Ella es una mujer que ama a Dios y a sus semejantes. Ama a su familia y lo demuestra cada día con su tiempo, su esfuerzo, sus detalles y sus palabras de aliento. Es una hija dedicada, una madre ejemplar, una esposa fiel, y una empleada eficiente. Es una incansable y perseverante guerrera de oración y una amiga confiable.
Grisel está hoy celebrando un año más de vida. Hoy te invito a elevar una oración a Dios por ella.
OREMOS:
Padre celestial, gracias por el privilegio de conocer a Grisel. Gracias por su vida, por su amor a ti, que es evidente en todo lo que hace. Gracias por su influencia, por su corazón compasivo y por su interés en el bienestar de otros. Suplico hoy tu bendición especial para su vida. Tú conoces sus anhelos, sus alegrías, y también sus desafíos y necesidades. Llénala de tu Santo Espíritu y cumple en ella y a través suyo, tu propósito para su vida. Permite que ella siempre dependa de ti, y que su relación con Cristo aliente e inspire a otros a una relación de fe con Cristo como Salvador personal. Dale hoy la bendición que tú tienes para ella. Permite que sea renovada en tu presencia y que su fe crezca cada día más. Bendice también a cada miembro de su familia y dale la alegría de que se preparen para el reino de los cielos. Gracias, Padre, por Grisel, y gracias por concederle tu bendición. En el nombre de Jesús, Amén.
No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.
Gracias, amante Padre celestial, por amarme tanto, que me escogiste a mí, aunque no lo merezco. Hoy te alabo por tal privilegio. Con humildad, te agradezco por tener tan específico y elevado propósito para mí: Ayúdame a llevar el fruto del Espíritu Santo, y que éste perdure, para que mis ruegos sean contestados, por los méritos de Cristo, y para la gloria de tu nombre. En el nombre de Jesús, Amén.
Gracias, Padre celestial, por escucharnos tan atentamente aun en esos difíciles momentos cuando no podemos expresarlos abiertamente. Te alabamos por tu amor, tu tierno cuidado y tu disposición para obrar en nuestra necesidad. Ayúdanos a ser más como tú. En el nombre de Jesús, Amén.
Bendice, alma mía a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Salmo 103:1
Me parece curiosa la invitación del salmista: “Y bendiga todo mi ser su santo nombre.” Todo nuestro ser entero debe estar envuelto en alabar y bendecir aDios por sus múltiples misericordias.
Estoy segura de que puedes identificar momentos difíciles, pero Dios ha sido fiel. En medio de la incertidumbre, Él sigue al control. Sus promesas son seguras. De Él podemos depender. En Él estamos seguros. Él es nuestra esperanza, nuestro refugio, y el único de quien procede todo lo bueno.
Foto por Rhodi López@Unsplash.com
Algunos motivos que nos sugiere el salmista para bendecir a Jehová:
Su Perdón
Sanidad
Rescate
Su provisión/ Saciedad que lleva al rejuvenecimiento
Justicia
Misericordia
Compasión
Su trono está en los cielos-nada lo puede alcanzar ni corromper. Pero… qué hermoso es saber que nuestra alabanza sincera se eleva en grato perfume a nuestro Hacedor. Alabado sea su santo nombre.
Aún a los ángeles se les invita a bendecir a Jehová.
Al mirar hacia atrás ciertamente vemos situaciones de toda índole. Pero Dios no ha faltado a sus promesas. Alabemos su nombre. Agradezcamos su perdón, su amor y cada nueva oportunidad que nos ofrece. Y prosigamos a la meta, porque Cristo ya pronto viene. ¿Estás listo?
¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos!Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. Salmo 84:1-2.
Incontenible anhelo
¿Alguna vez se te ha hecho imposible estar reunido personalmente en el edificio de la Iglesia por alguna enfermedad o por algún otro motivo de peso? ¿Has extrañado la experiencia de la adoración corporativa?
Para los israelitas no era una experiencia ordinaria, sino una experiencia sumamente especial llegar a la casa de Dios y adorar allí junto a otros de su misma fe. Eran pocas las veces que en un año podían acudir al templo. En el Salmo 84, el salmista expresa su ardiente, fervoroso e incontenible deseo de estar en la casa de Dios.
Foto por Rhodi López@Unsplash.com
Amabilidad sin límites
“¡Cuán amables son tus moradas!” —Hay una experiencia positiva muy deseada en la vida del salmista. ¿Te sientes tú rodeado de la amabilidad divina cuando vas a su templo? ¿O la disfrutas únicamente en la soledad, en tus momentos privados con Dios? ¿Has meditado en la parte que, como creyente, te corresponde hacer para fomentar un ambiente de amabilidad en la casa de Dios para todo el que allí se allega, indistintamente de su posición, conocimiento, experiencia en la fe o la falta de ella? ¿Pueden decir los que a tu congregación asistieron: “Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos”?
