Una mujer viuda, creyente, estaba en serios problemas. Explicó al profeta su caso: El acreedor llegó para llevarse dos hijos como esclavos.
Lo que no tenía
Ella no tenía esposo, ni recursos, ni sustento; no tenía familia cercana que le ayudara, excepto sus hijos. Cuando peor estamos, aparece una prueba mayor: El acreedor no espera por nadie, no acepta explicaciones, ni se inmuta ante el dolor ajeno, puesto que él mismo es el causante. El enemigo viene a destruir, a quitar lo que Dios te dio, el gozo, la paz, la salud y tu familia…
El esposo era siervo de Dios
El sacerdocio espiritual se ejerció debidamente. Un hombre temeroso de Dios es ejemplo y bendición a su familia. La madre enseñó a sus hijos el temor de Jehová. No obstante, la tragedia invadió su hogar. Dejó dolor, soledad, escasez, necesidad y gran incertidumbre. La perspectiva de perder dos hijos era más de lo que su oído podía escuchar o su alma soportar. Entonces… clamó. El profeta, solícito atendió su clamor.
Lo que tú y yo tenemos en casa le importa a Dios.
Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite (2 Reyes 4:2).
— ¿Qué tienes en casa?
— Tu sierva ninguna cosa tiene en casa sino una vasija de aceite.
¿Se llevó el acreedor tu gozo, tu paz, tus sueños, tu salud o tu familia?
Hoy, Cristo nos invita a reflexionar en algo de suma importancia. Su pregunta es: ¿Qué tienes en tu casa?
Estamos a la orilla del río Jordán, a punto de cruzar a la Canaán celestial.
El anciano Moisés estaba delante del pueblo, para dar sus últimas exhortaciones al pueblo que anduvo errante por 40 años en el desierto. Repasó su trayectoria y las múltiples bondades del cielo para con ellos. Tiernamente, les exhortó a la obediencia y les recordó la grandeza de Jehová y sus obras.
“Mas vuestros ojos han visto todas las grandes obras que Jehová ha hecho. Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seáis fortalecidos, y entréis y poseáis la tierra a la cual pasáis para tomarla” (Deuteronomio 11:7-8).
Recuerda lo que han visto tus ojos de su extraordinario poder:
“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).
Si escuchas noticias o si eres una persona que se interesa en su prójimo, sin duda te das cuenta de cuánto sufrimiento hay alrededor nuestro.
¿Has pensado que el tiempo en que vivimos es difícil? ¿Te das cuenta que nuestro planeta ya no aguanta más? ¿Sufres con el dolor de quienes están a tu alrededor? No estás solo si reconoces que la humanidad necesita con extrema urgencia la mano divina interviniendo en nuestras vidas.
Pregunta irrelevante
Nuestro texto se desarrolla en un momento decisivo cuando Cristo se encuentra con un ciego de nacimiento. Sus discípulos se interesaron más en buscar quién era el responsable de su desdicha, si él o sus padres.
Enfoque apropiado
“Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.
Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.
Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.” (Juan 9:3-5).
¿Cual será nuestra respuesta a su ejemplo?
Mientras hay vida, luz y gracia, sigamos clamando por liberación, sanidad, conversión y consagración de aquellos a quienes deseamos ver en el cielo. Nuestro enfoque necesita ser salvación, sanidad; nunca juzgar, señalar, etc. Aprovechemos el corto tiempo que queda en interceder y colaborar en la salvación de aquellos que están a punto de perecer eternamente.
Y tú no temas, siervo mío Jacob, ni desmayes, Israel; porque he aquí yo te salvaré de lejos, y a tu descendencia de la tierra de su cautividad. Y volverá Jacob, y descansará y será prosperado, y no habrá quién lo atemorice (Jeremías 46:27).
Sigue orando
¿Dónde están aquellos por quienes oras para salvación? ¿Se han acercado a Cristo? ¿Están hoy más cerca que ayer? O, ¿se han ido más lejos, huyendo del llamado?
Tu deseo de verlos a los pies de Cristo no es mayor que el deseo de Cristo por rescatarlos. Sigue orando y ayunando.
Cristo no ha cambiado
¿Qué ves hoy que te entristece, y te desanima? Lleva tu petición a Cristo. Hoy, Jesús sigue obrando, sigue salvando, sigue restaurando. Su poder hoy es el mismo que en antaño sanó leprosos, levantó paralíticos, resucitó muertos.
