Dear heavenly Father, I admit my lack of understanding and knowledge to do your will. I need your guidance and direction. I surrender to your will. In Jesus name, Amen.
“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”
Salmo 32:8
Oración:
Amante Padre celestial, reconozco que necesito tu instrucción y conducción para hacer tu voluntad. Me rindo a tu dirección. En el nombre de Jesús, Amén.
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
No todas las espadas son construidas de doble filo. Cada estilo tiene su función. La espada de doble filo es más peligrosa que su contra parte, ya que la de doble filo corta y también desgarra.
La Palabra de Dios se compara a una resplandeciente espada de doble filo. Algunas personas pueden denominarse impenetrables o ser más difíciles de influenciar o impresionar. Pero una puntiaguda espada de dos filos entra con facilidad hasta desmenuzar el orgullo propio, deshacer la sabiduría humana, destrozar los pre-conceptos, deshilachar la incredulidad, y hendir las mejores excusas. Nada se resiste ante ella. Nada queda sin su influencia transformadora.
Foto por Ricardo Cruz @Unsplash.com
Poderosa espada
La Palabra de Dios raja las cortinas de tinieblas espirituales para que la luz del cielo resplandezca en el corazón. Entonces la espada ilumina las más recónditas áreas de la vida: ella conoce y examina los pensamientos, identifica muy bien las intenciones y motivaciones de nuestras actitudes y costumbres. Cuando la espada de la Palabra de Dios penetra nuestra vida corta la vanidad, quiebra nuestras defensas más fieras, y subyuga todo pensamiento a su poder perfeccionador. Oremos, ayunemos por sabiduría para dar uso a la única espada capaz de erradicar el pecado de cada vida a ella expuesta.
Deja tu comentario más abajo del artículo. Cuéntanos cómo está obrando Dios en la vida de aquellos por quienes suplicas salvación. Será de estímulo a otros.
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte
¿Por quién estás orando para que reciba salvación a través de la fe en Cristo Jesús?
En la labor de intercesión y la obra de ayudar a otros a conocer y/o aceptar a Cristo es imprescindible que nos reconozcamos débiles e incapaces para lograr algo por nuestras propias fuerzas. Es fácil y feliz ver que con alegría se acepta el Evangelio de salvación, pero no todos los corazones tienen tierra fértil.
Hay corazones con luchas que desconocemos, y solo el Espíritu Santo es capaz de quitar todo tropiezo para que se acepte a Cristo como Salvador.
Sin embargo, aunque necesitamos reconocer nuestra total incapacidad y por ende, nuestra total necesidad de depender de Cristo, no debemos pensar que nunca veremos el resultado de nuestra labor. Pablo tenía un aguijón que podemos comparar con un tropiezo o impedimento para avanzar en su labor. Pero Cristo le dijo: “Mi gracia es suficiente”.
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte (2 Corintios 12:9-10).
Todavía esa gracia es suficiente y nosotros necesitamos depender de esa gracia y agradecerle a Dios por ella. Somos débiles, pero Cristo es fuerte. Somos insuficientes, pero la gracia de Cristo fluye en suficiente proporción a la necesidad presente. No dejemos de colaborar con Dios en el testimonio positivo, en la exhortación, en la enseñanza de la Palabra viva, en las invitaciones, en la intercesión.
Job se encontraba en medio de una situación desoladora. Había perdido:
Sus bueyes y sus asnas robados
Mataron a sus criados a filo de espada.
Sus ovejas y sus pastores perecieron cuando un fuego descendió del cielo.
Sus camellos fueron atacados inesperadamente y hurtados; los siervos muertos.
Sus diez hijos perecieron en un solo día en un aparente tornado.
Su salud desapareció.
El apoyo de su esposa se esfumó.
La confianza de sus amigos se tornó en acusaciones.
Foto cortesía de ian-stauffer@Unsplash.com
El capítulo 29 de Job nos describe que en medio de su angustia y profundo dolor Job meditó en lo que Dios había hecho por él. Aunque ahora se hallaba en el valle de la desolación, recordó que Dios lo había llevado antes al pináculo de la montaña. Apreció la bondad y la misericordia divina cuando enumeró sus bendiciones, entre ellas:
Protección divina
Iluminación celestial
Compañía de Dios
Numerosa familia carnal
Abundancia y prosperidad material
Respeto como abogado y juez
Admiración de parte de jóvenes y ancianos
Honra y fortaleza
Atención a sus palabras
Liderazgo eficiente
Su testimonio bien puede resumirse en ésta declaración: Los oídos que me oían me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían me daban testimonio, (Job 29:11).
