en medio de las tormentas de la vida es que Dios toma el control de sus emociones y de sus angustias cuando ponen su vida en las manos de Cristo. Si estamos escondidos en Cristo, podremos tener tranquilidad en medio de las tempestades.
” Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos” Salmo 32:8.
¿Estás en una encrucijada?
La vida se compone de decisiones, desde el despertar hasta el volver a dormir. Unas son de mayor peso o relevancia que otras. Cada una influye positiva o negativamente en los logros o la falta de ellos.
¿Qué haces al llegar a una encrucijada?
¿Cómo saber qué camino tomar? Dios está listo para ayudarnos a saber qué decisión es la que nos conviene tomar. Promete que nos hará comprender y nos enseñará el camino exacto por donde debemos andar.
La respuesta está tan cerca como una oración.
“El Señor revela su voluntad a aquellos que estén sinceramente dispuestos y deseosos de ser guiados. El motivo de su incompetencia es que han perdido el deseo de conocer y hacer la voluntad de Dios, y entonces no conocen nada en forma segura” (Testimonies for the Church, t. 3, p. 466).
En este día, pon cada decisión en las manos del que nunca yerra. Él ya ha fijado su vista en ti y quiere guiarte. Búscalo en diligente oración y podrás vivir hoy en victoria.