Yo escojo creerle a Dios
No hay geografía ni terreno donde su amor no pueda alcanzar un corazón. No hay cadenas tan fuertes que su amor no pueda deshacer. La Palabra de Dios es vida, salvación, esperanza y tiene poder. Por eso, yo escojo creerle a Dios aquí y ahora en favor de aquellos por quienes oro. Dios puede salvar en cualquier lugar, en cualquier circunstancia, por cualquier medio que él escoja. Declararé su Palabra en favor de mi familia. Jesús hoy salva.
ÚNETE: Cada viernes después de almuerzo, hasta el almuerzo del Sábado. O sea: Ayuno de viernes, 1:00 pm-sábado, 1:00 pm, para almorzar con nuestras familias.
“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”- (Salmo 40:1).
Testimonio
El salmista nos da un breve, pero poderoso testimonio de la victoria que Dios obró tras su oración urgente.
La desesperación no resuelve nada
¿Has estado en un lugar cenagoso? ¿Es un lugar donde te puedas sentar a esperar en calma? No. Es un lugar incómodo, de peligro, un lugar lleno de lodo, un lugar sucio, que te dificulta la acción. Es una situación que pesa sobre ti y que agota las fuerzas físicas y también las energías mentales y espirituales. David no temió confesar que su situación fue desesperante.
La oración cambia las cosas
“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos” (Salmo 40:2).
David relata lo que Dios hizo por él en respuesta a su clamor: Dios lo hizo sacar del pozo de la desesperación. O sea, ahora, en vez de limitación, estrechez de pensamiento y (des-esperar) falta de esperanza, recordar las promesas de Dios trajo calma en medio de la adversidad.
La clave: “Paz-Ciencia”
La peña es sólida. Representa firmeza, estabilidad. Cada promesa divina nos es dada para que vivamos seguros y confiados en Dios. La oración y la meditación en las promesas divinas nos enseñan lo que personalmente he denominado “PazCiencia”: y lo defino como “la ciencia de la paz en medio de la prueba”. Eso cambia todo el panorama sombrío e infunde esperanza. Nos permite descansar confiadamente, con la seguridad de que Dios es fiel, que sigue al control y proveerá la solución. ¿Qué ven los demás en tu vida? ¿Ven desesperación, o ven firme confianza en Dios?
La consecuencia es alabanza
“Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová” (Salmo 40:3).
¿Da tu testimonio deseos de conocer y servir a tu Dios, o niega tu proceder el poder de Jehová? ¿Vives una vida de alabanza al único Dios verdadero?
Foto por Rhodi Alers de López
Invitación a la acción:
Hoy te invito a orar y dejar que Dios tome control y a disfrutar la “PazCiencia“. Verás esos fulgores de victoria que te inspirarán a cantar un cántico nuevo a Dios.
ÚNETE en ayuno cada viernes después de almuerzo, hasta el almuerzo del Sábado. O sea: Ayuno de viernes, 1:00 pm-sábado, 1:00 pm, para almorzar con nuestras familias.
Tras un día de exhaustiva labor por el reino de Dios, ahora… ¡esto! Lo que parecía un viaje con Cristo en busca de reposo y sosiego, pronto se convirtió en una espantosa tormenta. Jamás pensaron los discípulos que enfrentarían algo así. Habían visto a Cristo hacer milagros. Comprendían, a su modo, que era el Hijo de Dios. Se sentían cómodos y seguros a su lado y sus esperanzas de una pronta liberación de la opresión romana, los animaba en sus adentros.
Con Cristo o sin Cristo en la barca, enfrentaremos tormentas. ¿Prefieres afrontar la tormenta con Cristo, o sin Él?
¿No tienes cuidado que perecemos?
Sus intentos por manejar la barca fueron totalmente infructuosos. Los expertos marineros temieron por sus vidas al punto de olvidar que no estaban solos. Cuando un rayo de luz iluminó a Cristo, se volvieron a su Maestro con reclamos.
2. Cuando en nuestra incapacidad humana, finalmente nos acordamos de Cristo, ¿acaso no le hemos reclamado también? El mismo enemigo nos echa en cara: “¿No estás tú sirviendo a Cristo? Mira como te abandonó. Está durmiendo mientras tú luchas solo por la salvación de tu familia. ¿Cómo te atreves a servirle si… ¡Mira cómo están los tuyos!”