Los atrios de Jehová
¿Qué significa para tu vida poder asistir a los atrios de Jehová? ¿Cómo impacta ello tu relación con Dios, con otros creyentes, y con quienes aún no le han conocido? ¿Dice tu comportamiento allí que reconoces que éstos son los atrios de Jehová? ¿Qué cambiarías en tu actitud o comportamiento con tal de transmitir a todos que éste es un lugar apartado para un encuentro con el Creador del universo, para que todo el que a Él se acerque sea vivificado en su presencia, y no un lugar de reunión social para propósitos egoístas ni seculares?
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Alabanza verdadera
Es el humilde reconocimiento de que el lugar de encuentro son los atrios de Jehová lo que despierta en el creyente ese deseo incontenible de llegar a su presencia para disfrutar la amabilidad ilimitada de Dios. De su corazón brotan melodías inspiradas por el Espíritu Santo, que Dios acepta como verdadera alabanza, porque en espíritu alma y cuerpo se está en comunión con el único Dios verdadero, que lo lleva a exclamar: “¡Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo!”
¿Cuándo fue la última vez que te identificaste así con el salmista?
Gracias, Padre celestial, por la gran misericordia que has mostrado con este pecador. No merezco tu bondad, pero te alabo por la bendición de ver un nuevo día.
“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. 24 Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré ” (Lamentaciones 3:22-24).
Tu fidelidad me conmueve, tu bondad es sin precedentes. ¿Quién sino tú mostraría tanto amor hacia un miserable pecador? Hoy ante tu trono, agradezco el sacrificio de Jesús, quien dio su vida por mí para darme vida nueva. Gracias por la salvación que obró allí en mi favor.
Solo gracias tengo para darte hoy que
termina un año.
¿Qué más podría yo decirte por las
innumerables veces que me has perdonado?
Gracias,
Señor amado, gracias por haberme amado.
Gracias
por tantas veces que mi clamor has escuchado.
Gracias
por permitirme hasta aquí haber llegado. No lo merezco. Solo agradezco.
Gracias
por ese abrazo con que me abrigas cada día,
Gracias
por dar a Jesús, y por tu Palabra, segura guía.
Gracias
por mi familia, la que me acepta, me cuida, me ama.
Gracias
por darme aquí el privilegio de servirte.
Gracias
por las pruebas y aún los vientos de tormenta, porque nunca me abandonaste a mi
propia y oscura suerte.
Gracias
por los tropiezos que en el camino hallé. Me llevaron un peldaño más cerca de
Emanuel.
Gracias
por las heridas que en la batalla adquirí, pues tú las sanaste todas y me
hiciste muy feliz.
Gracias
por tu cuidado y tu amorosa protección, que me guardaron del maligno en toda
ruda tentación.
Gracias
por las lágrimas que me tocó derramar, pues por ellas limpiaste mis ojos con el
colirio celestial.
Gracias
por cada amigo, por cada hermano, por cada niño que a mi vida has traído. De todos quiero aprender solo lo bueno, lo
puro y lo virtuoso; y que mi ejemplo no sea tropiezo, sino de compañerismo con
quien es el Camino, la Verdad, y la Vida.
Gracias
por los pedidos que aun no me has contestado. Tus planes son más altos; tu
tiempo, ventajoso.
Gracias
por los reveses, las circunstancias amargas, pues ahí te oigo decir: “Hija, bástate
mi gracia”.
Gracias
por la provisión de tu Espíritu Santo, pues nunca en esta senda me dejaste caminar
sola.
Gracias
por el dolor que a mi puerta ha tocado. Me haces saber que en ti solo está el
verdadero gozo.
Gracias por las privaciones que a veces experimenté. Tú solo eres mi verdadero Jehová Jireh.
Gracias
por el dolor, la penuria, la aflicción. Tú tornaste mi llanto en una nueva y
hermosa canción.
Gracias por la persecución, las burlas y el escarnio; me hacen valorar tu vituperio al tomar mi lugar.
Gracias
por la maldad que gusté de tantos que fingen
que te aman. Me llevas a comprender que no hay amor real, si no viene de
Jehová.
Tan solo: “GRACIAS”, puedo decirte por permitirme a mí terminar este año con sus risas, con sus retos y su lección. Los días buenos fueron de gracia; los días tristes, de instrucción; pero en ninguno se apartaron de mí tu magna gracia y tu bendición.
