If ye then, being evil, know how to give good gifts unto your children: how much more shall your heavenly Father give the Holy Spirit to them that ask him?
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? Lucas 11:13.
Cuando un miembro de la familia, o un miembro de nuestro círculo de apreciados amigos se aleja, deja un vacío notable que nos hace sentir incompletos y afecta nuestros más profundos sentimientos y pensamientos. Cristo enseñó y mostró que ello necesita también afectar nuestras decisiones y acciones.
¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
La pregunta de Cristo en ésta porción de las Escrituras es en sí una respuesta. Él, como buen pastor, se preocupa por cada oveja. Él sabe cuántas ovejas tiene. No puede seguir con su rutina diaria si le falta una de sus ovejas. Si ve que alguna se perdió o quedó atrás, no confía la obra a extraños, con muy poco o ningún genuino interés. Corre a buscarla con intenso afán por su bienestar. Él mismo expone su vida a muchos peligros, y aún a la muerte; pero no cesará su búsqueda hasta encontrar la oveja extraviada.
Lucas 15: 1-7 representa esperanza para cada intercesor, familia y congregación. Cristo está mucho más interesado en la salvación de esa persona por quien estás orando que tú mismo. No dejes a otros la responsabilidad de interceder. Ora con la seguridad de que estás colaborando con Cristo en la salvación de la oveja extraviada y que, él mismo quiere salvar… porque él murió para salvarla.
Jesús no nos presenta el cuadro de un pastor apesadumbrado que regresa sin la oveja perdida. En esto tenemos la garantía de que ni una sola oveja apartada del redil del Padre es pasada por alto. A ninguna se la deja sin ayuda. A todos los que quieran ser redimidos, el Salvador los rescatará del dominio del pecado.
El corazón del hombre piensa su camino: mas el Señor endereza sus pasos.”
Proverbios 16:9
¿Eres madre o padre, tal vez, abuelo o abuela?
¿Alguna vez mientras criabas suspiraste por ese momento cuando tus hijos aprendieran a caminar? Es un deseo natural e inofensivo. Si tuviste varios pequeñines a la vez apreciaste el no tener que cargarlos a todos a la vez.
Sin embargo, cada etapa de la vida debe disfrutarse. Cada etapa tiene sus desafíos, sus ventajas y desventajas, tanto para ellos como para sus progenitores.
Mientras estaban pequeños, les tomábamos de la mano y los encaminábamos a donde estuvieran seguros, a nuestro lado. Mientras más crecen, más independientes son. Se independizan de sus padres, de su familia, y hasta de su círculo de influencia. La palabra de Dios asevera que también los hombres buscan su propio camino y se independizan de Dios. Sin embargo, esta aseveración viene seguida de una maravillosa verdad que conviene recordar: “El Señor endereza sus pasos.”
Foto por Rhodi Lopez @Unsplash.com
¿Cómo guía Dios y endereza los pasos torcidos o desviados de su propósito para traerlos de vuelta a su voluntad para con cada uno?
Algunas formas que Dios usa son:
Instrucción paternal-Los padres y madres somos responsables ante Dios por la instrucción que damos a nuestros hijos y las bases sobre las cuales asentamos sus pies. (Ver Proverbios 22:6)
Las Escrituras-Es la Palabra de Dios la que nos revela su voluntad. Ella nos enseña, nos corrige, por su intermedio nos habla Dios como si fuera al oído y al corazón. (Ver Juan 5:39)
El Espíritu Santo -El Espíritu Santo inquieta nuestras vidas y guía a toda la verdad. (Ver Juan 16:13)
Amonestaciones-A través de amonestaciones Dios obra para que veamos nuestra necesidad de él y de su gracia. Cuando el rey David pecó deliberadamente, Dios envió al profeta Natán con un mensaje que le hizo ver su condición y necesidad de arrepentimiento. (Ver 2 Samuel 12:1) Lea toda la historia en 2 Samuel 11-12.
Su benignidad-Por su misiericordia, de pura gracia, Dios nos guía al arrepentimiento. ¡Oh, qué amor inmensurable! (Ver Romanos 2:4).
La intercesión -En diversos casos y recuentos de los evangelios y del Antiguo Testamento vemos testimonios de quienes intercedieron ante Dios por otros y Dios obró con gran misericordia. Hoy todavía Dios obra en respuesta a la intercesión. (Ver Mateo 17:15).