Foto por Rhodi Lopez@unsplash.com
¡Calla, enmudece!
Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza (Marcos 4:39). Su poder no ha menguado. Cualquiera sea la tormenta que estás afrontando, no necesitas luchar solo.
3. Cristo está tan cerca como una oración. La fe en Cristo calmará tu ser, acallará tus dudas y enmudecerá tus temores. Habrá grande bonanza en tu corazón y podrás ser, a tu familia y a otros, instrumento de su paz, que sobrepasa la comprensión de todo entendimiento.
La decisión de orar y/o ayunar por un ser amado que no ha venido a Cristo no está exenta de desafíos. Tal decisión necesita hacerse con oración y con la convicción de que es un compromiso de largo plazo.
¿Cuántas veces habrás de orar antes de ver la respuesta? Sólo el cielo sabe. Lo importante es que cada momento en comunicación con Dios al respecto está cargado de doble bendición:
Bendición para el intercesor. Ésta incluye tiempo ilimitado a solas con el Creador del universo sin previa cita. Tiene acceso a múltiples encuentros, según se desee, que transforman la mente y la vida entera.
Bendición para los seres amados. Cada uno que está siendo cubierto por la intercesión recibe protección, dirección y el toque, a veces quedo, del Espíritu Santo. Otras veces es un toque intenso que inquieta la vida entera y lleva a la convicción.
Tres veces oraba Daniel en el día. El profeta Elías oró siete veces antes de ver señal de respuesta divina. ¿Estás comprometido? Ya que emprendiste la senda de la intercesión, no te desanimes. No te des por vencido. No dejes la tarea a otros. El cielo te ha inquietado a orar y es tuyo el alto privilegio concedido.
¿Cuanto tiempo orarás? ¿ Cuántas veces al día mirarás el rostro de Cristo? Mejor aún, ¿cuánto vale para ti la salvación de esa persona? Que el sacrificio de Cristo sea tu inspiración y motivación para interceder continuamente en su favor; pues solo la oración perseverante es la que prevalece.
Mi oración:
Amante Padre celestial, gracias por tu sacrificio e interés en la salvación de mis amados. Ayúdame a ser constante y perseverante en este cometido sagrado. Gracias por el sacrificio de Cristo y su salvación. Gracias por el valor concedido a mi ser y a cada persona por quien oro. Gracias por la victoria que darás en respuesta a la oración perseverante. En el nombre de Jesús, Amén.
(C) Rhodi Alers de López 2019
NOTA: Este ayuno lo comenzamos viernes, a la 1:00 pm, después del almuerzo y concluimos el sábado a la 1:00 pm, para almorzar con nuestra familia.Cuando ores por los tuyos, recuerda orar por el gran número de hijos y familias por quienes cada uno está orando. GRACIAS por ser parte de este ejército de intercesores.
¿Cómo hacerlo?
Repasa en silencio la promesa para hoy.
Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
Si deseas, escribe la promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.
Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que tendrá en tu familia.»
¿Qué más puedo hacer? Comparte esta promesa y esta invitación con otros que desean ver a sus familias en el reino de los cielos. Hagamos un cerco de oración alrededor de nuestras familias. Humillemos nuestras vidas en ferviente oración y ayuno. Dios responderá. Veremos su victoria.
COMPARTE y COMENTA: ¿Cómo está Dios obrando en respuesta a tu oración? Nos encantaría saber de ti.
“Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. (Mateo 21:22 ).
Asunto de fe
Jesús acababa de maldecir la higuera estéril cuando hace su debut en el escenario esta preciosa promesa. ¿Ya la analizaste?
Su contexto nos da una importante seguridad y nos muestra una exorbitante necesidad individual y colectiva: en breves palabras: Es indispensable la fe.
Si tuviésemos fe, si no dudásemos… otra sería nuestra historia, y nuestro presente. Veamos esta pequeña y grandísima promesa.
Todo o nada
“Todo”-Dios no excluyó nada de esta promesa. Todo está incluído. ¡Todo! ¿Leíste bien? Él dijo: “¡Todo!”
“Lo que pidiereis“–Entonces, se requiere del creyente que aparte tiempo para hablar en privado con el Padre celestial. ¿Qué le pedirás?