Todo quedó atrás, los retos, llantos y desafíos, las ofensas y las heridas, los dolores, mis desaciertos. Todo quedó atrás. Perdoné porque fui perdonada. Cristo limpió mi culpa. Todo quedó atrás.
Solo Cristo está al frente. Él es mi única esperanza. Él es mi roca, Él es mi fuerte. En Él confío, con Él camino hacia un futuro de bendición, aunque ande el valle de sombra de muerte.
Gracias,
amado Cristo. Gracias, mil gracias, por tanta bondad. Quiero contigo emprender
camino este año nuevo, de aquí y ahora a la eternidad.
“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”- (Salmo 40:1).
Testimonio
El salmista nos da un breve, pero poderoso testimonio de la victoria que Dios obró tras su oración urgente.
La desesperación no resuelve nada
¿Has estado en un lugar cenagoso? ¿Es un lugar donde te puedas sentar a esperar en calma? No. Es un lugar incómodo, de peligro, un lugar lleno de lodo, un lugar sucio, que te dificulta la acción. Es una situación que pesa sobre ti y que agota las fuerzas físicas y también las energías mentales y espirituales. David no temió confesar que su situación fue desesperante.
La oración cambia las cosas
“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos” (Salmo 40:2).
David relata lo que Dios hizo por él en respuesta a su clamor: Dios lo hizo sacar del pozo de la desesperación. O sea, ahora, en vez de limitación, estrechez de pensamiento y (des-esperar) falta de esperanza, recordar las promesas de Dios trajo calma en medio de la adversidad.
La clave: “Paz-Ciencia”
La peña es sólida. Representa firmeza, estabilidad. Cada promesa divina nos es dada para que vivamos seguros y confiados en Dios. La oración y la meditación en las promesas divinas nos enseñan lo que personalmente he denominado “PazCiencia”: y lo defino como “la ciencia de la paz en medio de la prueba”. Eso cambia todo el panorama sombrío e infunde esperanza. Nos permite descansar confiadamente, con la seguridad de que Dios es fiel, que sigue al control y proveerá la solución. ¿Qué ven los demás en tu vida? ¿Ven desesperación, o ven firme confianza en Dios?
La consecuencia es alabanza
“Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová” (Salmo 40:3).
¿Da tu testimonio deseos de conocer y servir a tu Dios, o niega tu proceder el poder de Jehová? ¿Vives una vida de alabanza al único Dios verdadero?
Foto por Rhodi Alers de López
Invitación a la acción:
Hoy te invito a orar y dejar que Dios tome control y a disfrutar la “PazCiencia“. Verás esos fulgores de victoria que te inspirarán a cantar un cántico nuevo a Dios.
ÚNETE en ayuno cada viernes después de almuerzo, hasta el almuerzo del Sábado. O sea: Ayuno de viernes, 1:00 pm-sábado, 1:00 pm, para almorzar con nuestras familias.
Tras un día de exhaustiva labor por el reino de Dios, ahora… ¡esto! Lo que parecía un viaje con Cristo en busca de reposo y sosiego, pronto se convirtió en una espantosa tormenta. Jamás pensaron los discípulos que enfrentarían algo así. Habían visto a Cristo hacer milagros. Comprendían, a su modo, que era el Hijo de Dios. Se sentían cómodos y seguros a su lado y sus esperanzas de una pronta liberación de la opresión romana, los animaba en sus adentros.
Con Cristo o sin Cristo en la barca, enfrentaremos tormentas. ¿Prefieres afrontar la tormenta con Cristo, o sin Él?
¿No tienes cuidado que perecemos?
Sus intentos por manejar la barca fueron totalmente infructuosos. Los expertos marineros temieron por sus vidas al punto de olvidar que no estaban solos. Cuando un rayo de luz iluminó a Cristo, se volvieron a su Maestro con reclamos.
2. Cuando en nuestra incapacidad humana, finalmente nos acordamos de Cristo, ¿acaso no le hemos reclamado también? El mismo enemigo nos echa en cara: “¿No estás tú sirviendo a Cristo? Mira como te abandonó. Está durmiendo mientras tú luchas solo por la salvación de tu familia. ¿Cómo te atreves a servirle si… ¡Mira cómo están los tuyos!”
Foto por Rhodi Lopez@unsplash.com
¡Calla, enmudece!
Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza (Marcos 4:39). Su poder no ha menguado. Cualquiera sea la tormenta que estás afrontando, no necesitas luchar solo.
3. Cristo está tan cerca como una oración. La fe en Cristo calmará tu ser, acallará tus dudas y enmudecerá tus temores. Habrá grande bonanza en tu corazón y podrás ser, a tu familia y a otros, instrumento de su paz, que sobrepasa la comprensión de todo entendimiento.