¿Estás viviendo momentos de aflicción y duras pruebas? Bien dijo el salmista: Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos ( Salmos 77:12). En medio de las adversidades conviene recordar las bendiciones divinas. Siendo que Dios no cambia podemos confiar en su fidelidad y recibir aliento a pesar del presente momento incierto. Recuerda lo que Dios hizo por ti y espera en su gracia la bendición de Jehová.
“…La oración eficaz del justo puede mucho” ( Santiago 5:16).
La oración intercesora de quien confía en Dios, es eficaz. Dios obra milagros cada día a través de la oración. Sin embargo, en momentos de tanto dolor que vive la humanidad, en medio de tantos que hoy sufren la pérdida de la salud, la pérdida de seres queridos, la pérdida del sustento, la pérdida de techo, la pérdida de la esperanza, la fe y otras cosas esenciales, vale la pena reflexionar en qué más, además de orar unos por otros, podemos hacer.
Dios se hizo carne
Para traer vida, esperanza, paz y sanidad y salvación Dios se hizo carne. Emanuel, Dios con nosotros, vino a darse a conocer. Caminó el camino de la pobreza, conoció persecución, rechazo, violencia y la necesidad extrema. Padeció hambre y sed, vivió sin un lugar que llamar propio, dependió de una mano amiga para calmar su sed, y sufrió en su cuerpo nuestras enfermedades y sufrimientos.
Foto cortesía de Rhodi Alers de López
HOY Emanuel se hace presente
-A través de una mano amiga, un abrazo, un apretón
-A través de una llamada para saber cómo estás
-A través de un mensaje diciendo: “Estoy orando por ti”.
-A través de un plato de comida para el débil o el enfermo
-A través de una mano bondadosa que te trae alguna provisión
-A través de una voz que dice: “Cobra aliento, Dios está contigo.”
-A través de quien hace una llamada cuando tú no tienes voz para hacerla.
-A través de una postal que te arranca una sonrisa
-A través de tu presencia física o virtual
-A través de una promesa que te ayuda a seguir adelante
-A través de la disposición de otros ayudar en lo que sea necesario
-A través de un contacto de interés en tu bienestar
-A través de un himno, un video que te lleva a fortalecer tu fe
-A través de un oído atento que escucha tu desahogo
-A través de detalles sencillos y gestos sinceros de solidaridad con el sufriente
-Sí, también a través de la oración intercesora Dios ministra cada momento a vidas y corazones con todo tipo de necesidad.
¿Pueden otros en tu entorno decir por tus acciones: “Dios está aquí”?
El tiempo en que vivimos presenta desafíos nunca antes imaginados. La maldad crece exponencialmente. La salud se ve constantemente amenazada. La coerción está a la orden del día. La sociedad se impone a toda velocidad con su agenda sin Dios a “conducir” a la humanidad. Los medios informativos ya no son lo que aparentan. Los líderes prometen, pero se comprometen; y no con Dios. A los obreros de toda rama se les priva del sustento si deciden a favor de su conciencia. Aumentan las prohibiciones, y hasta a los padres se les restringe de dar a sus hijos la crianza que el cielo aprueba. Los jóvenes buscan sentido a la vida y forjar su propia senda, yendo tras “héroes y heroínas” corrompidos, porque se inclinan ante el maligno que les ofrece fama y brillo.
Los padres que reconocen su responsabilidad divina tiemblan ante la noción de hijos que parecen hipnotizados con las atracciones del día a día sin Dios. La maldad, el engaño, el dolor y el terror dominan el panorama, y los padres de familia se preguntan: ¿A dónde terminarán los nuestros? ¿Será que el cielo está obsoleto en la mente y en la memoria de (inclusive) nuestra extirpe?
Padre, madre, y tú, hermano y amigo intercesor:
¿Qué caro anhelo guarda tu corazón? Llévalo hoy a Dios en oración. La mano de Jehová no se ha acortado. Todavía obra a favor de la humanidad. Su oído escucha y no debes cesar en tu intercesión hasta ver la salvación de cada uno en tu lista hecha santa realidad.
Foto por Rhodi Alers de López
Dios es fiel. Él premiará la fe y sincera confianza en su Palabra de quien se humilla en su presencia. Clama con insistencia. Únete con otros en tan amoroso ruego. Si con humilde y ferviente persistencia imploras, escuchará, obrará y contestará tu ruego, que es también la plegaria de Cristo. No te rindas, Dios sigue obrando y salvando.