“En oración”-Esto no se trata de un hijo malcriado que se presenta ante su papá a exigir cada vez que se le antoja cualquier cosa. La oración es una conversación respetuosa, en reconocimiento de su autoridad sobre nosotros, su poder para obrar y su deseo, como Padre, de darnos lo que Él conoce que es lo mejor y, en el momento más apropiado. Es una súplica, para que el Padre de inmenso amor, obre según su gracia y misericordia en la necesidad presentada o el deseo expresado.
Revisa tu “Fe”-nómetro
“Creyendo”-¿Crees que el Padre te ama y puede darte lo que pides? Esto es un asunto de pura fe; fe que obra por amor y espera, confiado en su Señor.
Éxito garantizado.
“Lo recibiréis”-Su promesa termina diciendo que la respuesta está asegurada a quienes creen; no a quienes solo buscan un beneficio nominal.
¡Qué maravillosa promesa! Sencilla, abarcante, segura, fiel y verdadera, como su Autor.
¿Sientes un incontenible deseo de orar? Acompáñame:
Tierno Padre celestial:, tu bondad sobrepuja mi comprensión. Gracias por mostrarme mi mayor necesidad. Gracias por educarme en la Ciencia de la Oración. Perdona mi tambaleante fe. Humilde ruego fortalece mi fe, para que al presentar mis súplicas, anhelos e intercesión, pueda verlos hecho realidad. Ten misericordia de mis hijos y familiares que anhelo ver en el cielo. Uno mi súplica a la de tantos que piden por sus seres amados. Que tu Santo Espíritu les muestre también a ellos su necesidad y tu gran amor que gime por salvarlos. Gracias por tu poder y por el sacrificio de Jesús en nuestro favor. En el precioso nombre de Jesús, te alabamos y pedimos esta dulce bendición, Amén.
NOTA: Este ayuno lo comenzamos viernes, a la 1:00 pm, después del almuerzo y concluimos el sábado a la 1:00 pm, para almorzar con nuestra familia.Cuando ores por los tuyos, recuerda orar por el gran número de hijos y familias por quienes cada uno está orando. GRACIAS por ser parte de este ejército de intercesores.
¿Cómo hacerlo?
Repasa en silencio la promesa para hoy.
Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
Si deseas, escribe la promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.
Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que tendrá en tu familia.»
¿Qué más puedo hacer? Comparte esta promesa y esta invitación con otros que desean ver a sus familias en el reino de los cielos. Hagamos un cerco de oración alrededor de nuestras familias. Humillemos nuestras vidas en ferviente oración y ayuno. Dios responderá. Veremos su victoria.
COMPARTE y COMENTA: ¿Cómo está Dios obrando en respuesta a tu oración? Nos encantaría saber de ti.
La intercesión es un hermoso privilegio y una doble bendición: Acerca al intercesor al trono de la gracia y, en respuesta a ella, Dios obra su voluntad en la persona y/o necesidad por la cual se intercede.
¿Por qué ora un Intercesor?
El intercesor reconoce que personalmente no puede solucionar la necesidad o responder al pedido. Pero sabe que Dios sí puede solucionar, y puede responder al pedido de manera más abundante que lo que pueda imaginar.
“Por este hijo oraba”
“Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. 28 Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová” (1 Samuel 1:27-28).
Ana sufría intensamente. No dice el registro bíblico que pidió oración. No buscó un intercesor. Acudió directamente al trono de la gracia a orar por el hijo que no tenía. Aunque pasó un tiempo de prueba, angustia y espera, Dios escuchó y respondió concediendo el hijo de sus más caros anhelos. Determinado tiempo después devolvió a Dios a su único hijo, y lo dejó en sus manos, para el servicio del Dios que oye y responde.
Intercesores
Hoy Dios busca padres, madres y familiares que se conviertan en intercesores. Un intercesor es persistente, ora a menudo, clama a Dios por la necesidad que tiene a mano y por la persona por quien Dios colocó una “carga” en su corazón. Ana oró incontables veces antes de ir al templo a orar. Como intercesores, no podemos dejar de orar hasta no tener la seguridad de la respuesta divina.
