The Lord bless you and keep you; the Lord make his face to shine upon you and be gracious to you;the Lord lift up his countenance upon you and give you peace- Numbers 6:24-26, ESV.
No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.
Gracias, amante Padre celestial, por amarme tanto, que me escogiste a mí, aunque no lo merezco. Hoy te alabo por tal privilegio. Con humildad, te agradezco por tener tan específico y elevado propósito para mí: Ayúdame a llevar el fruto del Espíritu Santo, y que éste perdure, para que mis ruegos sean contestados, por los méritos de Cristo, y para la gloria de tu nombre. En el nombre de Jesús, Amén.
Gracias, Padre celestial, por escucharnos tan atentamente aun en esos difíciles momentos cuando no podemos expresarlos abiertamente. Te alabamos por tu amor, tu tierno cuidado y tu disposición para obrar en nuestra necesidad. Ayúdanos a ser más como tú. En el nombre de Jesús, Amén.
Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno.
¿Te has preguntado cuándo es el mejor momento para sembrar? Los agricultores de experiencia conocen que los ciclos de la luna afectan la siembra y sus resultados. De acuerdo al ciclo lunar, escogen el mejor momento para la siembra, para la mejor probabilidad de resultados positivos.
¿Cuándo es el mejor momento de sembrar la Palabra de Dios? Nuestra referencia bíblica nos recuerda que tanto en la mañana como en la tarde, (los momentos cuando la familia está reunida) son oportunidades idóneas para sembrar. ¿Cómo se aprovecha el tiempo del culto matutino y vespertino en tu hogar? Es tarea, responsabilidad y privilegio de cada padre, madre sembrar en sus hijos la semilla de la fe en Cristo Jesús. Por el estudio diligente y consecuente, las lecciones de la naturaleza, la oración, culto familiar diario, etc., sembramos para la eternidad.
De la parábola del sembrador obtenemos lecciones importantes:
Sembrar es una obra intencional, no casual.
El terreno requiere preparación con un testimonio positivo, una vida consecuente, al atender las necesidades físicas, etc.
La semilla de la Palabra de Dios se comparte con todos y en todo terreno.
Sembramos únicamente lo que hemos experimentado. Nadie puede sembrar lo que no tiene. Nuestro testimonio personal de comunión con Dios es de suma importancia. 1 Juan 1:3, dice: “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.“
La parábola del sembrador también pone de manifiesto el efecto del suelo sobre la semilla. O sea, la respuesta del corazón en el cual se siembra la semilla. ¿Cómo trata el oyente la semilla? ¿La aprecia, la valora, le da lugar propicio para su crecimiento?
Foto por Aaron Burden @Unsplash.com
¿Sabías que la siembra es una obra de fe? El sembrador no tiene control ni de la semilla ni de la reacción del terreno donde cae la semilla. Tampoco tiene control sobre el clima y los elementos de la naturaleza. Siembra confiando en:
Que la semilla tiene en sí misma la capacidad que Dios puso en ella de germinar y producir.
Que el terreno será propicio y responderá favorablemente y permitirá a la semilla el proceso correspondiente para su desarrollo adecuado.
Que Dios enviará lluvia y sol necesarios para el desarrollo.
En su debido tiempo, cosechará.
No tenemos control de nada, excepto de qué y cuándo sembraremos. Cada oración, cada porción bíblica compartida, cada mensajito, cada recordativo de las cosas eternas es una semilla de fe. Solo Dios produce el crecimiento cuando el terreno asimila la obra del Espíritu Santo. No dejes de orar, no dejes de compartir, no dejes de sembrar, ni de motivar a otros con tu testimonio silente.
Cada oración ferviente elevada con fe por algo recibirá respuesta. Notas Biográficas de EW 228.3
Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada (Santiago 1:5).
¿Alguna vez pediste a alguien que compartiera alguna información o conocimiento contigo solo para quedar chasqueado? Muchos se sienten intimidados por un pedido tal, pues buscan sobresalir y prefieren no compartir lo que saben.
Dios anhela tu éxito más que tú mismo. Su deseo es tal que promete dar de su sabiduría sin restricción a todo aquel que reconoce su necesidad y que tome el tiempo para ir ante él y pedirla.
Cuando pidáis a Dios que os ayude, honrad a vuestro Salvador creyendo que recibís su bendición. Todo poder y toda sabiduría están a nuestra disposición. No tenemos más que pedir. EGW, Ministerio de Curación, p. 412
Acude a él con la seguridad de que su respuesta llegará cual dulce bendición.
Whoever has my commandments and keeps them, he it is who loves me. And he who loves me will be loved by my Father, and I will love him andmanifest myself to him” (John 14:21).