¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.”
Are not two sparrows sold for a coin? And not one of them will fall to the ground apart from your Father. Buet even the hairs of your head are all numbered. Fear not, therefore; you are of more value than may sparrows”
Lucas 15 contiene tres ilustraciones de la triste realidad humana: Sin Dios estamos perdidos. Ilustra el inmenso, perfecto y tierno amor de Dios y su actitud compasiva hacia el pecador, perdido en su miseria y ceguedad. Ilustra su interés puesto en acción y su disposición a sufrir con tal de rescatar al pecador más empedernido.
La oveja perdida ilustra a quien se reconoce extraviado, pero no sabe cómo encontrar el camino de regreso. Necesita que se vaya tras ellos y se los traiga con amor y ternura de vuelta al redil.
La moneda perdida ilustra a quienes están perdidos y ni siquiera lo entienden. Se requiere acción exterior, esforzada y diligente, para buscarla y hallarla, hasta colocarla en su lugar correspondiente, ese lugar de importancia muy cercano a su dueño.
El hijo pródigo representa a quienes una vez estuvieron dentro del círculo de la comunión con Dios, pero se han alejado por decisión propia.
Lucas 15:11-32 cuenta la historia de un hijo que se cansó de estar bajo el cuidado y autoridad de su padre, que no valoró su privilegio de hijo amado, y que desafió la voluntad de su padre, le pidió el dinero que le correspondería a su muerte, y se aventuró muy lejos, a malgastar su vida y su herencia. Muestra cuán astuto es el enemigo, que atrae a tantos incautos a salir de ese círculo de protección paterna, para aventurarse en caminos que lo conducen a la ruina e indigencia espiritual. Muestra las consecuencias de decisiones no guiadas por el Espíritu Santo.
Él no retiene a nadie a la fuerza: les permite a sus hijos tomar decisiones, aunque sabe que no todas son siempre las mejores.
Él sufre por sus hijos, pero les da libertad para decidir si amarle y sujetarse a su conducción, o irse a las provincias lejanas a experimentar en carne propia las inevitables consecuencias de decisiones erradas.
Él es amor, misericordia, tierna compasión y perdón.
Él ilustra la maravillosa gracia de Dios, que toca el corazón y le recuerda el amor y la provisión que él, tan amante, hizo para aquellos que se humillan, se arrepienten y regresan al amparo de su gracia.
Cuando el Padre corrió
Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
Lucas 15:20
Cuando éste hijo se encontró sin recursos ni ayuda, reconoció su deplorable condición, recordó las bendiciones que disfrutó en la casa del Padre, se arrepintió y emprendió camino de regreso al hogar. Desde lejos el Padre le vio ycorrióa su encuentro. Lo abrazó, besó, y dio orden de vestirle, calzarle, devolverle su autoridad como miembro de la familia y de festejar su llegada de forma espectacular.
Si alguna vez sientes que no te aceptará tu padre, recuerda que él está más deseoso de recibirte, que tú de ir a él. También hacia ti correrá el Padre. Te abrazará, vestirá, calzará, te dará su anillo de autoridad y festejará tu llegada, sin importar cuán lejos de su voluntad y propósito estuviste, ni por cuánto tiempo estuviste lejos. Hoy es el día de salvación.
“Levantaos e id a vuestro Padre. El os saldrá al encuentro muy lejos. Si dais, arrepentidos, un solo paso hacia él, se apresurará a rodearos con sus brazos de amor infinito. Su oído está abierto al clamor del alma contrita. El conoce el primer esfuerzo del corazón para llegar a él. Nunca se ofrece una oración, aun balbuceada, nunca se derrama una lágrima, aun en secreto, nunca se acaricia un deseo sincero, por débil que sea, de llegar a Dios, sin que el Espíritu de Dios vaya a su encuentro. Aun antes de que la oración sea pronunciada, o el anhelo del corazón sea dado a conocer, la gracia de Cristo sale al encuentro de la gracia que está obrando en el alma humana.” {PVGM 162.1}
Las casas de los pobres en el tiempo de Cristo, eran de una sola habitación; oscuras, por su falta de ventanas. La dote matrimonial era conservada diligentemente por cada mujer, tanto que siempre se la llevaba en su ropa, velo o diadema. Debía pasarla a su propia hija en ocasión de su matrimonio. La dote confirmaba su estado civil: casada, representaba su honor, y daba cierta estabilidad financiera a la mujer (en caso de separación o divorcio). Si una moneda faltaba, se cuestionaba la reputación de la mujer. Su búsqueda era indispensable y su hallazgo era motivo de gran alivio, regocijo y celebración.
¿Cuánto vale una moneda?
La moneda nueva y resplandeciente tiene el valor que se le haya asignado, y que está inscrito en su superficie. Cuando la moneda es antigua, ha pasado de mano en mano, esté limpia o llena de polvo y suciedad, sigue siendo valiosa para su dueño. Si una moneda se pierde, su valor no disminuye por haberse extraviado. Su valor sigue siendo el mismo, esté donde esté.
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Lucas 15:8-10 es una breve descripción de la realidad que se vive en muchas familias. Nos muestra el problema y también la solución. Nos llena de esperanza porque nos muestra que hay un resultado positivo como consecuencia de la búsqueda.
¿Cuánto vale una vida?
Cristo inscribió su propia imagen en cada ser humano. Cada miembro de la familia es precioso ante Dios. Hay en nuestras familias seres humanos que han perdido su relación con Dios y están inconscientes de su condición y necesidad. El brillo de la gloria de Dios (su carácter) ya se opacó en ellos. El pecado borró parte de esa imagen divina, que Cristo procura restaurar. Jesús murió por cada uno; y ninguno es de menor valor; ni siquiera cuando está perdido en su vana manera de vivir. Cada uno es digno de que cada miembro de la familia se interese por su salvación. Cuando te preguntes: “¿Dónde estará mi moneda perdida?”… Dios te responde:
“Apúrate y enciende la luz”
En los hogares sin iluminación es imposible ver, buscar y encontrar. En nuestros hogares y familias necesita restaurarse el altar familiar y encenderse la luz de la Palabra viva de Dios. A través del estudio diligente de la Biblia con humildad y oración, el Espíritu Santo quiere mostrarnos nuestra condición.
Los padres no deben descansar si en su familia hay un hijo que vive inconsciente de su estado pecaminoso. Enciéndase el candil. Escudríñese la Palabra de Dios, y al amparo de su luz examínese diligentemente todo lo que hay en el hogar para ver por qué está perdido ese hijo. Escudriñen los padres su propio corazón, examinen sus hábitos y prácticas. Los hijos son la herencia del Señor, y somos responsables ante él por el manejo de su propiedad.”
If ye then, being evil, know how to give good gifts unto your children: how much more shall your heavenly Father give the Holy Spirit to them that ask him?
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? Lucas 11:13.