Experiencias diversas-En cada caso de un padre o madre que vino a Cristo pidiendo por su hijo, Dios obró para traer a ese padre o madre a los pies de Cristo. En ocasiones Dios permite diversas experiencias difíciles, porque esa es la forma como reconoceremos nuestra necesidad de él. Su propósito es fomentar la salud espiritual y salvar. Así también Dios puede permitir alguna experiencia difícil a los hijos o a aquél que no ha decidido por Jesús, para que se dé cuenta de su necesidad del único y suficiente Salvador, Cristo Jesús.
Me hallaba absorta en mi estudio, cuando de pronto, me detuve y miré a mi celular:
—“Mamá falleció hoy…”, —decía la noticia.
No puedo explicar lo que sentí. La nota no se refería a mi madre, sino a otra valiente y esforzada guerrera de oración. Descansó en sábado. Dios cumplió en ella su propósito y dejó un legado digno de imitar. Alabamos a Dios por ello.
A todos nos aconsejó tiernamente, como una buena madre suele hacerlo. Era mi hermana en Cristo, mi amiga, compañera de oración. ¡Cuántas veces estuvimos únicamente las dos en la línea, orando por el propósito divino para el Ministerio, para nuestras vidas, y el de nuestras familias!
¡Por años oró y nos motivó a orar por sus hijas! Dios le concedió el anhelo de su corazón y la alegría de verlas regresar. Volvieron al redil sus ovejas… menos una. Por esa hija nos unimos todos los integrantes en oración constante. Pasaron años de lágrimas y ruegos… La hija, por decisión propia, alejada totalmente del núcleo familiar, endureció su corazón. El consejo divino dice:
“Entre tanto que se dice:
Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación” –Hebreos 3:15.
Esta madre enfermó severamente. Aun así sólo aumentó su deseo y su ruego a Dios para que la oveja descarriada regresara a casa. Con lágrimas y ruegos oramos para que al menos se comunicara con su débil madre. No sucedió. Llegó la hora final. El tiempo se acabó. Su madre descansó en Cristo sin escuchar la voz de su hija, ni recibir noticia suya alguna. Me parte el corazón pensar en cuánto sufrió su tierno corazón de madre. ¿Qué lleva a un hijo a endurecer su corazón de manera tal que rechace la tierna solicitud de su madre? ¿Cómo mira Dios esa actitud? ¡Oh, Señor, ten misericordia e inquieta su corazón, para que se arrepienta y regrese a tus caminos, y a la armonía familiar!
Lo importante es: ¿Dónde estás tú hoy, amigo, amiga? ¿Aceptaste la invitación de Dios para venir a su presencia arrepentido? ¿Acaso no le oyes llamar? La hora final llegará sin antes anunciarse. La gracia de Dios puede terminar en cualquier momento. No permitas que la hora final te encuentre lejos de la presencia de Dios, el Padre. Responde hoy mismo a su llamado.
Ella es una mujer que ama a Dios y a sus semejantes. Ama a su familia y lo demuestra cada día con su tiempo, su esfuerzo, sus detalles y sus palabras de aliento. Es una hija dedicada, una madre ejemplar, una esposa fiel, y una empleada eficiente. Es una incansable y perseverante guerrera de oración y una amiga confiable.
Grisel está hoy celebrando un año más de vida. Hoy te invito a elevar una oración a Dios por ella.
OREMOS:
Padre celestial, gracias por el privilegio de conocer a Grisel. Gracias por su vida, por su amor a ti, que es evidente en todo lo que hace. Gracias por su influencia, por su corazón compasivo y por su interés en el bienestar de otros. Suplico hoy tu bendición especial para su vida. Tú conoces sus anhelos, sus alegrías, y también sus desafíos y necesidades. Llénala de tu Santo Espíritu y cumple en ella y a través suyo, tu propósito para su vida. Permite que ella siempre dependa de ti, y que su relación con Cristo aliente e inspire a otros a una relación de fe con Cristo como Salvador personal. Dale hoy la bendición que tú tienes para ella. Permite que sea renovada en tu presencia y que su fe crezca cada día más. Bendice también a cada miembro de su familia y dale la alegría de que se preparen para el reino de los cielos. Gracias, Padre, por Grisel, y gracias por concederle tu bendición. En el nombre de Jesús, Amén.
No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.
Gracias, amante Padre celestial, por amarme tanto, que me escogiste a mí, aunque no lo merezco. Hoy te alabo por tal privilegio. Con humildad, te agradezco por tener tan específico y elevado propósito para mí: Ayúdame a llevar el fruto del Espíritu Santo, y que éste perdure, para que mis ruegos sean contestados, por los méritos de Cristo, y para la gloria de tu nombre. En el nombre de Jesús, Amén.