Foto por Kevin Gent @ Unsplash.com
Alabemos & Oremos
Amante Padre celestial, alabo tu nombre y tu poder. Agradezco tu misericordia y disposición de contestar. Soy indigna pecadora. Mas coloco a nuestros hijos y familiares en tus manos. Aunque no haya señal de vida espiritual, continúo clamando porque solo Tú puedes crear vida de la nada. Ana oró por el hijo que aún no existía. Hoy clamamos por todas nuestras familias, para que tú pongas en cada uno el aliento de vida espiritual que necesitan. Responde, Padre, según tus múltiples misericordias y según tu anhelo de salvar. Te alabo y adoro. Confío en que muy pronto, como Ana, también exclamaré: “Por este hijo oraba, y Jehová me dio lo que le pedí.” Así estoy segura de que obrarás en cada uno de los incontables corazones por quienes estamos unidos en oración y ayuno. En el nombre de Jesús, Amén.
Dios te bendiga y conceda los pedidos de tu corazón conforme a su promesa y gran misericordia.
NOTA: Este ayuno lo comenzamos viernes, a la 1:00 pm, después del almuerzo y concluimos el sábado a la 1:00 pm, para almorzar con nuestra familia.Cuando ores por los tuyos, recuerda orar por el gran número de hijos y familias por quienes cada uno está orando. GRACIAS por ser parte de este ejército de intercesores.
¿Cómo hacerlo?
Repasa en silencio la promesa para hoy.
Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
Si deseas, escribe la promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.
Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que tendrá en tu familia.»
¿Qué más puedo hacer? Comparte esta promesa y esta invitación con otros que desean ver a sus familias en el reino de los cielos. Hagamos un cerco de oración alrededor de nuestras familias. Humillemos nuestras vidas en ferviente oración y ayuno. Dios responderá. Veremos su victoria.
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¿Has visto a un padre con su bebé recién nacido o un infante? Sobresalen el amor y la ternura en su trato con la indefensa criatura. Frecuentes mimos y besos se mezclan con las atenciones de las necesidades propias de la edad del pequeño. A medida que su retoño crece, las demostraciones de amor cambian para adecuarlas a las necesidades del momento. Crecen los hijos, crece el amor. Crecen las necesidades y aumenta la intercesión.
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1).
El amor que nuestro Padre celestial nos prodiga es constante como el amanecer. Como criaturas finitas, somos incapaces de asimilar su profundo amor. Solo a través de nuestro crecimiento espiritual captamos un poco de su ternura, paciencia e infinito amor. En el diario caminar de su mano descubrimos preciosas revelaciones de su amor.
La bendición de la intercesión: A través de le intercesión nos convertimos en canales a través de los cuales Dios manifiesta su amor por la humanidad. Como tal, vemos reiteradas pruebas del amor y cuidado divino hacia el objeto de nuestra intercesión. El tiempo apremia: Oremos hasta ver nuestro propósito hecho realidad: que ellos vean con sus ojos carnales y espirituales el amor que Dios les tiene y el Padre celestial sea glorificado con su respuesta a tal amor.
Mi oración: Amante Padre celestial, te doy gracias por el amor puro y tierno que nos tienes. Gracias por el río de amor que fluye desde el Calvario. Gracias por la obra del Espíritu Santo. Hoy suplico que nuestros hijos y demás familiares por quien estamos intercediendo pronto también reconozcan y exclamen: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él”. En el nombre de Jesús, Amén.
NOTA: Este ayuno lo comenzamos viernes, a la 1:00 pm, después del almuerzo y concluimos el sábado a la 1:00 pm, para almorzar con nuestra familia.Cuando ores por los tuyos, recuerda orar por el gran número de hijos y familias por quienes cada uno está orando. GRACIAS por ser parte de este ejército de intercesores.
Recuerda: Victoria se escribe con oración.
¿Cómo hacerlo?
Repasa en silencio la promesa para hoy.
Aparta varios momentos en el día para hablar con Dios sobre tus amados que deseas ver en el cielo y pide que la promesa compartida sea realidad en tu vida y la de toda tu familia.
Si deseas, escribe la promesa en un lugar visible para recordativo tuyo.
Al terminar el ayuno para almorzar en familia el sábado, agradece a Dios por la victoria que tendrá en tu familia.”
¿Qué más puedo hacer? Comparte esta promesa y esta invitación con otros que desean ver a sus familias en el reino de los cielos. Hagamos un cerco de oración alrededor de nuestras familias. Humillemos nuestras vidas en ferviente oración y ayuno. Dios responderá. Veremos su victoria.
Dios te bendiga y conceda los pedidos de tu corazón conforme a su promesa y gran misericordia.
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